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Al moroso profesional le delata su buena presencia

El perfil del deudor es el de un varón de entre 35 y 55 años

Suelen ser empresarios emprendedores y profesionales liberales de mediana edad, con varias marcas comerciales o varios negocios paralelos, sin propiedades a su nombre y con un aspecto externo muy cuidado. Al fin y al cabo, fachada es lo que tienen, porque detrás no hay nada. Son los morosos profesionales, una parte importante, aunque no la única, del mapa de la morosidad en España.

En conjunto, la morosidad alcanzó en 2006 un valor de 15.219 millones de euros según los datos del Banco de España recogidos en el estudio Morosidad en España que acaba de elaborar la empresa Serficoin. A la hora de analizar quiénes son sus protagonistas, hay que distinguir, por un lado, a las empresas y, por otro, a las familias. Ambos polos tienen unos niveles de endeudamiento similares (sobre los 800.000 millones de euros), pero es dentro de las empresas donde más se da el moroso profesional. Barcelona y Madrid albergan el 35% de la morosidad.

Dentro de las empresas, el sector de la construcción es el más afectado. Como aclaran los expertos de Serficoin, el profesional de los impagos en este sector se caracteriza no sólo por no tener nada a su nombre susceptible de ser embargado, sino por planifica su estrategia de antemano y siempre en operaciones de medio y alto importe.

Otro sector donde se ceba la morosidad es el de la alimentación y la distribución. Pero aquí, más que el impago, lo que ocurre es que hipermercados y supermercados pagan a sus proveedores con una demora media de entre 82 y 85 días (cuando no de dos años), frente a los 60 días que marca la ley. Según los responsables de Serficoin, en este ámbito, la cultura española tiende a identificar el retraso intencionado de los pagos con una buena gestión empresarial. Algo que quizá se podría solucionar de la mano de los códigos de buenas prácticas empresariales.

Dentro de las familias, la morosidad tiene la peculiaridad de estar ligada a los préstamos para la compra de vivienda, lo que hace que los impagos carezcan de esas notas que caracterizan al deudor premeditado.

De cara a prevenir todo tipo de situaciones, el director del Centro de Estudios de Morosología de la Escuela de Administración de Empresas de Barcelona, Pere J. Branchfeld, enumera una serie de señales de alarma. Así, por ejemplo, los departamentos de riesgos deberían estar muy vigilantes frente a quienes realizan peticiones continuas de renovaciones o aplazamientos de las deudas, a quienes practican devoluciones de mercancías sin motivos, a quienes cambian continuamente de entidad bancaria o a los que se ofrecen a renovar las deudas mediante la entrega de pagarés o letras con vencimientos muy tardíos.

Una vez detectado al moroso, los expertos señalan que el éxito del cobro va a depender de saber negociar y, sobre todo, de iniciar cuanto antes y con firmeza la gestión de cobro. Según Branchfeld, no hay que tener miedo a deteriorar las relaciones con un cliente por el hecho de reclamar el cobro, pero también hay que tener en cuenta que conviene personalizar la gestión de cada impagado adaptándose a su perfil. El proceso de reclamación debe empezar de forma amistosa, para ir aumentando la presión gradualmente si a medida que pasa el tiempo el deudor no satisface el pago.

Diez días para salir de un registro de deudores

Entrar es fácil, pero salir... también, siempre que se pague la deuda, claro. En España hay unas 130 compañías y entidades que elaboran registros sobre impagos. Entre los más importantes figuran los de las entidades financieras como el RAI (Registro de Aceptaciones Impagadas), el Asnef-Equifax de la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito y el Centro de Cooperación Interbancaria (CCI).

Para incluir a una persona en un registro es necesario que, además de tener una deuda impagada, se le haya reclamado el pago sin resultado y, por último, que no exista ningún documento que contradiga lo anterior. Con esto, el acreedor se dirige al registro donde se identifica él mismo y al deudor y el responsable del fichero comunica al afectado por escrito su inclusión en un plazo máximo de 30 días. Este plazo es para muchos muy amplio ya que, de conocer antes este hecho, el deudor quizá pagara antes o, en su caso, acreditara antes que la deuda no es tal.

Para darse de baja hay que demostrar con cualquier prueba que la deuda no existe (porque ya está pagada, por ejemplo) y enviar un comunicado al responsable del fichero en este sentido. En diez días, éste debe borrar los datos del moroso y le enviará una notificación. Si pasa el plazo sin saber nada o su petición se rechaza, el deudor puede reclamar en la Agencia de Protección de Datos