COLUMNA

Crecimiento y productividad

Detrás del menor crecimiento de Europa que en EE UU está el escaso aumento de la productividad, según la autora. En su opinión, esto se debe a la poca flexibilidad de las economías europeas para abordar fácilmente las reformas, pero también a la falta de apertura de sectores a la competencia, entre los que destaca el energético

El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Tritchet, ha señalado que los factores que se encuentran detrás del menor crecimiento económico en Europa en comparación con Estados Unidos son el escaso aumento de la productividad, la utilización del factor trabajo y la tendencia demográfica. Las soluciones vienen de la mano de las reformas estructurales, pero estas políticas no son de fácil aplicación porque requieren tiempo e implican modificaciones en el statu quo de los sectores involucrados.

A pesar del aumento reciente en la utilización del factor trabajo en Europa, la tasa de empleo en la zona euro aún es baja en comparación con otras áreas, por ejemplo un 64,5% en 2006 en comparación con un 72% en EE UU en el mismo periodo. Además, destaca el hecho de que las diferencias son más acusadas en ciertos grupos, como los jóvenes cuya tasa de empleo en la zona euro es un 37,1%, frente a un 54,2% en EE UU, o la población mayor en la que las tasas son del 41,7% y 61,8% respectivamente.

Hay que señalar que el factor trabajo afecta negativamente a la economía europea también porque ésta se caracteriza por un menor crecimiento demográfico y un mayor ritmo de envejecimiento. El resultado es que la población en edad de trabajar creció entre 1996 y 2006 un 0,3% anualmente en la zona euro en comparación con un 1,4% en EE UU.

Para solucionar el grado diferente de utilización del factor trabajo hacen falta medidas que estimulen la oferta de trabajo y su demanda, que van desde medidas fiscales o de flexibilidad laboral. No obstante, también en este punto hace falta una vigilancia de la aplicación de las regulaciones porque a veces se combinan rigideces legales y permisividad con situaciones irregulares como el trabajo sumergido de trabajadores inmigrantes. Esta situación es negativa desde el punto de vista del crecimiento económico y de la justicia social, ya que aumenta la brecha entre tipos de trabajadores y perpetúa modelos de crecimiento basados en trabajo sin cualificación.

Un segundo factor que explica la diferencia de crecimiento Europa-Estados Unidos es el comportamiento de la productividad. Aunque en periodos pasados la economía europea ha disfrutado de un mayor crecimiento de su productividad en comparación con la economía americana, esta situación ha cambiado desde la mitad de los años noventa y desde entonces hasta la actualidad el ritmo de aumento de la productividad de EE UU ha sido casi el doble que en la zona euro. La diferencia es aún mayor en algunos sectores como los de comercio o el financiero. En el primero, la productividad en la zona euro ha desacelerado su ritmo a la mitad mientras que EE UU lo ha duplicado en la última década. Y en el sector financiero la productividad en EE UU se ha acelerado hasta ser cuatro veces mayor que la de la zona euro. Entre las razones que pueden estar influyendo en este comportamiento dispar se encuentra la participación de trabajadores sin cualificación en el área euro y, por otro lado, el mayor aprovechamiento de las nuevas tecnologías de información en EE UU. Para que se produzca un cambio en esta situación hacen falta cambios estructurales en las economías para adaptarse a las transformaciones tecnológicas. Las economías europeas acusan una falta de flexibilidad para abordar fácilmente las reformas y ello puede ser atribuido en gran medida a rigideces legales, por ejemplo, en el empleo, pero también a la falta de apertura de sectores a la competencia entre los que destacan el energético.

En este punto, parece que las autoridades europeas tienen expectativas de que la puesta en marcha de la Directiva de Servicios contribuya a estimular la competencia. No obstante, en este punto se vuelve a señalar que es importante la supervisión del respeto a las normativas y que hay camino a recorrer, tanto a nivel nacional como europeo para que las normas se traduzcan en modificaciones de situaciones no deseadas.

Las infracciones al libre movimiento de servicios son numerosas y no se puede decir que los países grandes (como Alemania, Francia, Italia o España) tengan un comportamiento ejemplarizante. La conclusión es que el estímulo de la productividad en imprescindible para el crecimiento económico, y que depende de medidas estructurales que introduzca competencia, no sólo en el mercado laboral, sino en productos y en especial servicios. En la medida que esto implica que ciertos sectores vean reducidos ciertos privilegios, los cambios no serán sencillos. Hacen falta normas desreguladoras, vigilancia de su cumplimiento y cambio de actitud con el convencimiento que de que sustituir el ámbito nacional por el europeo supone beneficios netos para los consumidores.

Nieves García-Santos. Economista