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La desconfianza atrapa a la banca a contrapié

Las entidades apostaban por un fuerte crecimiento a costa de un riesgo que ha levantado el temor entre los inversores

La agresiva estrategia de los bancos con los créditos de alto riesgo ha topado con la huida de los inversores. 'Para evitar la colisión, los bancos deben rectificar', advierte Katu Mukuru, analista de Citigroup. Contra pronóstico, el mercado se ha revelado más cauto que las entidades bancarias y ante los impagos en hipotecas de alto riesgo de EE UU, ha buscado refugio, huyendo de estos y otros activos que, de un día para otro, pasaron a considerarse peligrosos -se llegó a utilizar el término 'radiactivo'-. Una corrección brusca que ha cogido a la banca con el pie cambiado. 'El efecto subprime no generará una crisis por si sólo, pero es una advertencia, un aviso a que el entorno operativo de los bancos relativo a los créditos, hipotecas y titulizaciones debe corregirse', matiza Mukuru.

El carcomido mercado hipotecario estadounidense ha descubierto al inversor que no tenía suficiente suelo bajo los pies. 'Es lo mejor que podría pasar, que la demanda obligue a rebajar una oferta crediticia exagerada antes de llegar a una especie de aterrizaje forzoso', remarca el analista de un banco español. Un aterrizaje que nadie sabe si se ha producido o todavía está por llegar. 'Nadie sabe que puede pasar, no hay forma de saber que entidades están expuestas a los créditos basura', reconoce una analista portuguesa.

Las subprime han sido el último invento de la embrollada ingeniería financiera. Han permitido extender el mercado crediticio más allá de los inconvenientes de solvencia a través de la titulización de hipotecas de alto riesgo y de la dilución de éstas a través de la mezcla con activos de mayor calidad. La clásica estrategia de mezclar buen y mal vino permitió el crecimiento del sector, pero ha disparado la aversión al riesgo cuando el mercado cambia de perfil. Así, desentrañar la maraña de créditos basura es una quimera. 'Sólo con el tiempo podrá verse que productos son fiables y cuáles no'. El aterrizaje, coinciden los analistas, queda en manos de los bancos, que están revaluando las primas de crédito y de los activos de mayor riesgo, sin acabar de renunciar a él.

'Ahora todo tendrá que revisarse', estima un analista español. Beneficios temerarios o seguridad, el sector bancario se enfrenta a una transición bajo signos convulsos. De la reacción que adopten ante las inquietudes dependerá que la sacudida purgue el segmento de alto riesgo o adquiera envergadura como para lastrar el resto de la actividad económica.

En este sentido, la subida de tipos en el mercado interbancario, derivada de la reticencia de algunos bancos a prestarse dinero, bateó el equilibrio bursátil, desató miedos justificados y forzó la intervención de los bancos centrales. Ahora las Bolsas, pese a la transfusión de liquidez, se mueven con los nervios a flor de piel.

'El problema viene de una oferta cegada por un crecimiento exagerado', apunta otro analista. La sofisticación financiera creció fascinada por unos beneficios cada vez más abultados. Pero la corrección crediticia, si no va a más, no sería excesivamente lesiva para el balance de los bancos. 'Se trata de proyectar un crecimiento más acorde a la realidad. Si emites menos titulaciones, crecerás menos, aunque no guste a los accionistas. Pero al crecer menos, necesitas menos titulaciones' indica Ulargui, analista de ING. Un menor ritmo de crecimiento no implica crisis, 'siempre que se maneje bien'.

Las próximas semanas aclararán hasta qué punto las entidades bancarias han estado jugando con fuego. Las hipotecas basura, que representan cerca del 15% del mercado estadounidense con un tipo de interés que se sitúa ahora en el 17%, han generado una aprensión que dificulta una respuesta coherente. 'No se ha contagiado la crisis, se contagia la desconfianza', puntualiza Ulargui. El crecimiento de la economía financiera es, además, unas diez veces superior al de la real. 'Sin economía real... ¿sobre qué se asienta la economía financiera?', corrobora otro analista. La falta de liquidez es ahora el principal reto de los bancos, que pueden verse atrapados en sus operaciones de alto riesgo. 'Hay que abrir los ojos: el mercado crediticio ha hablado suficiente. Hay que rectificar'.

Una ligera rectificación ya estaba en camino. El 51,3% de las entidades que ofrecen hipotecas subprime en EE UU manifestó en junio haber apretado las condiciones para otorgar dichos préstamos. Tres de cada diez lo hicieron considerablemente, según el BBVA. Pero los últimos acontecimientos, obligan a la banca a acelerar los cambios 'La transición habría sido más sosegada si no se hubiera forzado la máquina' estima Joseph Champion, analista de Dresdner Kleinwort. 'Ahora la huida puede causar algún destrozo'. El paso de apetencia por el riesgo a un escenario con aversión al peligro puede dejar a alguna entidad en el aire, suspendida. Sin liquidez que la sujete.

El banco rescatado de la quiebra

El Banco de Industria alemán IKB, entre cuyos accionistas destaca el Estado alemán, sería ya el primer cadáver europeo por el efecto subprime de no ser por un rescate generalizado. Tras reconocer que podría perder el 20% de sus ingresos, unos 17.500 millones de euros, el grupo bancario estatal KW y la Federación de Bancos Alemanes aprobaron una línea de créditos para sostener a la entidad, especializada en la financiación de pymes. El miedo a un posible efecto dominó motivó las entidades a salvar al banco de la quiebra.

El IKB encarna el modelo de como la crisis puede acabar tumbando a las entidades bancarias. Atraído por una mayor rentabilidad, el banco invirtió en bonos vinculados a hipotecas subprime que no pudo colocar entre los inversores. æpermil;stos, alertados por el descalabro de fondos hipotecarios de alto riesgo, prefirió no entrar en estos productos. Y el banco tuvo que cargar con la deuda.

La entidad ha aguantado el golpe gracias a los créditos, pero sigue levantando dudas de los inversores. Su valor en Bolsa se ha desplomado cerca de un 51% desde el pasado 30 de julio.

Crédito para salvar al crédito

Bear Stearns, la poderosa banca de inversión, desveló en junio pasado que dos de sus fondos de alto riesgo estaban al borde de ser liquidados. Las apuestas erróneas sobre bonos que respaldaban hipotecas subprime hizo acumular unas pérdidas superiores a los 1.300 millones de dólares. Los fondos fueron rescatados en el último momento por un consorcio de bancos de inversión, para evitar males mayores. La liquidación de los CDO hubiera desplomado los precios de las CDO -ahora, simplemente, no se negocian- , obligando a otros inversores a utilizar estos nuevos precios y reconocer las pérdidas en sus balances. Los dos fondos llegaron a gestionar una cartera valorada en 20.000 millones de dólares.

El crédito acudió en rescate del crédito, pero el círculo vicioso destapó las sospechas sobre la inviabilidad del mercado subprime.

Acto seguido, la agencia de calificación financiera S&P bajó la perspectiva de la deuda del banco de inversiones Bear Stearns de estable a negativa. El resto de la historia se está escribiendo ahora.

Y la crisis golpeó a la Bolsa

Todo tipo de inversores (bancos, fondos de inversión, hedge funds y compañías de seguros) han estado comprando los llamados CDO: riesgo hipotecario de baja calidad que ahora está resultando impagado. Los CDO no tienen una cotización oficial, por lo que se han estado valorando con cálculos financieros hechos por ellos mismos. El problema, por tanto, sólo emerge cuando los clientes asustados quieren recuperar su dinero, y para ello hay que vender los CDO. Pero ya no los quiere nadie. En ese caso, hay que liquidar el fondo y reconocer pérdidas. A las Bolsas, además de por el encarecimiento del crédito, le llegan las pérdidas porque, si se necesita liquidez y no se puede vender un CDO, se venden las acciones que cotizan en ellas.