TRIBUNA

El combate entre las ideas

La confrontación entre capitalismo y socialismo ha marcado, según el autor, la historia del mundo moderno. Pero, constatado, en su opinión, el fracaso de la experiencia del socialismo real, en la actualidad sus ideas siguen plantando batalla a los centros neurálgicos de la sociedad capitalista.

Desde que el hombre existe, es consustancial al desarrollo de la humanidad la contraposición entre las ideas. Las ideas confrontadas han variado en el tiempo, pero indudablemente la confrontación que ha marcado la historia reciente del mundo es el debate entre capitalismo y socialismo.

En efecto, desde que Marx diseñó una concepción global alternativa a la configurada por los pensadores de la Ilustración, las ideas socialistas han planteado respuestas y recetas confrontadas abiertamente a las ideas capitalistas, confrontación sobre la que existe un auténtico tesoro en la literatura universal.

Acudiendo a las raíces, ¿acertaba Adam Smith cuando pensaba que el interés individual era el factor que dinamizaba la evolución del mundo hacia un futuro mejor, o estaba en lo cierto el Che Guevara pronosticando que el 'hombre nuevo' y su espíritu desprendido determinaría el tránsito de la humanidad hacia un estadio más confortable?

La divergencia se traslada a la praxis. Según las ideas capitalistas, favorecer el interés individual acaba favoreciendo el interés general. Así, han defendido la libertad de empresa, el beneficio o la acumulación como motores del progreso. Las ideas socialistas obvian el paso intermedio -el interés individual- y han apostado por favorecer directamente al Estado, defendiendo la planificación, la colectivización o los sistemas fiscales cuasi confiscatorios.

Las ideas capitalistas creen que el progreso consiste en alcanzar mejoras globales que se traducirán en mejoras individuales generalizadas. Las ideas socialistas creen que el progreso consiste en modificar el reparto -para que unos mejoren, otros deben empeorar-.

Expresado en términos de la moderna Teoría de la Negociación y Cooperación, las ideas capitalistas inducen al hombre a crear valor -la actividad económica libre hace crecer la riqueza y el bienestar de las naciones y, con ello, la riqueza y el bienestar de los individuos-. Por su parte, las ideas socialistas, al considerar que el aumento del bienestar exige cambios en el reparto, empujan al hombre a reclamar valor -lucha sindical en la empresa, lucha de clases en la sociedad, lucha entre países pobres y ricos en el mundo-.

Con base en sus premisas, las ideas socialistas han realizado múltiples predicciones. La principal era que el capitalismo caería víctima de sus propias contradicciones. Sin embargo, transcurridos 90 años desde la Revolución de Octubre, se ha constatado fehacientemente el fracaso de las ideas socialistas, fracaso que quedó certificado con la liquidación de la experiencia del socialismo real. Un economista partícipe de las ideas socialistas, Heilbroner, lo confesó en 1989 cuando, ante los cambios que se operaban en la extinta URSS, sus países satélites y China, reconoció que 'estamos ante la prueba más clara de que el capitalismo organiza más satisfactoriamente los asuntos materiales de la humanidad que el socialismo'.

Pese a su derrota global, los agentes de las ideas socialistas se comportan como el militar de la obra de Jean Cocteau cuyo epitafio dijo: 'Fue un gran luchador, nunca se rindió ante nadie ni ante nada, ni siquiera ante… ¡la evidencia!'.

Así, las ideas socialistas no han dejado de creer en la perversión innata del capitalismo, y en la actualidad siguen plantando batalla a las ideas capitalistas. Eso sí, la dimensión de su derrota les ha obligado a renunciar a sus planteamientos globales, orígenes teóricos, experiencia históricas, e incluso a su nombre, refugiándose en la guerra de guerrillas como nueva estrategia de combate.

Son múltiples los focos guerrilleros utilizados, pero todos tienen como característica común apuntar a los fundamentos que nuclean a las sociedades estructuradas sobre las ideas capitalistas.

Expondré varios ejemplos. La propiedad privada es un pilar básico de la organización social y económica de nuestras sociedades. Pues bien, el conjunto de corrientes que integran lo que se denominan movimientos antisistema se encargan de atacarla y sabotearla.

La energía nuclear constituye un elemento imprescindible para continuar el crecimiento económico que caracteriza a las economías capitalistas. Pues bien, el pensamiento antinuclear -degeneración primaria y sesgada del espíritu ecológico- intenta impedir o limitar su utilización.

Pero no son sólo atacados sus fundamentos económicos. También las bases culturales y morales de las sociedades organizadas sobre ideas capitalistas son objetivos guerrilleros.

Así, es evidente que el cristianismo representa un soporte cultural y moral de la sociedad occidental. Por ello, con la bandera del agnosticismo radical se intenta socavar las raíces cristianas de nuestra civilización.

A su vez, la familia es una institución básica en nuestra organización social -primer y principal hábitat para la formación de las personas-. La entronización, disfrazada de modernidad, de todo tipo de alternativas estrambóticas a la familia intenta devaluar la importante función que ésta cumple en nuestras sociedades.

De este modo, el ataque planificado y coordinado a los centros neurálgicos de la sociedad basada en las ideas capitalistas pretende relativizar su victoria sobre las ideas socialistas, ¿o tal vez revertirla?

Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer. Ex presidente de la SEPI, presidente de PAP Tecnos y consejero de Copisa