COLUMNA

Balance de un año económico favorable

Los últimos datos disponibles confirman la opinión según la cual 2006 será un año brillante para la economía española. Durante el tercer trimestre la actividad ha seguido acelerándose hasta una tasa del 3,8% interanual. Cabe, por lo tanto, confiar en que el cierre del ejercicio muestre un crecimiento medio del orden del 3,7%, apoyado sobre todo por la evolución tanto de la inversión en capital fijo como en la construcción, con un consumo privado algo más contenido y un saldo exterior que mantiene una aportación negativa -cercana al 1,2%- por la baja tanto de importaciones como de exportaciones.

Nuestro desequilibrio exterior sigue, desgraciadamente, creciendo y se refleja claramente en el déficit por cuenta corriente -en el que se observa tanto un incremento del déficit comercial como un retroceso del superávit por servicios-, con lo cual lo más probable es que el año cierre con un desequilibrio algo superior al 8% del PIB, lo cual nos coloca, para nuestra desgracia y preocupación, a la cabeza de todos los grandes países de la OCDE, incluido nada menos que EE UU.

Tan notable ritmo de actividad debía, como ha sucedido, dejar su huella en un aumento del empleo, si bien el ritmo de crecimiento durante el trimestre veraniego muestra una leve moderación. Habida cuenta de ese rasgo y de la evolución de la población activa el paro registrado ha descendido, situándose en el 8,1%, la tasa más baja observada desde 1979. Un dato que conviene retener es que, habida cuenta de los aumentos tanto de las rentas salariales como del consumo, el resultado más que probable sea una nueva caída de la tasa de ahorro de los hogares. Hay que felicitarse de que si bien la remuneración por asalariado se aceleró levemente, la mejora en la productividad ha permitido una suave aminoración de los costes laborales.

Nos encontramos de esta forma con una de las explicaciones de la pérdida de virulencia de la inflación que, medida por los precios al consumo, había alcanzado tasas del 4% en los siete primeros meses pero que gracias, sobre todo, al descenso experimentado en los precios de los productos energéticos desde primeros de agosto se ha situado en el 2,6%, de acuerdo a las primeras estimaciones del INE para noviembre. Esa tendencia se ve igualmente en el índice que recoge los componentes más estables del IPC que se sitúan en ritmos interanuales del 2,6% y también en que, de forma simultánea, el diferencial de inflación se ha reducido, bajando del 1% -el 0,8%, concretamente-.

En el escenario internacional la nota más destacada ha sido, sin duda, que el relativo estancamiento observado en las tasas de crecimiento de las economías americana y japonesa se ha compensado sobradamente no sólo por el vigor de los grandes gigantes asiáticos -China e India- sino, lo cual es relativamente nuevo, por el empuje de las economías europeas. En la UE la tasa interanual se situaba al finalizar el tercer trimestre en el 2,6%, acompañada por una inflación muy contenida.

No obstante todo ello los vivos ritmos de crecimiento alcanzados tanto por la cantidad de dinero como por el crédito, unido al temor de que la bonanza experimentada en el precio del petróleo no sea duradera y acabe por transmitir efectos alcistas a los precios al consumo, han pesado sobre el ánimo de los responsables del BCE que, muy recientemente, elevaron de nuevo un cuarto de punto su tipo mínimo de financiación.

De vuelta en España, destaca en este apartado que tanto la financiación concedida a los hogares como la encauzada a las empresas haya continuado creciendo a ritmos muy vivos. Si limitamos el comentario a lo sucedido con los primeros veremos que si bien en septiembre se mantuvo la ligera desaceleración de los préstamos para adquisición de vivienda, aun cuando es cierto que su avance interanual se mantiene en tasas cercanas al 22%, a la cual debe añadirse que a lo largo de 2006 su tipo de interés se ha incrementado hasta situarse en una media del 4,52%.

Estamos tocando uno de los puntos más sensibles de nuestra economía pues la combinación de un descenso ininterrumpido en la tasa de ahorro de las familias con una posible desaceleración en el crecimiento de su renta disponible constituyen una auténtica bomba de relojería para el año 2007. Pero de ello y de otras amenazas para el crecimiento y la estabilidad de nuestra economía tiempo habrá para hablar en las primeras semanas del próximo mes de enero.

Raimundo Ortega. Economista