COLUMNA

Guadalajara, capital del libro en español

A lo largo de la presente semana se está celebrando en Guadalajara (Jalisco, México) el más importante encuentro mundial del sector del libro en español, la Feria Internacional del Libro (FIL). Organizada por su prestigiosa universidad, ha conseguido, después de años de esfuerzo y buen hacer, desbancar a las restantes ciudades que compitieron por ese honor. En efecto, el mundo de la letra escrita en español podría haber escogido Buenos Aires, Barcelona, Madrid, Bogotá, Miami o cualquier otra gran ciudad hispana para celebrar tal acontecimiento. Pero, de forma espontánea, todo el sector se fue poniendo de acuerdo en encontrarse en la hermosa ciudad mexicana.

En un mundo global y abierto, la cultura en español no entiende de fronteras. Tan sólo habita en la República de la Lengua Española, con más de 400 millones de súbditos. Y Guadalajara es la capital de ese maravilloso reino de tinta y papel. Cada año, la feria tiene a un país o a una cultura invitada. Hace dos años correspondió el protagonismo a la cultura catalana, y en esta convocatoria es Andalucía la cultura invitada. Estamos convencidos que tendrá una exitosa participación.

En un anterior artículo analizábamos el valor económico de la lengua española, que, de una forma directa o indirecta, determinaba el 15% de nuestro producto interior bruto. La lengua española no es sólo cultura, también es economía. Hablamos mucho de la nueva sociedad del conocimiento y, casi inconscientemente, dirigimos nuestra mirada hacia el sector audiovisual, cuando es en el tradicional sector del libro donde los españoles brillamos con luz propia. El sector editorial español es el quinto del mundo en cuanto a volumen e importancia económica, detrás de EE UU, Alemania, Reino Unido y China. Este posicionamiento de gigantes no sería entendible sin el vasto mercado de hispanohablantes.

El siglo XX contempló el nacimiento de importantes editoriales americanas, especialmente en México D.F., Bogotá y Buenos Aires, al tiempo que se desarrollaban las grandes editoriales españolas. Con el paso de los años, fueron estas últimas las que crecieron en aquel mercado. Muchas de las editoriales americanas fueron víctimas de las periódicas crisis económicas que golpearon a sus respectivos países y terminaron cerrando o siendo adquiridas por los grandes grupos españoles. Asombrará al asiduo de las librerías sudamericanas el absoluto dominio del mercado de las editoriales españolas o de sus filiales americanas. Aunque existen algunas excepciones, como las del grupo colombiano Norma, o la empresa pública mexicana Fondo de Cultura Económica, la práctica totalidad de las grandes editoriales tienen su centro de decisión en España.

Nuestras empresas tienen pues una excelente oportunidad de negocio, pero al mismo tiempo una alta responsabilidad. No podemos alinear ni homogeneizar una variedad cultural tan rica ni dormirnos en los laureles. La adecuada atención a los nuevos valores hispanoamericanos y a sus propios temas de interés consolidará nuestra privilegiada posición. Debemos estar muy atentos a la irrupción del libro en español en EE UU, ya que las grandes editoriales norteamericanas están abordando este mercado y, sin duda alguna, pronto saltarán a los países iberoamericanos.

Tres son las dificultades básicas para el libro español en América. En primer lugar, el precio. Debido a la fortaleza del euro, los libros españoles importados resultan francamente caros para la economía media de muchos de estos países, especialmente los que se encuentran inmersos en crisis económicas, como Ecuador o Argentina. El segundo problema es el pirateo, que alcanza proporciones desmesuradas en algunos países como México y Perú. Las editoras de éxito estiman que el 30% de los libros que se adquieren de sus principales títulos son pirateados.

Una tercera limitación es el uso del lenguaje, sobre todo en los textos de no ficción. El uso de expresiones del español de España extraña a los lectores de terceros países. Lo mismo nos ocurriría a nosotros con libros escritos en lenguaje coloquial de español mexicano o argentino, por poner dos ejemplos.

Otras cuestiones, como el cargo de determinados impuestos -como el caso del IVA en Chile- o de incentivos fiscales concretos -como los que contempla la ley colombiana del libro- también dificultan nuestra capacidad competitiva.

La cultura y la economía española se juegan mucho en Guadalajara. Que a todos nos vaya bien. ¡Suerte, Andalucía!