Empleo

Los bancos centrales de la zona euro reducen su plantilla el 16%

Los bancos centrales de Europa menguan. Los supervisores de los 12 países miembros de la zona euro han reducido sus plantillas en 7.810 empleados y cerrado 210 oficinas, una tercera parte de sus sucursales, en seis años. La delegación de tareas en el Banco Central Europeo y los cambios tecnológicos son los principales causantes de los cambios.

Nacidos al abrigo del Estado liberal decimonónico, los bancos centrales velaron durante décadas uno de los grandes símbolos de la soberanía nacional: la moneda. Pero las efigies grabadas sobre el cobre cambian. Los gorros frigios y blasones reales han sido sustituidos por las estrellas de Europa. Y la tarea de los bancos nacionales también ha sido redefinida.

En 1999, los 12 supervisores de la zona euro tenían en nómina a 48.736 trabajadores a tiempo completo. Siete años después, sus plantillas están conformadas por 40.926 personas, un 16% menos.

En términos absolutos, los recortes han sido más llamativos en los mayores bancos centrales del continente. Es decir, en Alemania (3.218 puestos), Francia (2.395) e Italia (1.004). Sin embargo, en términos relativos, la incidencia también ha sido notable en países como Finlandia (30,66% de la plantilla), Bélgica (18,36%) y España (11,93%).

Su presencia ha disminuido sobre todo en provincias. Los Bancos se han visto obligados a reducir el número de sucursales. Si en 1999 contaban con 609 oficinas, en 2005 quedaban 399.

Fuentes del Banco de Bélgica explican los motivos que le llevaron a reducir las dimensiones de su red, unas circunstancias extensibles a sus pares europeos. 'La primera razón ha sido el proceso de concentración protagonizado por la banca comercial. Fruto de las fusiones, muchas entidades han centralizado sus operaciones de efectivo en ciertas sucursales del Banco'. La segunda razón es que, con el desarrollo de las tecnologías de la información, algunas oficinas dejaron de ser necesarias. Por último, concluye el supervisor, 'está la llegada del euro'. Pero el destino de los inmuebles vendidos varía de un país a otro. Las 30 agencias eliminadas por el Banco de España han ido a parar a Patrimonio del Estado y, por lo tanto, conservan su carácter público. En Alemania, en cambio, la ley permite a cualquiera pujar por los edificios disponibles del Bundesbank. Por ese motivo, la mayor parte de los compradores han provenido del sector privado.

El Banco de Bélgica optó por una vía intermedia y ha traspasado su patrimonio tanto a representantes del sector privado como a instancias gubernativas de carácter local y regional.

El supervisor francés acaba de culminar, por su parte, una fase de reajuste. Entre septiembre de 2004 y el pasado julio, la institución gala cerró 115 sucursales. En marzo, el Banco de Francia vendió 34 edificios a un fondo de Carlyle y otro inmueble al grupo francés Barriere. Hoy, su red está compuesta por 96 oficinas regionales, 32 centros dedicados a tareas diversas y su sede central.

Ajustes de personal graduales y pactados

Todos los bancos centrales sostienen que gestionan la reducción de sus plantillas de la forma menos traumática posible. En España, la reestructuración del supervisor incluyó el traslado del personal excedente de unos centros a otros así como el pacto de un programa de prejubilaciones con los sindicatos. En 1999 contaba con cerca de 3.000 empleados. El año pasado tenía en nómina a 2.642.

En el Banco de Finlandia la reducción de 241 puestos laborales ha sido la consecuencia de 'la externalización de servicios y algunas jubilaciones'.

El Bundesbank insiste en que realiza la disminución de plantilla 'de una forma socialmente humana, sin despidos'. La dirección y los representantes de los trabajadores acordaron un paquete de medidas destinado 'a favorecer la reducción de personal, promover la movilidad y asegurar que los empleados puedan obtener la cualificación necesaria para nuevas áreas de trabajo'. Entre las medidas emprendidas por el supervisor germano también figura un programa para promover las prejubilaciones de empleados.

Pero no todos los bancos centrales reducen sus filas. El Banco de Irlanda, que sólo cuenta con una sede, ha incrementado su plantilla un 50% en estos años y contratado a 340 personas. Otro tanto ocurre en el de Luxemburgo, que ha pasado de tener 152 trabajadores a 203. De hecho, estos dos casos son elocuentes de otro proceso en marcha: aunque la presencia en provincias disminuye, muchos supervisores han reforzado sus servicios centrales. La razón es simple: el BCE no ha reemplazado a los Bancos nacionales en muchas tareas, como lo demuestra el hecho de que su personal fijo se limita a 1.360 personas, muy lejos todavía de las dimensiones de Bancos como los de Alemania, Francia o Italia.