Crónica de Manhattan

Los demócratas y el 'lobby'

En cuatro meses y medio habrá elecciones para elegir una treintena de gobernadores y renovar el Congreso de Estados Unidos. Se renueva un tercio del Senado y la cámara de Representantes. Si los demócratas ganan, cambia la relación de fuerzas en Washington y George Bush estaría aún más debilitado.

Puede ocurrir. Los analistas creen que los republicanos se verán perjudicados por la baja popularidad de Bush. Y esa es la gran baza de un partido demócrata que pese a estar más unido últimamente y haber conseguido articular algunas propuestas, sigue sin encontrar una identidad ideológica clara que les convierta en una alternativa por méritos propios. Y menos en un país que ha ido durante décadas virando hacia un conservadurismo que ha empujado a este partido a un centro conservador.

No obstante, con o sin gran mensaje, la actual buena posición del partido hace que los siempre pragmáticos lobbies se acerquen a sus miembros y que muchos de sus candidatos estén recogiendo más donaciones para sus campañas que sus competidores republicanos. Normalmente, los donantes que antes llenan las arcas de los candidatos lo hacen convencidos de que eso adelanta mucho su propia campaña de intereses.

Los casos más llamativos son los de Nueva York. El fiscal Eliot Spitzer, el azote de Wall Street, que se presenta a gobernador, tiene un presupuesto de campaña siete veces mayor que su oponente, John Faso, y muchos puntos de ventaja. Spitzer mantiene el espíritu combativo.

La otra candidata demócrata que lo tiene fácil es la senadora Hillary Clinton quien, a pesar de tener el puesto garantizado, se está moviendo como si le fuera el escaño en ello, algo que hace pensar a los analistas que su objetivo es preparar las presidenciales de 2008.

Clinton se ha reunido ya con ejecutivos de Wall Street, normalmente republicanos como John Mack (presidente de Morgan Stanley), y su agenda recoge citas en Lehman o Merrill Lynch, una estrategia similar a la de su marido cuando quiso dar a conocer su centrismo económico.

Hasta ahora, la senadora ha recaudado unos 4,7 millones de dólares para estas elecciones por parte del sector financiero e inmobiliario. Además cuenta con el apoyo del también conservador Rupert Murdoch, el magnate de medios que ha fichado a José María Aznar para su consejo.

También la miman quienes en los noventa, y por su fallida propuesta sanitaria, la consideraban el enemigo número uno: el sector de la salud. Según el Centro de Respuesta Política y The New York Times, Clinton ha recibido 854.462 dólares para su campaña en 2005 y 2006 de esta industria. Es la segunda senadora más favorecida por este lobby.

En este proceso de acercamiento la senadora se ha vuelto muy cauta en temas como la reforma de salud, el matrimonio gay o el aborto, algo que pone nerviosa a su base y mueve al partido algo más al centro conservador.

El problema es que como dice Thomas Frank, autor de '¿Cuál es el problema de Kansas?' (uno de los mejores análisis políticos de EE UU), es que 'al renunciar al lenguaje que antes les distinguía claramente de los republicanos, los demócratas se han hecho vulnerables a cualquier brecha cultural como las armas o el aborto'.

Y así no es fácil articular el gran mensaje de partido que buscan y que los republicanos sí tienen. Su gran ventaja.