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La pasividad en el trabajo conduce al aislamiento

No opinar ni implicarse en las metas de la empresa pasa factura a las personas que adoptan esa actitud

Indiferencia, aunque se cumpla con las estrictas obligaciones laborales, ante los programas cotidianos o los cambios que surgen en las empresas; incapacidad para realizar propuestas; y rechazo a dar opiniones sobre cualquier aspecto del trabajo, aunque éste no tenga ningún matiz conflictivo. Esas son algunas de las características que los profesionales en recursos humanos y sociólogos destacan cuando trazan el perfil del trabajador pasivo.

Se trata de una actitud, añaden, que se da en muchas profesiones y empleos. Es una situación, a juicio de estos expertos, en parte coherente con los datos que arrojan algunas encuestas en España, en las que se pone de manifiesto que éste es de uno de los países del mundo occidental en el que el grado de satisfacción en el trabajo es menor. Asimismo, subrayan que la posición de esas personas es a menudo defensiva, aunque casi siempre se equivocan en su estrategia: es arriesgado para el futuro laboral no mostrarse implicado en las metas de la compañía para la que se trabaja.

'En general los directivos apreciamos más a los empleados que contribuyen a lograr nuestros objetivos. Por el contrario, una persona que se refugie en una actitud pasiva se enfrenta a una posible mala valoración', señala Juan Moyo, director de Norman Broadbent (compañía especializada en el desarrollo de directivos). En general, a juicio de Juan Moyo, se puede decir que las personas apáticas en el mundo laboral se equivocan en su forma de actuar. 'Su actitud no les lleva muy lejos ni a medio ni a largo plazo. Tal vez únicamente, y en el mejor de los casos, a mantener el puesto de trabajo aunque te ignoren en él', añade.

Para Ángel Secades, director de Right Management, otro riesgo que conlleva la pasividad es quedarse en una mala posición en los cambios que, cada vez con más celeridad, viven las compañías como son los complejos procesos de externalizaciones. Y también cita otros aspectos: 'frena el crecimiento personal, al tiempo que esa actitud dificulta para trabajar en equipo y para cohesionarse, en un momento en el que los equipos virtuales son cada vez más usuales'.

'Lógicamente si el trabajador elige no ser visible no se le tiene en cuenta', indica José Luis Calvo, socio del Instituto del Liderazgo, quien subraya que suele ser una opción que toman personas que prefieren 'ir tirando y no enfrentarse al mínimo reto'. A su juicio, esa posición puede producir más desgaste del que esa persona puede prever inicialmente, además de afectar al desarrollo profesional. Para José Luis Calvo, es una actitud que normalmente se toma de forma deliberada, aunque se pueda deber a factores personales o externos por la cultura jerárquica de la empresa. En definitiva son personas que temen 'que todo lo que digan pueda ser utilizado en contra suya', agrega.

Y el socio del Instituto del Liderazgo afirma que, aunque el peligro es menor cuando se acerca el final de la carrera de un profesional, 'en general es necesario y positivo mantener el espíritu en el trabajo'. Y ya sea por desarrollo personal, como por que las empresas cada día cuentan con más sistemas que alertan sobre esta actitud. 'Con la retroalimentación como forma de organización del trabajo, el entorno te pone en evidencia cuando se elige la pasividad como actitud predominante', manifiesta.

Cuando la estructura invita a inhibirse

Hay mucha desmotivación que conduce a la pasividad, a no tener una posición proactiva en el trabajo', señala Ángel Secades, de Right Management. 'Hay muchos jefes que provocan esa actitud y que buscan personas que no les cuestionen, que no le den problemas aparentes', manifiesta.

Asimismo, José Luis Calvo, del Instituto de Liderazgo, señala que a veces la capacidad de implicación de los empleados depende del contexto. 'A veces alguien con inquietudes y opiniones siente que molesta. Y esa situación dice muy poco a favor de la estructura de la compañía', indica.

En algunos casos la apatía en el trabajo es una acomodación al entorno. 'Las personas tendemos a analizar el ambiente en el que nos movemos y a hacernos a él. El trabajador proyecta conductas adaptativas al contexto', considera Juan Moyo, de Norman Broadbent. 'En ocasiones las culturas empresariales o de determinados departamentos son muy poderosas. Y se da el principio de que o te adaptas o te vas. Esto último no siempre es posible y casi todo el mundo tiende a valorar su puesto de trabajo, por lo que elige la otra opción', añade.

El directivo de Norman Broadbent cita otra circunstancia que puede empujar a un empleado a inhibirse. 'Cuando los jefes son inseguros, egocéntricos y temen que les cuestionen su autoridad, promueven la pasividad', afirma. No obstante, a su juicio, la tendencia más generalizada es a valorar el talento. 'Y es que saben que una buena empresa es la que cuenta con los mejores recursos humanos posibles. Especialmente en sectores como los tecnológicos, en servicios y en empresas de comunicación, donde el factor humano es el fundamental', añade Juan Moyo.