Crónica de Manhattan

Divorcio sindical

Las siglas se corresponden a la Federación Americana del Trabajo/Congreso de Organizaciones Industriales, una fusión de 56 sindicatos, que la convierte en la gran fuerza de los trabajadores en EE UU.

Pero esta fuerza está en declive. Cuando en 1955 se creó esta organización, el 33% de los trabajadores estaba afiliado, hoy solo lo está el 12,5%. Además la semana pasada la crisis se hizo mayor al escindirse de ella dos de sus mayores socios.

Se trata de los sindicatos de los trabajadores de servicios (SEIU) y el de Teamsters (trabajadores del transporte básicamente). Sus presidentes, Andy Stern y James Hoffa (respectivamente), ya venían chocando con el de la AFL CIO, John Sweeney, de quien dicen que carece de estrategia para captar miembros mientras mantiene una excesiva cercanía a los intereses de un sector industrial en declive y el partido demócrata.

Según los disidentes, éstas son estrategias fallidas. Por un lado porque pese al dinero y el apoyo de la AFL CIO, los demócratas están en su momento de influencia más bajo en Washington y tampoco se logra un acercamiento práctico al actual Gobierno. Por otro lado porque mientras se descuidan las necesidades del sector servicios tampoco se ha tenido éxito en su tradicional feudo, las fábricas, y de hecho no se han podido organizar plataformas de trabajadores en las plantas de coches que japoneses y europeos han abierto en el sur del país.

Pese a la oposición, y a falta de candidato alternativo, Sweeney fue reelegido presidente tras la conferencia anual que esta federación sindical clausuró el miércoles en Chicago. Pero su base es hoy, de golpe, menor.

Sin el SEIU y Teamsters la AFL CIO pierde algo más de tres millones de afiliados y se queda con unos 10 millones aunque esta cifra puede variar por que cinco sindicatos más han anunciado que pueden seguir los pasos de los otros dos. Además se dejan de ingresar unos 20 millones de dólares en cuotas para un presupuesto anual que ronda los 125 millones.

El reelegido presidente asegura que el golpe es un 'insulto grave' que debilita a un movimiento que reconoce ya muy mermado. En el congreso, Sweeney se ha comprometido a dedicar más medios a captar afiliados.

Para Stern y Hoffa la promesa llega tarde y es insuficiente. Para ellos, el divorcio marca 'el renacimiento de la fuerza sindical en América.'

Hay analistas que creen que llevan razón porque la evolución económica de un país de servicios necesita una estrategia distinta y ganar posiciones en este sector. Stern ha tenido un cierto éxito con ello en los últimos años aunque, en buena medida es por el dinamismo de este área de la economía. No obstante, el 92% de los trabajadores del sector servicios no pertenecen aún a un sindicato.

Stern quiere además centrarse decididamente en empresas como Wal Mart, impermeables al sindicalismo gracias a los esfuerzos de sus direcciones y la alta temporalidad de sus trabajadores.

Los que discrepan del camino tomado por los dos sindicatos cuestionan que una división pueda reactivar un movimiento cuya base es la solidaridad de los trabajadores. Y se preguntan qué hacer para que en un momento en el que la disparidad entre clases crece en EE UU esta solidaridad se canalice a través de una organización que llega muy envejecida a su 50 cumpleaños.