TRIBUNA

La compleja tela de araña de la UE

El Consejo Europeo que hoy comienza en Bruselas analizará vías posibles ante el impasse provocado por los dos referendos negativos en Francia y Holanda y la suspensión sine die en Reino Unido. Se enfrenta a una compleja tela de araña jurídica en la cual las soluciones políticas sólo serán posibles si se acomodan a los Tratados en vigor. La política tiene límites y el Derecho de la UE es muy formal y su guardián judicial no se somete al poder político, como acontece en nuestro entorno con los altos Tribunales.

La opción sugerida de las cooperaciones reforzadas para reformar los Tratados es ilegal a la luz del Derecho en vigor (incluso del nuevo Tratado). Las cooperaciones reforzadas son un mecanismo que permite a un grupo de Estados alcanzar más rápida y profundamente objetivos de los Tratados, pero en modo alguno permite hacer reformas de los Tratados, ni afectar al mercado interior ni a las competencias exclusivas, etcétera (artículo 43 TUE y III-416 del Tratado Constitucional-TC). La figura del ministro de Asuntos Exteriores, el nuevo sistema de votación, el sistema de actos, etcétera, no se pueden lograr mediante ese mecanismo de integración diferenciada domesticada. Y no cabe la cooperación asilvestrada o salvaje que proponen para tales materias fundamentales.

Examinemos las opciones legales, sean o no las políticamente adecuadas.

Cuando la UE se enfrentó a casos como los 'noes' francés y holandés, el remedio fue el paso del tiempo, pero el Consejo Europeo se cuidará mucho de insinuar esa opción

l Opciones inviables: aplicación provisional y confluencia de aplicaciones unilaterales; retirada. Las dos primeras son opciones legales suministradas por el Derecho Internacional, válidas para supuestos de retraso o dificultad de la ratificación parlamentaria (así cuando urge la entrada en vigor de un acuerdo de efectos limitados o en acuerdos de desarme). Pero en la UE sería una burla descomunal y nunca se han utilizado en este marco. La tercera es absurda: ¿pedir a Francia y Holanda que se retiren?...

l Opción cuasi inviable: refundación de la nueva UE a 20+N y mantenimiento de la UE a 2+N. Con ocasión del segundo referéndum danés en 1993, para salvar el no a Maastricht, se tanteó una solución de recambio para el caso de que volviera a repetir el no. Está en el Convenio de Viena de 1969. Pero es complicada de gestionar. Consistiría en que el TC entraría en vigor entre los que lo hayan ratificado en noviembre de 2006 y regiría lógicamente sólo entre ellos y en sus relaciones (serían la verdadera y nueva UE). Entre los no ratificantes (Francia, Holanda...) y en sus relaciones entre ellos regirían los actuales Tratados en vigor (sería la vieja UE). En las relaciones entre la vieja y nueva UE se aplicarían los Tratados en vigor que son los anteriores en los que son parte los 25 Estados. Muy complicado en la práctica y nada transparente, incluso aunque el TC es un calco en un 85% del derecho en vigor.

l Transcurso del tiempo y nuevo proceso de ratificación. En el pasado, cuando la UE se enfrentó a situaciones idénticas (negativa danesa en 1992 e irlandesa en 2001), el remedio fue el mismo y efectivo: el paso del tiempo (un prudente y módico año) y nuevo referéndum. Pero esa terapia es impensable para el mal francés y holandés por las características del debate que ha sido tan profundo, y tan contundente el resultado en ambos casos, que sería un insulto a la democracia convocar un nuevo referéndum y podría llevar a un no aplastante de impredecibles consecuencias. El Consejo Europeo se cuidará mucho de insinuar esa opción, coherente con el pasado y legal, pero políticamente suicida.

En el debate político en Francia no hubo oposición frontal al Tratado ni al proceso de integración, sino una fuerte y sólida crítica a la supuesta orientación económica ultraliberal ('anglosajona') del proceso, a sus consecuencias sociales y a la pérdida de fuerza de la tradicional percepción francesa de Europa como potencia con identidad propia respecto a EE UU (no frente a).

Los holandeses centraron su debate en las consecuencias que, creen, ha tenido la política europea de inmigración. En ambos casos chirriaba la irrazonable macroampliación con el aluvión de 10 nuevos Estados. El mar de fondo es la constante huida hacia delante sin medir las consecuencias.

Se ha dicho que los franceses no quieren Europa a cualquier precio y de cualquier manera y sin que se cuente con ellos; afrontan el debate sin complejos, conscientes de su existencia autónoma. Para España, Europa ha sido, es y será un producto milagro para nuestro bienestar y para nuestra unidad nacional misma. No comparto las razones que han llevado a franceses y holandeses a decir su sonoro no. Pero merecen un profundo respeto porque ha sido meditado y es fruto del debate del que carecimos en España. Debíamos ser agradecidos ante tanto dinero recibido, sin más reflexión. Se nos negaba capacidad de orientar el proceso mismo de integración y participar en él como actores.

Desde luego, parafraseando a García Lorca, así que pasen cinco años habrá que esperar para pulsar de nuevo el apoyo francés (tras las presidenciales de mayo de 2007). Y habrá que ofrecerles una Declaración Política creíble que clarifique el compromiso de la UE con la defensa del bienestar y el empleo y el liderazgo global de la UE en la defensa de la paz y los derechos humanos. Poco viable es un nuevo referéndum en el medio plazo, pero es la única opción para salvar el Tratado constitucional.

l Un nuevo y limitado Tratado. Renegociar el conjunto para hacer modificaciones aquí y allá sería muy complicado y exigiría reabrir el proceso de ratificación en los Estados que ya han hecho los deberes. Me parece más viable seguir con el sistema complejo de Tratados actuales (los de Roma, Maastricht, Ámsterdam, Niza) y el inagotable método tradicional de reforma adoptando un pequeño Tratado o Acta General/Fundamental que seleccione aquellas reformas del TC 'aparcado' necesarias y urgentes y sobre las que no ha habido una critica sistemática en los pueblos opositores, en especial que no afecten a las políticas (Parte III). Se respetaría su voluntad pero no hipotecarían al resto de pueblos que merecen también respeto. Entre esas materias urgentes para la eficacia y visibilidad de la UE están el ministro de Asuntos Exteriores, la presidencia estable del Consejo Europeo y sus competencias nuevas, la participación de los Parlamentos nacionales mediante el mecanismo de alerta temprana, la Carta de Niza y la adhesión al Convenio de los Derechos Humanos.

Finalmente, deben hacer propósito de enmienda de no volver a invocar el nombre de Constitución en vano. La ingeniería constitucional es tan perversa para Europa como lo es la ingeniería financiera para la economía industrial. Ni era una constitución, ni tal idea ha alcanzado legitimidad democrática. Ni despotismo ni fundamentalismo europeísta ni nominalismo constitucionalista. Realismo, mágico o no, para superar la incertidumbre y la desesperanza.