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Columna
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Todo por los registradores

En este país vivimos instalados en el mayor de los sobresaltos bajo las gravísimas amenazas del malvado tripartito -léase coalición de Gobierno de la Generalitat de Cataluña, integrada por los socialistas del PSC, los nacionalistas de ERC y la amalgama verde-izquierda-. A cada momento, somos alertados por nuestros mayores del PP sobre los peligros que representan y las traiciones que urden los del Club de Perpiñán orquestado por el perverso Carod Rovira, patrocinador de terroristas y promotor incansable de la fragmentación de la España secular. En cada propuesta avanzada para la reforma del Estatuto de Cataluña o para la financiación autonómica venida de Barcelona hemos aprendido a descubrir los gérmenes patógenos capaces de hacernos sucumbir. Pero sin previo aviso el líder Mariano Rajoy ha cambiado el paso sumiéndonos en el desconcierto.

Veamos. Primero, los compañeros del PP de Valencia, donde gobierna desde la Generatitat Francesc Camps, llegan con idénticas propuestas a las consideradas nefastas cuando las suscribía el tripartito catalán. Quieren incorporarlas a la reforma de su Estatuto de autonomía, pero esta vez en lugar de repulsa suscitan alborozo máximo en Génova. Segundo, se internan por la misma banda derecha, los compañeros del Gobierno de Baleares, encabezado por el líder del PP Jaime Matas. Defienden un sistema de financiación similar al que resultó denostado cuando lo propusieron Maragall y demás compañeros de viaje y en lugar de bronca dan la vuelta al ruedo entre encendidos aplausos peperos.

De ahí que, como se preguntaba un buen amigo periodista en el programa Hoy por Hoy de Iñaki Gabilondo en la Cadena SER, sea imposible averiguar qué se ha hecho del PP, bastión de la unidad de España, después de semejante ¡rompan filas! y de la proclamación del ¡sálvese quien pueda! por lo que se refiere a la financiación autonómica.

El trabajo de Rajoy ha logrado que las enmiendas de ERC referidas a los registradores reproduzcan literalmente las del Grupo Popular

Pero nuevos datos nos inducen a concluir que para nada estamos ante una renuncia. Que se trata sólo de un repliegue elástico hacia posiciones que se defenderán a toda costa. Eso sí, pudiera ser que de momento, mientras empezamos desde la Covadonga gallega la nueva reconquista, el énfasis se traslade del 'Todo por la Patria' al 'Todo por los registradores'. Este heroico cuerpo del Estado ya sufrió las arremetidas del díscolo Rato a través de la Ley 24/01, de 27 de diciembre, por la que se afectaban las atribuciones de tan ejemplares individuos y se intentaba terminar con el monopolio registral.

Semejante osadía trajo la honorable rebelión de los afectados que cifraron sus esperanzas en un compañero del cuerpo como Mariano Rajoy. Así lograron invalidar las medidas legales de Rato con un Real Decreto 1039/03, de 1 de agosto, que eliminaba las posibilidades de que el usuario eligiera registrador y nos devolvía al monopolio sin remisión. Antes, en la Ley 53/02, de 30 de diciembre, se introdujo una oportuna disposición adicional para que los registradores camparan por sus respetos y pudieran resistir las resoluciones de la Dirección General, que es su órgano superior, e impugnarlas en los tribunales.

El caso es que ahora, por iniciativa de Pedro Solbes, vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda, ha empezado la tramitación parlamentaria de un proyecto de ley de 'reformas para el impulso a la productividad' cuyo título II reza 'mejora en el funcionamiento de la Administración', dentro del cual el capítulo II trata de la fe pública. En resumen, que los socialistas rencorosos vuelven a la carga contra los registradores. Por eso, para salvar lo que queda de España, el Grupo Parlamentario Popular ha tenido que emplearse a fondo en la presentación de enmiendas. Algunas, como las referentes a las disposiciones adicionales y derogatorias son reproducción exacta de las que paseó el Colegio de Registradores por los Ministerios de Justicia y Economía.

Pero el trabajo de Rajoy es tan relevante que, ¡albricias!, se ha logrado que las enmiendas del grupo parlamentario de ERC reproduzcan literalmente las del Grupo Popular, como demostraremos en estas mismas páginas con su reproducción a doble columna. Es decir, hay esperanzas de que renazca el consenso y se lo deberemos a quien ha sabido aunar el liderazgo del PP con el de los sufridos registradores. En España empieza a amanecer.

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