Plan del Carbón

La minería se enfrenta a una nueva reestructuración

Cuando las puertas de la jaula se cierran con un estruendo metálico, después de un largo pitido, comienza la bajada al abismo. Las caras se nublan, los músculos se contraen, se apagan los ecos del mundo. Silencio. Es un viaje diario a 440 metros bajo tierra, en un elevador que recorre a toda velocidad cuatro metros por segundo.

Nadie olvida el casco, la lámpara y el aparato autorrescatador amarrado al cinturón, una caja metálica que, en caso de falta de oxígeno, permite respirar artificialmente durante 30 minutos. Una vez abajo, comienza la jornada: 14 horas en dos turnos desde las 5 de la mañana. La temperatura, 25 grados. El nivel de humedad: 40%.

El pozo María Luisa (en Langreo, en la margen izquierda del Nalón), el único con nombre de mujer, es el más grande de los 10 pozos de carbón que mantiene en Asturias la empresa pública Hunosa. Tiene casi 25 kilómetros de galerías y en él trabajan 720 personas.

Hunosa, con 4.200 empleados, sobrevive gracias a las subvenciones

Los sindicatos confían en que sea uno de los que se salve del cierre, después de que esté definido el Plan del Carbón 2006-2012, que se empieza a negociar mañana en el Ministerio de Industria y que prevé reducir a la mitad el millón de toneladas anuales de producción de Hunosa. 'Hay que seguir luchando para mantener un nivel aceptable de producción de carbón autóctono', asegura Felipe López, secretario general de la Federación Minerometalúrgica de CC OO.

Las previsiones son sombrías. 'En el plan anterior se eliminaron 300 puestos más de los previstos, y la producción se redujo un 20% más que lo que se exigía', afirma López. 'Ahora no se puede plantear otro plan pidiendo una reducción de plantilla brutal, porque supondría la desaparición inminente de la empresa'. Por encima de 1.000 despidos, los sindicatos empuñarán el hacha de guerra.

Este año se cerrarán dos pozos de Hunosa, Pumarabule y Figaredo, además de un lavadero de carbón, lo que supondrá la pérdida de unos 600 empleos y la reducción de un 25% (250.000 toneladas) de capacidad productiva. Hunosa, con unos 4.200 empleados, sobrevive gracias a las ayudas públicas, que superaron los 600 millones de euros durante el último ejercicio. El problema es que Bruselas plantea serias objeciones, tanto a las ayudas a la producción como a las subvenciones para el fomento de proyectos empresariales alternativos al carbón.

Sin empleo alternativo

A pesar de que la SEPI (propietaria de Hunosa) se ha esforzado en los últimos años en crear una industria alternativa, lo cierto es que esta red empresarial, canalizada a través de la Sociedad Asturiana de Diversificación Minera (Sadim) sólo ha logrado sustituir un pequeño porcentaje (15%) de los 17.000 empleos suprimidos desde 1998.

No hay que salir de Langreo para comprobar el reflejo de esta situación. La minería sigue generando el 22% del empleo directo de la zona. El pueblo, con casi 50.000 habitantes, mantiene una relación amor-odio con el carbón. A las cinco de la tarde, las sidrerías del centro están repletas de hombres jugando a las cartas que no levantan la vista del tapete. Casi todos, ex mineros. Casi todos, menores de 50 años. Con poco espacio para la esperanza.

Los más jóvenes siguen tendiendo hacia la única forma conocida de ganarse la vida en la comarca: la mina, una tradición que pasa de abuelos a padres y de padres a hijos. La plantilla de Hunosa está compuesta actualmente en un 60% por menores de 30 años, la mayoría asturianos.

En los últimos tiempos se han incorporado al oficio también los inmigrantes, sobre todo polacos y checos, que huyen de un futuro minero en su país igual de duro que en España pero mucho peor pagado.

La mayoría de ellos trabaja en los pozos de Hunosa a través de subcontratas. La UE mira con lupa las ampliaciones de plantilla en la empresa, pero con la cuota de producción actual los trabajadores no dan abasto. Para contratar nuevos trabajadores, Bruselas sólo acepta tres supuestos: el primero, que se trate de hijos de fallecidos en la mina; el segundo, que sea un puesto de alta cualificación que no pueda ser cubierto de otro modo, y tres, que sea necesario aumentar la producción.

'Por eso se contrata con cuentagotas y a espaldas de la Comisión a través de empresas privadas, un contrato de obra durante el tiempo que dura una determinada extracción', afirma un trabajador que oculta su nombre.

El problema de las subcontratas es otro de los quebraderos de cabeza de Industria en la negociación del nuevo plan. ¿Qué hacer con esos trabajadores? ¿Incluirlos en las mismas condiciones que los de Hunosa o ignorarlos y dejarlos a su suerte?

Además, está también el problema de la minería privada. Si Hunosa cuenta en total con 4.200 trabajadores, las empresas fuera de la órbita pública, casi todas concentradas en manos del empresario Victoriano Alonso, suman más de 7.000 empleos. La minería privada también se beneficia de subvenciones, y, al igual que la pública, deberá adaptarse a las nuevas exigencias de Bruselas en cuanto a cuotas de producción y limitación de ayudas públicas.

'Nuestros carbones son de poca calidad y sale caro producirlos', afirma Juan Ramón García Secades, presidente de Hunosa. 'Pero el debate está en saber si al país le conviene depender totalmente de la importación de gas o mantener una cuota de producción de carbón propia que garantice un mínimo de energía'.

El gas, según Secades, es tres veces menos nocivo que el carbón. Pero aún así, no salen las cuentas y se sigue recurriendo a la minería de cantera. De hecho, el 60% de carbón que consume España es importado, según datos de Industria.

Es probable, además, que ese porcentaje aumente en el nuevo Plan. Hunosa no es rentable, y si no se ha desmantelado ya, es por el peso determinante que conserva en la estructura social de la zona. Ningún Gobierno se atreve a proponer una nueva reestructuración minera a la manera de las de los años ochenta.

'Pero en la mina hay unos gastos fijos que son idénticos para 200 que para 500 trabajadores', asegura el presidente de Hunosa. 'El carbón no es rentable, primero, porque los precios están por los suelos, y segundo, porque hay que reinvertir mucho en recursos medioambientales, seguridad y formación'. Precisamente en tecnología minera es donde España ha avanzado a pasos de gigante en los últimos años. 'Deberíamos exportar tecnología para dar una salida a los trabajadores', afirma José María Antuña, secretario de la sección sindical de CC OO de Hunosa.

En Venezuela, uno de los países en los que España compra carbón, Hunosa está tejiendo alianzas para exportar tecnologías avanzadas para las excavaciones subterráneas.

Aun así, el carbón se muere. En el bar, cuando se pregunta, sólo se ven caras amargas. ¿La prejubilación?, sí, ¿y luego qué?

El mayor enemigo, el grisú

El grisú, el mayor enemigo de un minero, es olvidado muchas veces por ellos mismos, a pesar de que en todos los puntos de extracción hay un medidor de este gas colgado del techo.

El límite de concentración está en 1,5%, bastante por debajo del riesgo de explosión, en el 5%. Si se llega a ese límite, el sistema emite una señal para que se corte automáticamente la tensión y se evite la explosión. Muchos picadores, sin embargo, manipulan las cajas porque, al trabajar a destajo, quieren apurar hasta el límite.

Las 20 mujeres del pozo María Luisa

La mujer se incorporó a la mina después de una larga pelea de una asturiana, procedente de familia de mineros, que se empeñó hace 20 años en seguir la tradición familiar. Esta trabajadora anónima, de la que nadie recuerda el nombre, llegó hasta el Constitucional para exigir la igualdad en uno de los oficios más duros y donde se precisa, como en pocos, una extraordinaria condición física. Lo cuentan orgullosas un grupo de trabajadoras del pozo María Luisa, donde están empleadas 20 mujeres de las 190 que hay en toda Hunosa.

Ellas bajan también todos los días al pozo, y hacen el mismo trabajo que los hombres. Pero entre ellos, se las considera 'enchufadas' porque no optan a los puestos más duros, como barrenista o picador. Dentro de la dureza de la mina, suelen trabajar en las categorías más leves, como la basculación, que consiste en apartar el carbón en carretillas. Ana lleva casi 11 meses en el pozo, con un sueldo de unos 1.200 euros al mes. ¿Cuánto tiempo estará en este trabajo? 'Imagínate, tengo 25 años, hasta que llegue a los 42 y me pueda prejubilar...'

Son igual de duras que los hombres, y de lo único que se quejan es de la falta de calzado. Las botas siguen estando hechas a la medida de ellos.

'No se piensa en accidentes, se piensa en la enfermedad'

La primera vez que Maximino (Mino) García entró en la jaula, con 18 años, le temblaba todo el cuerpo. 'La noche anterior no duermes, dándole vueltas a todo, no sabes dónde te metes', afirma. Mino se prejubiló el año pasado a los 42 años, el límite que estableció Hunosa en el anterior plan. Pero asegura que si pudiera, seguiría en la mina. 'No es un trabajo para nadie, pero yo lo amo'. De alguna forma, sigue vinculado a la minería como secretario general de la Federación Minerometalúrgica de CC OO en Asturias.

Mino, que ha pasado más de 24 años en un pozo siete horas diarias como picador, confirma que es la máxima categoría, pero también la más dura. Su tarea, extraer el carbón con una única herramientas, su fuerza y la habilidad para saber cuándo parar.

Los picadores trabajan fundamentalmente en las chimeneas, unas aberturas de entre dos y cuatro metros de diámetro que se hacen en la pared siguiendo la veta del carbón. Esas pequeñas hornacinas nunca son horizontales con respecto al suelo, y llegan a alcanzar inclinaciones del 100%. El minero debe ir extrayendo carbón de la pared, que caerá por una rampa situada a uno de los lados hasta que en el exterior de la chimenea la recoge un ayudante.

Fundamental en un pozo es la ventilación. Dado que las chimeneas llegan a alcanzar unos 100 metros de longitud o más, a medida que se va avanzando se forma un fondo de saco en el que el aire va siendo cada vez más escaso. Para ello se forma un circuito de ventilación a lo largo de toda la mina con ayuda de unos grandes tubos en el techo de las galerías. A través de cañas de pozo y extractores se genera aire constantemente. Este sistema de ventilación también llega a las chimeneas, donde es vital que se renueve el aire. Aquí, si la ventilación se para durante dos minutos, la estancia se llenaría de grisú (gas formado por metano, anhídrido carbónico y nitrógeno), y al contacto con una chispa podría explotar.

'Pero al meterte en una mina no se piensa en accidentes, se piensa en la enfermedad', asegura Mino. Artrosis, enfermedades pulmonares, silicosis. La minería es la profesión con el nivel más alto de absentismo laboral, y también una de las que cuentan con mayores accidentes mortales. Los mineros se prejubilan con 42 años, pero la mayoría se sienten como si tuvieran 70. 'Las condiciones de prejubilación son buenas', cree Mino, 'pero son mejorables'.

Aun así, este ex picador asegura que no se cambiaría por nadie. 'Hay trabajos peores. Por ejemplo, yo no me metería en el mar por nada del mundo'.

El año comenzó negro en la minería

El año pasado, en Hunosa no hubo ningún accidente mortal. Pero este año ha comenzado negro. En poco más de un mes ha habido tres accidentes graves, dos de ellos con fallecidos. Uno de ellos se produjo en una chimenea. El picador se precipitó al vacío desde una rampa muy inclinada y nadie pudo salvarle. 'El peligro de un minero es que se confíe', afirma un ingeniero, ex minero, de la compañía. 'Lo hace bien todas las veces menos una, que es donde cae'.

Los mineros deben aprender a guardar la calma y a saber utilizar los sistemas de seguridad en los momentos más dramáticos. En medio de la oscuridad, con riesgo de explosión, abrir la mascarilla de ventilación de urgencia supone una tarea de titanes.