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Vilna sale a la luz

Dónde cae exactamente el centro de Europa? Pues, exactamente, a 19 kilómetros al norte de Vilna. Eso, según las mediciones que hizo en 1998 el Instituto Nacional Geográfico de Francia. El centro geográfico del continente está ahora dentro de un parque natural y cultural. El ombligo europeo se escenifica mediante una pirámide de granito rodeada por un círculo de losetas con nombres de ciudades europeas y su distancia al centro del continente; Madrid, por ejemplo, está a 2.674 kilómetros. La escultura es obra del lituano Gintara Karosas, que, cuando era estudiante, tuvo la idea de crear allí un parque de escultura al aire libre, a principio de los noventa, cuando el país se independizó de la antigua URSS.

Es el actual Parque de Europa, donde puede verse un centenar de obras de Sol LeWitt, Dennis Oppenheim y otros artistas de una treintena de países, estratégicamente perdidas entre bosques de abedules y pequeños lagos. La obra, sin embargo, que más curiosidad e interés despierta es una ¿escultura?, ¿instalación? del propio Karosas, que es, además, enormemente sintomática de la situación de aquel país. Se trata de una denuncia del régimen de propaganda de los soviéticos. En un claro de bosque, Karosas fue amontonando viejos aparatos de televisión, formando un corredor, al final del cual yace en el suelo una de las estatuas de Lenin derribadas en los primeros días de libertad. La gente ha ido trayendo espontáneamente más televisores y escribiendo mensajes en todos ellos, al tiempo que iba golpeando o arrancando astillas a la estatua antes sagrada, hasta limarla, mutilarla, hacerla irreconocible; una obra de participación, de contenido tanto político como artístico.

En el casco histórico de la capital de Lituania, Vilna, proclamado por la Unesco patrimonio de la humanidad, uno tiene la impresión de estar en una ciudad austriaca o incluso italiana. Los jesuitas de la Contrarreforma sembraron cada esquina de campanarios barrocos, iglesias ostentosas, capillas y hornacinas. Uno pierde la cuenta cuando trata de contar iglesias y torres desde la Colina de las Tres Cruces, una de las muchas que rodean la ciudad y el mejor mirador para abarcarla. En otro cerro se alza el castillo de Gedeminas, el gran duque que fundó la ciudad en 1323.

En el casco histórico uno se siente como en una ciudad austriaca o italiana

A los pies de ese baluarte se remansa un vecindario de perfil barroco, en el cual caben disensiones estilísticas, como la mole neoclásica de la catedral (que aprovecha como campanario un torreón de la antigua muralla) o algunos edificios góticos incrustados en el trajín de calles. Pero lo que mandan son las iglesias, de una exuberancia atosigante. La de San Pedro y San Pablo, con sus merengues de estuco y más de 2.000 figuras humanas (como curiosidad, allí se venera un célebre Cristo de Madrid); la de San Juan, rigiendo una de las universidades más veteranas de Europa, fundada en 1570 por los jesuitas (el altar barroco de la iglesia es Contrarreforma pura); la del Espíritu Santo, ortodoxa, en un patio delicioso junto a otra capilla incrustada en la Puerta de la Aurora, donde la comunidad polaca venera a una virgen muy milagrosa; la de los Dominicos; la del patrón San Casimiro... La de Santa Ana es de ladrillo gótico, pero tan bella que Napoleón se la quería llevar a Francia como souvenir.

La arquitectura barroca de Vilna es subyugante, pero más cautivador aún es el ambiente vívido de sus calles, repletas de cervecerías y terrazas, tenderetes de ámbar y artesanía, olores a guisos de callejón, notas de piano goteando desde alguna ventana. Del barrio judío salieron figuras como el sabio Gaonas Elijahu (en el siglo XVIII), como el escultor Lipchtzig, el pintor Soutine o el violinista Jascha Heifetz (en el XX), y salieron más de 80.000 personas hacia campos de exterminio: el mayor genocidio, en términos porcentuales, de la reciente pesadilla europea. Una comunidad judía extraña y antigua, la de los karaítas (que no aceptan el Talmud) tiene kinesa o casa de oración, viviendas de madera y un museo en la cercana Trakai. Pero allí se va más bien para ver el castillo del siglo XIV flotando sobre lagos y cañaverales; destruido en la guerra, fue recompuesto en 1955 y ahora da cobijo a un pequeño museo y a alguna que otra fiesta privada de nuevo rico. Una visita obligada para exorcizar con imágenes bucólicas los recuerdos más dolorosos y recientes, que ya son historia.

Guía para el viajero

Cómo ir

Finnair (tel.: 902 178 178) vuela a Vilna desde España, vía Helsinki, a partir de 541 euros i/v. SAS (902 117 192) tiene sus vuelos a Vilna vía Copenhague, a partir de 537 euros i/v. Si se opta por viajes organizados, Catai propone en su programa Scandinavísimo un paquete de cuatro días a Vilna, a partir de 743 euros, incluyendo avión, alojamiento y traslados. Politours incluye la visita a Vilna en un circuito de once días por algunas ciudades rusas y los tres países bálticos, a partir de 1.480 euros.

Alojamiento

Radisson SAS Astorija Hotel (Didzioji g. 35/2, +370 5 212 0110, www.radissonsas.com, vilnius@RadissonSAS.com), estratégicamente situado detrás del ayuntamiento y junto a la iglesia de San Casimiro, en un hermoso inmueble barroco perfectamente transformado con notable gusto. La oferta Romantic weekend in Vilnius para dos personas y dos noches (de viernes, sábado o domingo) sale por 199 euros (habitación estándar) o 239 euros (clase ejecutiva), incluyendo desayuno, un cóctel de bienvenida y una cena romántica a la luz de las velas.

Comer

Avilys (Gedimino pr. 5, +370 5 2121900), situada en una de las principales avenidas, frente a la catedral, es el lugar de moda, donde se ven caras conocidas. Se trata de una cava o antigua cervecería muy bien ambientada; siguen fabricando su propia cerveza, de tres tipos (probar la de miel, exquisita). Kybynlar (Karaimu Str. 29, +370 52855179), se trata de un restaurante de cocina tradicional karaíta (una antigua comunidad judía) recientemente abierto en Trakai, al borde del lago y justo enfrente de la entrada al castillo. Tanto la decoración como las recetas son propias de la comunidad karaíta, también ofrecen deliciosos pescados de agua dulce.