COLUMNA

Europa y el porvenir

El porvenir social del mundo se juega en Europa; sólo si Europa consigue mantener su modelo social, podrá convertirse en un signo de esperanza para el resto del mundo', según afirma el recién reelegido director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía. Dado que la OIT es un observatorio equilibrado donde comparecen los Gobiernos, los empresarios y las patronales, los trabajadores y los sindicatos y las instituciones que estudian la situación social resultante en los distintos países y áreas geográficas y que Juan Somavía tiene un ganado prestigio, ajeno al cultivo de cualquier clase de demagogia, procede descomponer para su análisis los elementos de una afirmación de ese calibre.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la frase de Somavía parte de una posición de principio, la de que el porvenir social del mundo está en juego. Es decir, que el director general de la OIT rehúsa, desde el momento de escribirla, a sumarse a cualquier fatalismo fundamentalista ya sea de coloración marxista, liberal nihilista o globalista y sostiene que el porvenir social del mundo puede quedar afectado por los comportamientos de diferente signo que se adopten. O sea, que la suerte de los menos favorecidos, la causa de la integración, el aumento o retroceso de las exclusiones, la atenuación o la crecida de las diferencias más humillantes, la promoción o merma de la igualdad de oportunidades, el proceso que supone el abandono por los débiles y los pobres situados por debajo del umbral de la desesperación desencadenante, de la actitud de sumisión resignada, anclada en la parálisis de la desesperanza, para entrar en el activismo amenazador del plácido disfrute de los causahabientes, es capaz de sufrir aceleraciones en cualquier dirección.

Además la afirmación de Somavía establece que existe un modelo social europeo diferenciado del modelo de Estados Unidos y del modelo japonés por referirnos sólo al ámbito de los países desarrollados. Un asunto muy bien resumido en el libro de Philippe de Schoutheete de Tervarent Una Europa para todos, que publicó en España Alianza Editorial. Como aclara Schoutheete, ese modelo no es un producto de laboratorio sino el resultado de una determinada historia de la que no pueden sustraerse determinados capítulos sin proceder a reescribirla por completo. La suma y el producto vienen dados de manera ineludible por la agregación de los sumandos o la multiplicación de los factores de que se componen. Aquí tampoco hay atajos posibles como los que arbitrariamente diseñan los chicago-boys.

El modelo social es el resultado de una historia de la que no pueden sustraerse capítulos sin reescribirla por completo

La tercera consideración incluida en el aserto de Somavía es que la suerte que corra el modelo social europeo será la referencia de esperanza o desesperación para el resto del mundo. Por todo eso, conviene examinar el trabajo de Daniel Vaughan-Whitehead de la fundación Notre Europe a propósito de los desequilibrios en las negociaciones para ampliar la UE donde analiza el capítulo social como el pariente pobre del proceso. Nuestro autor traza el perfil del desmantelamiento progresivo en los nuevos países miembros de todas las ayudas sociales, combinado con una progresión insuficiente de los salarios, lo cuál ha contribuido a situar a un alto porcentaje de la población por debajo del umbral de la pobreza. Enseguida aporta cifras preocupantes según las cuales en Polonia o en Lituania el 70% de la pobreza afecta a las categorías productivas, con un promedio del 40% para el conjunto de los países candidatos de Europa Central y Oriental.

Conviene indagar por qué la transposición del acquis communautaire ha sido incapaz de ayudar a una convergencia en las condiciones de trabajo y si en los próximos años aumentará la brecha entre la adopción formal y la aplicación real de las directivas en este ámbito social, habida cuenta de que la debilidad de los interlocutores sociales anticipa que el diálogo desempeñará un papel muy limitado. En definitiva, Daniel Vaughan se pregunta si los nuevos Estados miembros no habrán establecido una flexibilidad mayor que la de los Estados que hasta ahora formaban la UE y si estas tendencias no tendrán una influencia sobre el modelo social resultante en la Europa ampliada a menos que haya una reacción suficientemente decidida para impedir su deterioro.