Unión Europea

Bruselas propone un plan para frenar la fuga de cerebros

Me quedé muy sorprendido cuando vine a Estados Unidos. Nada más llegar y sin haber comenzado oficialmente mis estudios allí, se me dio un proyecto de investigación de primera línea'. Antón Vila, licenciado en Biotecnología en la Universidad de Nebraska (EE UU), está realizando un importante trabajo de investigación sobre el ribosoma (el mecanismo celular responsable de la síntesis de proteínas en las células) en la Universidad de Berkeley, en California. Vila, de 38 años, es uno de los entre 3.000 y 4.000 investigadores españoles que realizan su trabajo en el extranjero. Su salario en la universidad es de unos 2.900 euros al mes, mientras la media española en el sector apenas ronda los 800. Pese a ello, quiere regresar y, como muchos en su caso, no lo ve fácil. 'Para trabajar en Estados Unidos lo único que cuenta es el número de publicaciones que tienes y las cartas de recomendación de la gente con la que has trabajado. En España, tras presentar un montón de papeleo oficial, la convalidación de tu título tarda dos años', explica.

Con las cifras sobre la mesa, la fuga de cerebros en Europa es una dura realidad. El plan de medidas que ha presentado la Comisión Europea se asienta en datos como el que indica que la mitad de los investigadores que terminan su estancia en Estados Unidos solicitan un visado permanente para quedarse en aquel país. 'Tenemos una urgente necesidad de mejorar la imagen de los científicos en la sociedad y de atraer a más gente joven', señalan fuentes de Bruselas.

Entre el paquete de medidas propuestas destaca la extensión de los beneficios de la Seguridad Social a este colectivo, una ventaja que los investigadores españoles, por ejemplo, no tienen todavía. El plan de Bruselas considera esencial que los doctorandos puedan disponer de una ayuda financiera suficiente (beca, préstamo o salario) y de las prestaciones sociales mínimas, incluidos los permisos parentales.

Otra de las propuestas de la Comisión es acabar con el oscurantismo en las contrataciones en este sector a través de la puesta en marcha de un código de conducta en este ámbito 'que refleje la apertura necesaria a nivel europeo y las distintas maneras de evaluar los méritos y la excelencia', señala la CE. Además, el plan apuesta por la creación de una Carta del Investigador Europeo para la gestión de los recursos humanos en el ámbito de la I+D.

El objetivo de estas medidas, que desde algunos sectores científicos europeos ya se han calificado de 'insuficientes', es atraer a los 700.000 investigadores extra que la Unión Europea necesita para alcanzar la meta marcado en el Consejo de Barcelona de lograr una inversión del 3% del PIB en investigación y desarrollo. 'En términos relativos, Europa produce más graduados en ciencias que Estados Unidos, pero cuenta con menos investigadores', advierte Bruselas. Así, mientras en la Unión Europea el porcentaje es de 5,36 científicos por cada 1.000 habitantes, en Estados Unidos es 8,66 y en Japón, de 9,72.

Un sistema de contratación que peca de endogamia

El Programa Ramón y Cajal, del Ministerio de Ciencia y Tecnología, ofreció en su primera convocatoria 800 contratos que, en teoría, podrían hacer regresar a algunos investigadores españoles del extranjero. La realidad, según el colectivo, ha sido otra. 'La necesidad de contar con una carta de aceptación del centro de investigación para poder solicitar los contratos ha cerrado la puerta a brillantes científicos en el extranjero porque los centros de investigación favorecen a los candidatos internos', señala en un artículo Miquel Tuson, investigador del departamento de Genética de la Universidad de Barcelona y miembro de la Federación de Jóvenes Investigadores.

Dos largos años de trámites burocráticos

'Mi experiencia en España me hizo irme a Estados Unidos con todas mis calificaciones compulsadas y con traducción oficial. El trámite an la Universidad de Nebraska, para mi sorpresa, duró apenas media hora y la mujer encargada del caso ni siquiera miró las traducciones'. Antón Vila cuenta esta anécdota poco después de averiguar que la convalidación de su titulación de EE UU en España puede durar más de dos años. La maraña burocrática de convalidación española, en más de una ocasión objeto de denuncia ante Bruselas, desanima a los investigadores nacionales formados en universidades extranjeras. Muchos no vuelven a intentarlo.

Becas sin beneficios sociales, aunque sujetas al IRPF

Ni prestaciones sanitarias, ni pensión de jubilación, bajas por enfermedad y, mucho menos, subsidio de desempleo. La situación de los jóvenes investigadores españoles en cuanto a prestaciones sociales es bastante peor que la de sus colegas europeos. Los datos, proporcionados por la Eurocop, una asociación de investigadores europeos, revelan que España, junto a Grecia, es el único país europeo que no proporciona ninguna prestación de Seguridad Social a sus científicos. La explicación está en que gran parte de los investigadores españoles hacen su labor a través de becas y ello les priva de todos estos beneficios. Aunque, eso sí, las becas están sujetas al IRPF.