COLUMNA

El resurgir de las Naciones Unidas

Este mes España ha empezado a presidir un Consejo de Seguridad envuelto en la polémica, y cuestionado, probablemente, más que en toda su historia.

El día clave fue el pasado 17 de marzo, cuando Estados Unidos salió del Consejo de Seguridad con la determinación de atacar Irak sin la aprobación del resto de sus miembros. Acto seguido, Kofi Annan retiraba a todo el personal de la ONU de Irak, suspendiendo el trabajo de los inspectores. Un miembro de la misión estadounidense salió del Consejo radiante: 'Es el principio del fin de las Naciones Unidas', comentaba sonriente.

La relación entre Estados Unidos y las Naciones Unidas se había deteriorado hace tiempo. Después del 11 de septiembre, el equipo de la Casa Blanca, formado por ultraconservadores reciclados de los Gobiernos de Reagan y Bush padre (como Donald Rumsfeld, John Ashcroft o Richard Perle), encontró la excusa perfecta para imponer la agenda unilateral que tanto había estado predicando.

EE UU es una omnipotencia militar, pero el Consejo de Seguridad le ofrece algo que no puede conseguir sola, legitimidad Por mucho que les pese a algunos, el matrimonio entre la ONU y Estados Unidos seguirá porque los dos se necesitan

Para estos escépticos del multilateralismo, la aventura de Irak sin la aprobación de la ONU era una gran victoria. Después de la intervención, revistas como American Policy predicaba con su mesianismo imperialista habitual, que había que expulsar a los 'burócratas chupatintas de la ONU del East River de Nueva York, y demostrar que Estados Unidos no necesita la aprobación de nadie para justificar sus políticas'.

Ciertamente un país que invierte más en defensa que los siguientes 12 países del mundo juntos, tiene pocos incentivos para tolerar la diplomacia burocrática de la ONU. El unilateralismo es menos tedioso y según los lobbies de ultraderecha que tanto influyen en la Casa Blanca últimamente, más efectivo. Aunque es obvio que Estados Unidos es una omnipotencia militar sin igual, el marco del Consejo de Seguridad le ofrece algo que no podrá conseguir por sí sola, legitimidad.

En una situación como la actual, con un antiamericanismo mundial creciente, una proliferación de tecnología armamentística casera tan preocupante, y una sofisticación tan avanzada de los sistemas de comunicación e información, la imposición imperialista respaldada con la ley del más fuerte es simplemente un suicidio nacional. Tan sólo hay que escuchar las declaraciones de los servicios británicos de inteligencia afirmando que Al Qaeda se ha fortalecido después de la guerra, o los atentados en Marruecos y Arabia Saudí.

Por mucho que les pese a algunos, el matrimonio de conveniencia entre la ONU y Estados Unidos seguirá. Por un lado, porque la ONU necesita la supremacía militar de Estados Unidos para enfrentarse a los conflictos actuales, ya que carece de capacidad para utilizar la fuerza de forma determinante. Por el otro, porque Estados Unidos es incapaz de enfrentarse solo a los retos actuales de seguridad internacional o a las necesidades de reconstrucción de países fallidos, llevando a cabo un 'desarrollo de naciones' u operaciones de paz de larga duración, que es lo único que evitaría que estos países se conviertan en nidos del terrorismo internacional.

Es posible que el equipo actual de la Casa Blanca no sepa ver el interés en permanecer en el seno de la ONU. Pero la política exterior del país no representa, ni mucho menos, el sentir del pueblo americano. Según las encuestas del Foreign Policy, dos terceras partes del país opina que Estados Unidos se excede en ejercer el papel de gendarme del mundo, y el 70% de sus ciudadanos sigue considerando a la ONU como el mejor mecanismo para tratar las crisis internacionales.

Sin embargo, el futuro del Consejo de Seguridad se determinará en cómo resolverá los dos retos concretos a los que se enfrenta.

En primer lugar, la pugna de poder entre el 'miembro permanente' del Consejo y el resto de los miembros. Ningún país duda de que Estados Unidos es el único actor internacional dominante. Tal y como explica David Malone, el éxito del Consejo dependerá de cómo el resto de países muestre madurez al aceptar la política de Estados Unidos cuando éste tenga razón, y valentía al rechazar sus políticas cuando se equivoque.

En segundo lugar, África. En los últimos 10 años, África ha presenciado ocho guerras internas devastadoras, y en todos los sentidos es el continente más amenazado y necesitado del mundo. La visita de Bush al continente africano demuestra la preocupación de Estados Unidos en evitar 'Estados fallidos'. En este sentido, la intervención de la ONU jugará un papel fundamental en instalar la paz y fomentar un desarrollo que evite la mayor crisis humanitaria que amenaza al planeta.

Es difícil ser optimista y pensar que el Consejo de Seguridad pueda llegar a ser efectivo en solucionar los aspectos más críticos que enfrentan a la política exterior de los países. Estados Unidos no va a delegar su seguridad nacional ni su política de defensa preventiva ante el voto de 4 países permanentes y 10 rotativos. Nadie se debería engañar considerando al Consejo de Seguridad algo más que los intereses de las políticas exteriores de 5 países con veto, y 10 con derecho de voto.

Las constantes peticiones de reforma, en especial por parte de los países en vías de desarrollo, sólo han encontrado oídos sordos.

Sin embargo, la guerra en Irak ha demostrado que el Consejo se resiste a ser una plataforma justificatoria de la política imperialista de Estados Unidos, sobre todo ante el caso de una guerra ilegal, en la que todavía no han aparecido ni armas de destrucción masiva ni vínculos entre el régimen de Sadam y Al Qaeda. Casos como el de Chile, que acaba de reelegir a su embajador Juan Gabriel Valdés después de declararse en contra de la guerra, muy a pesar de las presiones de Washington para que lo sustituyera, ofrecen luz y esperanza, demostrando que la soberanía de algunos países no va a dejar intimidarse por las tácticas de la Casa Blanca.

Si los halcones de Washington triunfan, probablemente el Consejo de Seguridad pasará a un estado de hibernación, como sucedió durante la guerra fría, pero eventualmente acabará resurgiendo. Con todas sus virtudes y defectos, es el único órgano capaz de garantizar el consenso internacional que se requiere para crear una estructura multilateral que promueva la seguridad colectiva en todo el mundo, y no sólo dentro de los muros del imperio.