COLUMNA

Oportunidad perdida y oportunismo

Las previsiones oficiales palidecían desbordadas por la creciente marea negra provocada por el hundimiento del Prestige, la indignación de los gallegos ante la inoperancia de la Xunta y del Gobierno central se contenía para no perder tiempo en la retirada del chapapote con lo primero que tuvieran a mano, sin permanecer a la espera de los medios que las Administraciones no les proporcionaban y las críticas de la oposición se iban tornando en ofrecimientos a colaborar en un plan de emergencia y solidaridad con Galicia, si el Gobierno tenía a bien encabezarlo.

En ésas estábamos cuando apareció Aznar en TVE y la vaguedad de sus explicaciones contrastó con la contundencia de sus descalificaciones a quienes osaron criticarle, tachándolos de irresponsables y ventajistas. Volvió a tergiversar las imputaciones recibidas para eludir respuestas y rectificaciones a las deficiencias realmente achacadas a su Gobierno.

Nadie le ha responsabilizado de que un desaprensivo traficante de crudo fletase una ruina flotante ni de que un golpe de mar le abriese una vía de agua frente a la costa gallega. Pero es un hecho que ni el presidente autonómico ni sus consejeros competentes en la materia estuvieran en sus puestos en el momento preciso, sino en otros, los de caza en una finca toledana como ellos mismos terminaron por reconocer tras mentir públicamente.

También está probado que el ministro de Fomento, inicial coordinador de las tareas (¿autonombrado y después sustituido por el vicepresidente primero?), daba instrucciones desde otra cacería y que el propio presidente mantenía su agenda internacional, de trabajo y de esparcimiento, por ejemplo en un programa de la televisión italiana. Todo eso no le dejaba tiempo para comprobar sobre el terreno las consecuencias de la catástrofe, pero sí lo tenía para arremeter contra quienes acudían a la zona devastada a mostrar su solidaridad o a compartir con los gallegos en la manifestación de Santiago su reclamación de que 'nunca más' fueran víctimas de armadores desaprensivos y de la negligencia de las autoridades.

No es cierto, por tanto, que desde el 13 de noviembre haya estado enteramente dedicado a preparar las soluciones que les llevará a los gallegos cuando se digne visitarlos y justificarse, denigrando las 'fotos de oportunidad' que otros han buscado, en el mismo momento en que está utilizando oportunistamente la televisión pública en hora de máxima audiencia. Es superar la marca del más robusto de los calamares arrojando una tinta más oscura que las manchas del Prestige. Pero al mismo tiempo se puso en evidencia porque no se trasladó a Galicia, sino a los platós del Pirulí para anunciar la primera de las soluciones nada más empezar su alocución televisada: la concesión de los subsidios que ese mismo día llegaban a una pequeña parte de los afectados.

æpermil;stos, no obstante, no dejarían de molestarse cuando oyeron al presidente decir que se habían puesto todos los medios posibles para combatir las manchas de fuel, ya que simultáneamente seguían dejándose literalmente las manos en la faena ante la ausencia de grúas, de palas mecánicas y de contenedores para depositar los desechos recogidos. O cuando afirmó que el Ejército había participado desde el primer día y apenas llevaban una semana.

La soledad de los gallegos sólo se ha visto compensada durante la mayor parte del tiempo por los voluntarios que acudieron desde otras regiones a prestar su ayuda antes que por la canalización de medios y efectivos desde el Gobierno, como también aseveró el presidente.

Tal vez quiso decir el presidente que nadie puede impedir que ocurra una catástrofe en lugar de negar que haya país alguno preparado para hacerlas frente. Unos se preparan mejor que otros y el Gobierno del PP ha des-preparado a España, reduciendo a la mitad la flota de salvamento marítimo y subcontratando los servicios de una empresa privada.

Con los datos que se van conociendo, ahora puede pensarse que la decisión de alejar el petrolero mar adentro no respondía estrictamente al criterio de los expertos, sino a que los remolcadores disponibles no podían doblar el cabo de Fisterra para acercarlo a puerto -como se hizo con el Erika en Francia- y a que el de la empresa beneficiaria del contrato con el Estado perdía el tiempo negociando el precio del rescate a través de otra compañía extranjera.

Posible fue el término más utilizado por Aznar en su entrevista. Para referirse a los esfuerzos realizados, que la evidencia demuestra que no han sido todos los que debieron y pudieron hacerse y para admitir posibles errores que no concretó.

Pero, cuando la marea continúa con las 125 toneladas de fuel diarias que siguen escapándose por las 14 grietas del Prestige, los errores que más importan no son los que ya se hayan cometido, sino los que se siguen cometiendo. Y es persistir en la equivocación de despreciar el ofrecimiento de toda la oposición -socios de legislatura incluidos- y eludir al Parlamento.