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Tribuna
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¿Dónde trabajan las mujeres?

Las mujeres han doblado su presencia en el mercado laboral en los últimos 15 años. Hoy, en España, 4,7 millones de mujeres ejercen una actividad asalariada, frente a los 2,4 millones de 1987. Representan el 40,3 % de la población activa, contra el 32,1% de 1987.

Sin embargo, las distribuciones de los hombres y las mujeres entre las ocupaciones de los distintos sectores de la economía son muy diferentes. La mayoría de los empleos femeninos se concentran desproporcionalmente en un pequeño número de oficios y sectores de actividad.

En efecto, según la encuesta de población activa (EPA) de 2001, más del 76% de las mujeres trabajan en ocho ocupaciones (71% en 1987), entre las 27 categorías que distingue el INE. En concreto, son las siguientes: comercio al por menor (16,2%), enfermería (11,9%), enseñanza (11,2%), servicios a empresas (10,6%), administración pública (7,7%), servicios domésticos (7,7%), hostelería (6,8%) y servicios personales (4,4%). Su participación en cada uno de dichos subsectores constituye entre el 50% y el 90% del total de efectivos.

El fenómeno no parece cambiar con los flujos masivos de las mujeres al mercado de trabajo. Al contrario, es una de las paradojas del mercado: los 2,3 millones de mujeres que, desde mediados de los años ochenta, se han incorporado como asalariadas no se han dispersado laboralmente. Muy al contrario, han contribuido a incrementar los oficios y sectores que ya contaban con mayor presencia de la mujer.

De este modo, las citadas ocho categorías ocupacionales han concentrado el 82,4% de los empleos creados para las mujeres entre 1987 y 2001. Pero en la mayoría de los casos son también las que presentan menos ventajas, tanto salariales como a nivel de cualificación. Paradójicamente, la mujer está fuertemente representada en ocupaciones que exigen una amplia disponibilidad de horario.

El análisis de la encuesta del INE pone también de relieve algunas cuestiones como la rigidez al cambio, la persistencia de los datos y que hombres y mujeres aún tienen asignadas diferentes ocupaciones en función del género. Ello evidencia una división del trabajo entre uno y otro sexo y una fuerte concentración del trabajo femenino. Fenómeno que se conoce por segregación ocupacional, es decir, sectores y ocupaciones típicas femeninas con unos pocos trabajos específicos y proporciones muy altas de empleo femenino (el 76,4% trabaja en el 30% de los subsectores).

En consecuencia, la segregación ocupacional es uno de los factores para explicar las diferencias salariales basadas en el género. Las remuneraciones de las mujeres son un 25% inferiores a las de los hombres. Pero esta desigualdad de rentas tiene como transfondo otras discriminaciones: las mujeres tienen difícil acceso a los puestos directivos (7%), son más en el paro (60%), en el tiempo parcial (80%) y cuando trabajan tienen mayor tasa de temporalidad (34,5%, frente a 29,8% de los varones).

Por otra parte, la estructura ocupacional por sectores refleja que las mujeres se distribuyen mayoritariamente en el sector servicios, con el 83%; industria y construcción, el 15%, y agricultura, el 2%.

Además, por categorías socioprofesionales, las mujeres desempeñan su actividad laboral en mayor medida en oficios de hostelería, industria y dependientas de comercio (42%), trabajadoras no cualificadas (18%) empleadas administrativas (16%), y dirección de empresas y técnicos (24%). A destacar que el número de mujeres que ocupa puestos de responsabilidad en las empresas es más bien escaso. Sólo un 7% accede a la dirección general de una empresa, pero hay que hacer constar que el 6% en empresas de menos de 10 trabajadores y el 1% restante en empresas de más de 10 trabajadores. Sin embargo, esta situación no es propia sólo de nuestro país. La concentración del empleo femenino es un hecho que se reproduce en todos los países miembros de la UE. Poco importa que las tasas de actividad femeninas sean muy elevadas o poco elevadas, ya que se constata el mismo fenómeno: la mayoría de los empleos femeninos se concentran en unos pocos sectores de actividad, reagrupados en un pequeño número de profesiones donde ya estaban las mujeres representadas. Además, las posibilidades de acceso a los puestos elevados de la organización administrativa son modestos para la mayoría de las mujeres.

Por todo lo expuesto, es necesario favorecer la igualdad de oportunidades a través de un conjunto de políticas públicas, en particular en materia de reglamentación de trabajo, empleo, educación y política familiar. Se trata de transformar el mundo del trabajo para permitir a todos los trabajadores y trabajadoras conciliar vida laboral y familiar, y modernizar las empresas para que desarrollen las competencias y los potenciales del conjunto de sus asalariados, combinando una organización flexible del trabajo con una gestión concertada.

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