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El precio del crudo condiciona el Presupuesto de 2002

El proyecto entregado al Congreso sobreestima el precio del crudo y desata una nueva polémica en el debate fiscal mexicano.

Los supuestos utilizados en torno al petróleo son cruciales en la elaboración del Presupuesto mexicano, puesto que más de un tercio de los ingresos fiscales proviene de la petrolera estatal Pemex. El presupuesto para 2002 enviado al Congreso contempla un precio promedio de 17 dólares para el barril de crudo mexicano, junto con un nivel de producción superior al actual en 100.000 barriles diarios.

En un contexto de clara desaceleración de la economía mundial, en el que el precio de la mezcla mexicana se encuentra en 13 dólares por barril, y ante el anuncio de reducir la producción para frenar la caída del precio, estos supuestos parecen poco realistas e introducen una nueva polémica en el ya complejo debate fiscal mexicano.

La oposición no ha tardado en percibir que detrás de estos supuestos se esconde un presupuesto inflado -con gastos que no se van a ejecutar realmente- con el fin de lograr su aprobación con mayor facilidad. Como era de esperar, planteó la necesidad de presentar un Presupuesto más transparente, en el que se señale qué partidas deben reducirse al elaborar las cuentas empleando un precio más realista de 14 dólares por barril junto con volúmenes de producción similares a los de 2001. Con estos nuevos cálculos, los ingresos fiscales serían 3.000 millones de dólares (3.420 millones de euros) inferiores a lo presupuestado inicialmente, lo que obligaría al Gobierno a elegir entre señalar qué gastos va a reducir o endeudarse adicionalmente. Ambas alternativas conllevan riesgos para la economía mexicana.

Endeudarse más implicaría recurrir al mercado externo, puesto que hacerlo localmente estrangularía la capacidad del sector privado para financiarse. El problema es que pondría más presión sobre una cuenta de capitales ya comprometida por el abultado déficit corriente (se estima que en 2002 se ubicará en torno al 3,4% del PIB). Por otro lado, reducir el gasto fiscal en medio de la recesión que atraviesa el país aceleraría la caída de la demanda interna, impidiendo la recuperación de la economía.

El Gobierno se verá obligado, así, a reducir parcialmente el gasto para no ejercer demasiada presión sobre la cuenta de capitales, pero esa medida conlleva el riesgo de enfriar aún más la economía con un Presupuesto muy restrictivo.

 

Las necesidades financieras de Brasil

Tras los primeros síntomas de que Argentina podría incumplir con el pago de su deuda, se temió que Brasil, dado su importante nivel de endeudamiento público y privado y su estrecha relación comercial con Argentina, sería el próximo en caer. Sin embargo, Brasil se ha ganado la confianza de los inversores, como refleja el notable descenso mostrado por la prima de riesgo en las últimas semanas. El alejamiento de Argentina pasa, en gran medida, por el comportamiento de la cuenta corriente y balanza de pagos. Pese al temor a una caída compulsiva de la inversión directa y en cartera, como sucedió en las crisis de México 1994 y Rusia 1998, la inversión directa extranjera (que cayó un 18% en los nueve primeros meses) ha sido más que suficiente para financiar el déficit corriente, en un contexto en el que la inversión en cartera retrocede más de un 60%. Esta financiación se logra, en parte, gracias a que el sustancial ajuste de la balanza comercial ha compensado el notable incremento de la balanza de servicios, muy castigada por el aumento en el pago de intereses. Gracias a este comportamiento, el presidente del banco central señaló que Brasil ya tiene financiadas íntegramente sus necesidades para 2002.

Según detalló, Brasil necesitaría refinanciar obligaciones por 47.000 millones de dólares, de los que 26.000 estarían cubiertos con líneas ya pactadas con organismos multilaterales. A esta cifra hay que sumar unos 5.400 millones que el Gobierno polaco desembolsaría por vencimientos de títulos de este país en manos del Gobierno brasileño. El resto sería cubierto con entradas de capital por inversión directa.

 

Dispar comportamiento de las divisas latinoamericanas

El peso mexicano deprecia en la semana un 1,4%, resultado que se explica en parte por el fuerte descenso mostrado por la confianza del consumidor estadounidense en el mes de noviembre. El real brasileño, aunque logra apreciarse un 1,6%, se vio castigado a finales de semana por la debilidad mostrada por los datos del PIB del tercer trimestre. El temor a un posible contagio de la situación argentina y, en menor medida, brasileña empujaron al alza el peso chileno hasta las 680 unidades por dólar.