Opinión

Los que suspenden el test de la risa

El proyecto más ambicioso, el negocio más rentable, el plan más exitoso… Hasta el mayor de los imperios financieros empezó siendo poco más que una idea. No llegaba ni a PowerPoint. Es esa idea, esa semilla, la que hay que desarrollar hasta transformar los sueños en negocios tangibles que harán crecer nuestra economía.

En un momento en el que el mercado se define por una competitividad sin límites y una sobreoferta constante en todos los sectores, diferenciarse resulta vital a la hora de hacer negocio, es de hecho la única forma de éxito sostenible. Pero la gran mayoría de las ocasiones la idea está sobrevalorada: el triunfo de cualquier proyecto, y sobre todo de aquellos en fases embrionarias, depende de la ejecución.

No hay más que ver el éxito de proyectos con potencial innovador limitado como Privalia o Buyvip que en apenas tres años, adaptando un modelo de éxito de otros países, han logrado convertirse en negocios que facturan cientos de millones y pronto entrarán en rankings nacionales de grandes empresas. Se rumoreó incluso la adquisición de Buyvip por parte del gigante de comercio electrónico Amazon, así como una nueva inversión en Privalia por parte de algunas de las mejores empresas de capital riesgo de Estados Unidos. Algún día no muy lejano les seguirán iniciativas que busquen el mercado global, facturando miles de millones.

La problemática en innovación y desarrollo en España radica en que el 80% de los nuevos proyectos no supera el test de la risa, esa primera reacción de inversores y financiadores ante la presentación del proyecto empresarial. Los emprendedores tienden a lamentarse de los escasos medios a su alcance y de la complejidad de convencer a inversores profesionales que apuesten por ellos. Tienen razón, pero muchas veces les falta perspectiva para entender y aceptar que no superan este test.

Tener una idea, es decir, encontrar un problema que resolver y plantear una solución, es el primer paso. Pero nunca es suficiente. Todos los días intento explicar a los emprendedores que cuando un inversor tiene suficiente estómago para apostar su dinero, o su reputación profesional en el caso de gestores de capital riesgo, no basa su decisión en la idea, porque acepta que un proyecto deberá reinventarse varias veces durante los primeros meses. Partiendo de que se busque explotar un mercado con alto potencial, la decisión siempre se reduce a si se cree la capacidad y motivación del equipo que pretende convertir esa idea en realidad.

La capacidad de un emprendedor es muy relativa, al medirla nos enfrentamos a un análisis limitado tanto por sus actividades en el pasado como por la complejidad de prever las necesidades del proyecto a futuro. Así, cuando alguien tiene una idea las únicas opciones que tiene para enriquecer su capacidad son mejorar su formación y rodearse de un equipo adecuado de cofundadores, empleados, inversores y asesores. Porque al final todo se reduce a un ejercicio de honestidad intelectual, a si el emprendedor se cree su propio cuento lo suficiente como para empezar a enfrentarse a los enormes retos del camino que él mismo se está trazando.

Luis Rivera Gurrea-Nozaleda. Socio fundador de Okuri Ventures