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A fondo
Opinión

El mercado cripto se enfría mientras EE UU y Europa redefinen las reglas

El Bitcoin cotiza en torno a los 55.000 dólares, una caída superior al 50% desde el máximo histórico en octubre de 2025

Jirapong Manustrong (Getty Images/iStockphoto)

El mercado de criptoactivos atraviesa uno de sus tramos más fríos desde el batacazo de 2022. El Bitcoin, la moneda de referencia del sector, cotiza esta primera semana de julio en torno a los 55.000 dólares, un nivel que supone una caída superior al 50% desde el máximo histórico de más de 126.000 dólares que marcó en octubre de 2025. Lo llamativo no es solo la magnitud del descenso, sino la velocidad con la que se ha esfumado el optimismo que dominaba el mercado hace apenas nueve meses, cuando el impulso de los ETF al contado y una Administración Trump favorable a las criptomonedas alimentaban previsiones de precios de seis dígitos sostenidos.

Desde comienzos de mayo, el bitcoin encadena una corrección que algunos analistas técnicos describen como un patrón de “tres métodos descendentes”, con soportes clave rotos en el camino. Un grupo de analistas llega a situar el suelo del ciclo actual entre los 38.000 y los 45.000 dólares, un ajuste que podría completarse antes de que 2026 acabe. El volumen de negociación se ha desplomado más de un 40 por cien respecto a su media móvil de treinta sesiones, señal de que buena parte del rally previo estaba sostenido por apalancamiento en derivados y no por entrada de capital nuevo.

Ethereum, la segunda criptomoneda por capitalización, ha sufrido un correctivo aún más severo en términos relativos. Se encuentra en torno a los 1.550 dólares actualmente (el máximo valor lo alcanzó en agosto pasado cuando rozó los 5.000 dólares). En las últimas sesiones se ha recuperado algo gracias a datos macroeconómicos algo más benignos y a que los ETF al contado volvieron a registrar entradas netas la primera semana de julio, tras un periodo largo de reembolsos. El resto de altcoins (término que incluye todas las criptomonedas a excepción del bitcoin) lleva semanas mostrando mejor comportamiento, lo que sugiere que una parte de los inversores está rotando capital hacia proyectos alternativos ante el estancamiento de bitcoin bien por debajo de los 65.000 dólares.

¿Qué explica esta pérdida de fuelle? Los analistas coinciden en señalar varios factores que se han retroalimentado. El primero son las salidas masivas de los ETF de bitcoin al contado en Estados Unidos: solo en junio, estos productos registraron reembolsos netos cercanos a los 5.000 millones de dólares, la peor racha mensual desde su lanzamiento en enero de 2024. El segundo factor, más específico, fue la venta de bitcoin por parte de Strategy (la antigua MicroStrategy) a comienzos de junio, la primera en años, que sembró dudas sobre la solidez del mayor tenedor corporativo de bitcoin del mundo y desencadenó una ola de liquidaciones forzadas de posiciones apalancadas.

A esto se suma un contexto macroeconómico más hostil de lo esperado. La inflación estadounidense (PCE) lleva varios meses en el entorno del 4 por cien interanual, el nivel más alto desde 2023, lo que ha llevado al mercado a asignar una elevada probabilidad a que la Reserva Federal no recorte tipos en todo 2026. La narrativa de bajadas de tipos que sostuvo buena parte del rally cripto de finales de 2025 se ha evaporado casi por completo, y las operaciones de gestión de liquidez del Tesoro estadounidense han drenado decenas de miles de millones de dólares del sistema financiero en las últimas semanas, restando oxígeno a los activos de mayor riesgo.

En paralelo, el terreno regulatorio se mueve con fuerza a ambos lados del Atlántico, aunque en direcciones distintas. En Europa, el 30 de junio concluyó el periodo transitorio de dieciocho meses del Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA), que desde el 1 de julio exige que solo operen en la Unión Europea plataformas autorizadas por la CNMV o sus homólogas comunitarias. El impacto ha sido considerable: de las más de 1.200 empresas que operaban con registros nacionales antes de MiCA, menos de una de cada cinco ha logrado la autorización plena, y el registro público de la ESMA recoge apenas 245 entidades autorizadas en toda la Unión, solo ocho de ellas con sede en España. Binance vio rechazada en Grecia su solicitud de licencia paneuropea antes de que expirara el plazo transitorio, lo que ilustra el endurecimiento real de las exigencias europeas frente a las plataformas que hasta ahora operaban con registros más laxos.

Regular para integrar

En Estados Unidos, el impulso regulatorio va en sentido inverso: hacia mayores facilidades que permitan la integración de las criptomonedas en las finanzas tradicionales. La ley Genius, que regula las stablecoins respaldadas por dólares y exige reservas 1:1 en efectivo o deuda pública a corto plazo, obliga a los reguladores federales a completar su desarrollo normativo antes del 18 de julio, con la FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation) y otros reguladores ya tramitando las primeras normas de supervisión y prevención de blanqueo. La ley Clarity, que definiría qué agencia supervisa cada tipo de criptoactivo, avanzó en el Comité Bancario del Senado el pasado mayo por 15 votos a 9, tras meses de bloqueo, aunque persisten fricciones sobre si las stablecoins pueden ofrecer rendimiento a sus usuarios, algo a lo que se oponen frontalmente los bancos tradicionales.

El resultado de la suma de corrección técnica, desapalancamiento, política monetaria restrictiva y regulación cada vez más exigente –aunque asimétrica entre Washington y Bruselas– es un mercado más maduro pero también más nervioso. Para muchos inversores, el reto ya no es solo acertar con el precio de bitcoin, sino entender qué marco legal regirá sus inversiones en los próximos tiempos.

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