Sí, presidente, en España también hay pobreza y desigualdad
Gran causa de esta situación son las disparidades en el acceso a la vivienda en propiedad

“El 10% más rico de la población mundial recibe hoy más de la mitad de la renta y acapara el 75% de la riqueza. Cifras absolutamente insostenibles, inmorales, e indignantes. Y hay que solucionarlo”, señaló el presidente del Gobierno en la clausura del seminario Desigualdad: es hora de actuar, que tuvo lugar hace unos días en el CSIC. Y anunció la creación de un Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la desigualdad al que encargó la elaboración de un estudio sobre causas y dinámica de la desigualdad, a la vez que criticaba a los “oligarcas que tratan de consolidar un statu quo de desigualdad” y les conminó “a que pagaran más a sus trabajadores”.
En espera de ese estudio “pionero”, según el presidente, y como no puedo olvidar que este mismo presidente ya creó en 2018 el Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil sin que ello haya impedido que hoy, ocho años más tarde, España presente, con casi el 30% de menores, una de las tasas de pobreza infantil más altas de la Unión Europea, decido echar mano de los muchos estudios, informes, análisis y libros que ya existen en España sobre la desigualdad (por ejemplo, el libro colectivo: La desigualdad en España. 2024 o el más reciente Informe Foessa de Cáritas).
Todos coinciden en la conclusión: España es el segundo país más desigual en riqueza de la Unión Europea: en España, el 50% más pobre solo posee el 6% de la riqueza neta total del país (un 9% de media europea), mientras que el 55% más rico posee un 43% (por un 35% de media en UE). Gran fuente de acceso a dicha desigualdad son las disparidades en el acceso a la vivienda en propiedad, principal componente de la riqueza para muchas familias. Los activos financieros, mayoritariamente en manos de los más ricos, han ido incrementando su peso sobre la riqueza bruta. Y, en paralelo, las rentas del capital, sujetas a una tributación muchísimo más favorable, están creciendo a mayor ritmo que las del trabajo, lo que alimenta una creciente desigualdad que, además, mediante la herencia, se transmite de padres a hijos.
Otro indicador elocuente de la tremenda desigualdad existente en el país son los datos sobre la renta bruta por municipio de España. El lugar donde naces y la familia determina tu futuro con mayor intensidad que los teóricos contrapesos sociales que llamamos ascensor social, que ponen el foco en el mérito, la capacidad y el esfuerzo individual.
El proceso de crecimiento de estos años ha venido acompañado de una concentración sin precedente de la riqueza en España, con el resultado de que la brecha entre pobres y ricos se ha duplicado. Y tiene visos de hacerse estructural. Hay una verdadera polarización económica, donde el número de milmillonarios ha aumentado en España de manera llamativa, según Oxfam, mientras los hogares pierden poder adquisitivo.
España también es el séptimo país de la UE con mayor desigualdad en renta. Los salarios, aunque vienen ganando décimas respecto al IPC, todavía no han recuperado todo el poder adquisitivo perdido durante la crisis inflacionaria. Además, la carestía de la vivienda, no integrada plenamente en el IPC, se come la mejora marginal de los salarios. En paralelo, los márgenes empresariales están en máximos históricos, según los datos del Observatorio de Márgenes Empresariales. Dice un estudio de CC OO: “El margen bruto empresarial captura una parte mayoritaria del valor añadido en detrimento de los salarios y en mayor medida que antes del choque de precios de 2022”.
Así, en la distribución del valor añadido, los márgenes empresariales se consolidan en el 52,4%, mientras que los salarios se estabilizan en el 47,6%. Además, hay que tener en cuenta la brecha salarial existente entre jóvenes y mayores: un joven gana hoy menos que sus padres a su edad, en parte, por mayor precariedad laboral. Si miramos la brecha salarial entre hombres y mujeres, en promedio, CC OO la calcula, hoy, en un 20%.
Aunque la productividad, medida como valor añadido bruto generado por empleado, aumentó en 2025 de forma compatible con el aumento de la actividad y del empleo por primera vez en España, la mayor parte de dicho aumento fue al margen que obtiene la empresa (51,5%) y solo un escaso 29,5% a remuneración media por asalariado. Urge frenar la brecha actual entre productividad, márgenes y salarios, pero esto es algo que no se conseguirá con apelaciones genéricas del presidente a los empresarios a que paguen más a sus empleados.
La elevada desigualdad española de renta y riqueza está detrás de la fragmentación social y desaparición de la clase media detectadas por el informe de Cáritas, a lo que también contribuye que la tasa de riesgo de pobreza se haya anclado en el elevado entorno del 26%, lo que representa más de 12 millones de personas. La Encuesta de Condiciones de Vida del INE también refleja que hay una España que no va en cohete: un 8,5% llega a fin de mes con mucha dificultad; un 36,4% no pueden afrontar gastos imprevistos y el 33% no salió de casa en vacaciones, ni una semana.
El saber convencional de los expertos ante estas situaciones, presidente, consiste en dejar que el Estado reequilibre las desigualdades actuando simultáneamente sobre dos frentes: impuestos claramente progresivos y políticas sociales fuertemente dirigidas a los más desfavorecidos. En ambos aspectos España falla respecto a la media europea, y durante su mandato no se ha mejorado en absoluto: la reforma fiscal sigue pendiente y las ayudas han tendido a ser generales para todos. Incluso el Ingreso Mínimo ha fallado en su objetivo al dejar fuera a la mitad de población afectada y al sustituir ingresos similares de las comunidades autónomas. Si le preocupan las desigualdades, empiece por abandonar las políticas populistas y recupere la socialdemocracia de toda la vida que, para hacer frente a esto, funciona mejor que cualquier otra política.