Tres premisas para que la UE alcance la soberanía financiera
El bloque puede construir una zona financiera resiliente tanto a crisis geopolíticas como a turbulencias financieras


La pretensión de convertir al euro en una moneda global ha sido, durante muchos años, un castillo en el aire, más deseo que realidad. No hay necesidad de tocar lo que funciona, y mucho menos cuando se habla de usos del dinero. El oro, de hecho, sigue brillando milenios después de que empezara a usarse como medio de cambio y reserva de valor, y medio siglo después de que se finiquitaran sus últimos usos como referencia monetaria. Y lo que ha funcionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha sido, en el plano financiero, el anclaje del dólar.
Ahora, por el contrario, es el mercado el que demanda este papel: son los propios gestores de inversiones los que quieren que su cartera no dependa en exceso de una divisa, el dólar, que sigue siendo el canon de las finanzas internacionales, pero que está demasiado expuesta a las políticas, inestables y a veces contradictorias, de la Casa Blanca. Y, en paralelo, dado que estas políticas, dentro de su variabilidad, apuntan a un mundo más fragmentado en lo geopolítico y en lo comercial, hay un claro incentivo a diversificar la cartera. Los grandes inversores son pesimistas sobre el dólar desde hace meses, y de este modo el euro vivió uno de los mejores años frente al dólar desde su creación. Una caída del 14% que los expertos esperan que se prolongue.
En este sentido, los esfuerzos europeos para reforzar la divisa tienen el terreno abonado. Las medidas del BCE para proporcionar liquidez en euros a otros bancos centrales entran en este ámbito: la provisión de liquidez en eventuales picos de tensión financiera es un mecanismo fundamental para que la divisa gane peso en los mercados de capitales. La institución europea tiene la ventaja de poder tomar estas decisiones de forma casi autónoma; no ocurre lo mismo con otras iniciativas necesarias para la plena soberanía monetaria: una unión efectiva del mercado de capitales, una deuda de referencia común y un sistema de pagos independiente. Sobre estas tres premisas básicas, la Unión Europea puede construir una zona financiera resiliente tanto a crisis geopolíticas como a turbulencias financieras. Los líderes europeos parecen tener, al menos, un diagnóstico claro, que comparten, incluso, economías que no están bajo el paraguas de la moneda (como Polonia). Las palabras del presidente del Eurogrupo explicando que las monedas se pueden utilizar como arma muestran (además de conocimientos de historia) una muy necesaria dosis de sinceridad.