La presidencia imperial de Trump en EE UU
El pueblo le suspende en todo: política exterior, inmigración y, lo que es peor a efectos electorales, economía e inflación

“¡El oro alcanza los 5.000 dólares por onza!”. “Ya. Y América tiene 750 bases (militares) en el mundo. Vivo en Fort Bragg (Carolina del Norte) y somos medio millón” (de soldados). La primera impresión, al escuchar la conversación, fue: “Charla ininteligible de besugos: uno, habla del precio del oro y el otro, del poderío militar norteamericano”.
Al saber el contexto —primacía mundial estadounidense–, otra idea surgió: los hispanistas anglosajones especializados en el imperio español de los Austrias (Stanley Payne, Geoffrey Parker, John Elliott, etc.), comparan el imperio de Felipe II y el norteamericano del siglo XX y XXI. Estos estudios llegaron al presidente Johnson durante la guerra de Vietnam. McNamara, secretario de Defensa, intentaba educar a Johnson sobre los límites del alcance internacional de América.
El problema de Felipe II fue la debilidad económica. El oro de América solo pagaba los intereses de la deuda. Felipe II declaró tres bancarrotas. LBJ, Lyndon B. Johnson, gastó en Vietnam el superávit que le dejó Kennedy. Pero hubo de renunciar a su proyecto político (lucha contra la pobreza) y le costó la presidencia: la Ofensiva del Tet (enero-febrero de 1968) demostró a Johnson que sus generales mentían sobre la verdadera marcha de la guerra.
La Ofensiva del Tet fue una derrota militar para Vietnam del Norte, pero una victoria política y propagandística. América se sintió engañada, como Johnson: pensaban que el fin victorioso de la guerra era inminente. Johnson no se presentó a la reelección presidencial, dejando paso a Richard Nixon, oportunista político sin ideología –republicano…–, quien, tras seis años de presidencia, acabó peor que Johnson: prometió “paz con honor” en Vietnam. La realidad fue la peor retirada militar de la historia; imágenes de vietnamitas agarrados a helicópteros militares en el techo de la embajada americana (Saigón, 1975). La humillación volvería a repetirse en agosto de 2021, con la ignominiosa retirada de Biden de Afganistán.
Nixon ansiaba una presidencia imperial, sin verbalizarlo. En 1977, durante una entrevista televisiva con David Frost, Nixon gritó lo que nunca reconoció sobre el escándalo del Watergate: “¡Lo que hace un presidente está bien… por el simple hecho de ser presidente!”. Gerald Ford le concedió el perdón presidencial.
En 2026, EE UU y el mundo lidian con la máxima expresión de la presidencia imperial personificada por Trump. Lo acontecido en 2025 y, sobre todo, en 2026, es evidencia: Groenlandia, guerra comercial, maltrato a Europa, ¿OTAN, qué OTAN?; intervenciones en Irán, Venezuela, Siria; paz inestable en Gaza; el Nobel errante de la Paz, que acabó en manos de Trump…
El entorno cercano al presidente racionaliza lo que Trump dice y hace: “Recompondremos el orden económico mundial”, dijo en Davos Scott Bessent, secretario del Tesoro; “llevaremos la democracia a Hispanoamérica y Oriente Próximo”, dicen J. D. Vance y Marco Rubio; Pete Hegseth, secretario de Defensa, ensalza el incomparable poderío militar norteamericano…
Estas personas no son estultas: claro que América es la superpotencia económica, comercial, financiera y militar. Pero, como la España de Felipe II, está en quiebra técnica (dicho en Davos). Deuda y déficit públicos exceden, en mucho, la riqueza nacional (PIB). Por eso, entre otras motivaciones, Trump impuso aranceles en abril de 2025: los ingresos irán a enjugar el déficit comercial y, también, a contentar a un pueblo que suspende a Trump en todas las encuestas, y está llamado a las urnas en noviembre, para las elecciones de medio mandato.
La posibilidad de que los republicanos pierdan su exigua mayoría en la Cámara de Representantes es real. Los aranceles sufragarán los cheques de 2.000 dólares que recibirá cada estadounidense este año: regalo de Trump. ¿Contrarrestarán esos dineros la negativa percepción actual de los americanos sobre la gestión del presidente? El pueblo le suspende en todo: gestión de la presidencia, política exterior, inmigración y, lo que es peor a efectos electorales: la economía y la inflación.
A los norteamericanos no les llegaron las respuestas a Trump de líderes europeos: sufren los peores temporales en décadas. El premier canadiense, Mark Carney, habló de “ruptura”; el belga, Bart de Weber: “No es igual ser vasallo, que esclavo miserable”; el británico Starmer, sobre las aberrantes declaraciones de Trump: “los soldados de la OTAN lucharon en la retaguardia, en Afganistán”; Macron, sobre su rechazo a los “matones”, etc. Líderes de movimientos políticos europeos afines a Trump también mostraron su descontento.
Las disputas entre aliados hacen que Putin y Xi se froten las manos. Aún así, hay cosas que no cambiarán: a lo dicho del poderío norteamericano, añadimos su liderazgo en inteligencia artificial, computación cuántica y digitalización, que ni Rusia ni China alcanzarán prontamente. Las big tech son mucho big tech, con Microsoft, Meta, Oracle, Google, Amazon, Apple y Cisco, entre otras. Pero Europa es un mercado que compra anualmente 1 billón de euros en bienes y servicios a Norteamérica. Con toda su jactancia, Trump no quiere perder eso. Europa es la primera línea de defensa frente a Rusia.
Los países de la Alianza Atlántica han aumentado fuertemente su gasto en defensa: eso que se ahorra América; respecto a Groenlandia, Trump ha conseguido lo que quería, sin necesidad de comprar nada: pondrá tantas bases como quiera y desplegará su Golden Dome, con el beneplácito de la OTAN. En la guerra comercial, Europa no ha respondido con represalias. La realidad es que Europa, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá, etc., están sufragando la deuda pública norteamericana a cambio de tecnología, comercio y defensa. Siempre fue así, desde 1945. Simplemente, han cambiado las formas, ahora, deplorables.
Trump no finiquitará la ONU al constituir su consejo de paz sobre Gaza. Su intención es ejercer más poder en ambos foros, al tiempo que, con países de Oriente Próximo, cumple sus sueños inmobiliarios para Gaza, explicados por su yerno, Jared Kushner, en Davos: construir la Riviera de Gaza. Con o sin la población de Gaza. Toni Blair, plenipotenciario en Palestina (2007-2015) por parte de la ONU, ejecutará el plan del consejo de paz de Trump en Gaza.
La muerte de Alex Pretti por disparos de ICE en Minesota podría descarrilar a Trump en las elecciones de noviembre.