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Inteligencia económica
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El orden económico gira sin Trump en la foto

El apetito de EE UU por colonizar las instituciones marcará el baile de poder en los próximos meses

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Termina con el otoño la temporada alta de cumbres multilaterales. Los líderes mundiales se han cogido la medida en Naciones Unidas; la reunión anual del FMI y Banco Mundial; la COP30 y el G-20. EE UU ha intentado boicotear las conversaciones en cada cita. Pero los foros han resistido la embestida, renovando compromisos globales.

Y eso que el año I de Trump 2 pintaba muy mal para las organizaciones internacionales, no solo las económicas. En su programa, los MAGA habían deslizado la posibilidad de abandonar el FMI o la OTAN, y también planes tan desquiciados como el Mar-a-Lago Accord. Con ese cóctel explosivo y la carta del menú de los aranceles de abril, los principales organismos entraron en pánico. Medio año después, se puede concluir que Washington no se va a ir de las instituciones, pero sí va a someter a un severo bullying a sus miembros. La OTAN retuvo al líder con agasajos, y los pilares de la arquitectura fijados en Bretton Woods, el FMI y el Banco Mundial, han readaptado sus agendas abandonando la igualdad de género o el clima. El nombramiento del jefe de gabinete del secretario de Estado de Economía como número dos del FMI dejó claro que EE UU se quedaba. Un auténtico caballo de Troya.

La buena noticia es que, lejos de Washington, en Sevilla, en la cumbre de la deuda, en Belém para la COP, o en el G20 en Sudáfrica, el orden multilateral ha seguido girando sin Trump en la foto de grupo. Lo que también ha dado alas a considerar abrir filiales o agencias ejecutivas de los organismos con sede en EE UU en otros territorios (entre los que se baraja España). China ha ejercido de contrapeso, y las fuertes personalidades del presidente de Brasil, Lula da Silva y del de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, han sido decisivas para salvar los muebles.

En 2026 EE UU ostentará la presidencia del G-20, al que podría dar la puntilla, pero Trump ha optado por lucrarse, nombrando su resort de golf como sede del encuentro. Quién sabe si el escenario no revitalizará su participación, que es transaccional e interesada, y por lo tanto contradictoria con sus líneas generales de política. Por lo pronto, ha dicho que no invitará a Sudáfrica, pero, con tanto tiempo a la vista, es difícil anticipar si Trump cumplirá su promesa. Pero, si el foro vuelve a adormecerse por un tiempo, tampoco será el final del mundo. Ya estuvo inactivo entre 1999 y 2008, y cuando fue necesario se resucitó con plena potencia.

Los expertos coinciden en que la nueva reconfiguración del multilateralismo económico se decidirá ahora por agendas y lugares, y no se podrá ver una línea común en las discusiones, que serán a medida según el evento. “El mundo es multipolar, pero el sistema financiero sigue basado en el dólar”, recuerda Federico Steinberg, que ostenta la cátedra Príncipe de Asturias en Georgetown. Steinberg cree que el multilateralismo financiero tiene difícil sobrevivir sin EE UU, pero el comercio o la financiación del desarrollo sí pueden continuar avanzando gracias al empeño del resto del mundo.

“Estamos aún en el gran interrogante de qué viene después de Trump”, dice Nicolas Vèron, investigador principal del centro de estudios Bruegel. “Y lo que pase en el largo plazo va a depender de lo que suceda a corto y cómo se gestione, porque es un sistema complejo con muchas piezas. La UE, por ejemplo, ha demostrado que le interesa el multilateralismo tal y como estaba, y es conservacionista, no revisionista”. Para Veron, la clave es qué va a pasar en clave interna en EE UU, porque las dudas sobre la calidad democrática y el Estado de derecho son las que impactarán en la reconfiguración del orden mundial.

El apetito de EE UU por colonizar las instituciones marcará el baile de poder en los próximos meses. La tradición fija que el FMI tenga un dirigente europeo y el Banco Mundial (BM), uno estadounidense, con segundas espadas que alternan los continentes. Al BM, que da créditos blandos para el desarrollo, se acaba de ir Paschal Donohoe, el ministro de Finanzas irlandés y líder del Eurogrupo, dejando un puesto clave en el tablero.

El Eurogrupo no es una entidad, solo un foro sin personal ni infraestructura, pero quien lo preside controla la agenda del euro. El español Carlos Cuerpo rivalizó con Donohoe en verano por el cargo, dicen que por consejo de su predecesora, Nadia Calviño, para que se diera a conocer su nombre en el tablero internacional. Ella lo hizo y consiguió ser presidenta del Banco Europeo de Inversiones, el brazo financiero con el que la UE apoya su agenda, como las políticas de clima y ahora la defensa.

El viernes Cuerpo dijo que no volvería a competir por el puesto, marcado por el contexto de movimientos que abre la marcha del vicepresidente español del BCE, Luis de Guindos por la que España se quedará sin representación en el Comité Ejecutivo. Es muy difícil que un español suceda a otro, así que el Gobierno ya planea cómo jugar sus cartas con la vista puesta en las vacantes de 2027 de economista jefe, ahora Philip Lane, y de presidente del BCE, ahora Christine Lagarde. El nombre más barajado es el de Pablo Hernández de Cos, pero también se dice que el gobernador español, José Luis Escrivá, está calentando banquillo. Dos españoles lideran direcciones generales: Óscar Arce, que es el segundo de Lane, con opciones a sucederle, y Ramón Quintana, que se jubila en 2026.

Pero De Cos tiene el inconveniente de que ha aterrizado en su actual cargo como director del Banco Internacional de Pagos (conocido por sus siglas en inglés, BIS), en julio, y moverlo tan rápido dejaría al descubierto una posición muy codiciada por Washington. El BIS, con sede en Basilea, es el banco central de los bancos centrales, y facilita el entendimiento entre ellos y las transacciones. Trump quiere controlar su banco, la Reserva Federal y, si le dejan, el resto también.

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Sobre la firma

Belén Carreño
Belén Carreño es periodista económica con muchas horas de vuelo. Fue corresponsal principal de la Agencia Reuters en España. Antes formó parte del equipo fundacional de eldiario.es, donde fue redactora jefa de Economía, y de Público. En 2024 ganó el premio por su trayectoria otorgado por la Asociación de Periodistas de Información Económica, APIE.
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