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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La semana laboral de cuatro días es una solución inteligente a los males económicos

Es una forma de controlar los salarios, contentar al personal y permitirles gastar más al darles más tiempo libre

Primer día de rebajas en el centro de Barcelona, el 7 de enero.
Primer día de rebajas en el centro de Barcelona, el 7 de enero.Alejandro Garcia (EFE)

Trabajar menos puede ser la clave para producir más. Empresas como EssilorLuxottica y Unilever están experimentando con semanas laborales más cortas. Los planes piloto han dado lugar a aumentos de los ingresos y a fuertes descensos de los índices de agotamiento y rotación. Es una forma de que los CEO controlen los salarios, contenten al personal y les permitan gastar más.

Cuando la pequeña Islandia fue pionera en 2015 con una semana laboral de cuatro días que funcionó durante cuatro años y allanó el camino para una reducción de las horas de trabajo para la mayoría de sus ciudadanos, los países más grandes y las grandes empresas apenas se dieron por enterados.

Sin embargo, los estragos causados por la pandemia en las prácticas laborales tradicionales han llevado a algunos CEO y políticos a reconsiderar su postura. Pero las empresas que se atreven con el modelo de la semana de cuatro días lo enfocan de formas muy distintas: algunas optan por menos días de trabajo, pero más largos, y otras ofrecen una reducción total de las horas trabajadas.

En octubre de 2022, por ejemplo, tras las peticiones del Gobierno japonés de un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal de sus residentes, Panasonic introdujo más flexibilidad y una semana laboral más corta para más de 60.000 empleados del país. Entre las diversas opciones ofrecidas, la más popular resultó ser la que permitía comprimir la jornada en cuatro días más largos, por el mismo salario.

Estos cambios empiezan a extenderse más allá de los trabajadores de cuello blanco. Lamborghini planea introducir semanas laborales más flexibles en un centro de producción de 2.000 empleados del norte de Italia. Según el plan, podrán alternar semanas de cuatro días con otras de cinco, dependiendo de la organización de sus turnos. Esto supondrá entre 22 y 31 días menos de trabajo al año, sin reducción salarial y con mayores incentivos a la productividad.

Pero, aunque Bélgica permite desde 2022 que los trabajadores reduzcan su semana laboral a cuatro días más largos, y España y Sudáfrica están llevando a cabo ensayos patrocinados por el Estado, la idea aún no se ha generalizado. Los alentadores resultados de los proyectos piloto sugieren que eso podría cambiar pronto. No es de extrañar que a los empleados les guste la idea. En el mayor banco de Italia, Intesa Sanpaolo, que desde enero de 2023 ofrece la opción de trabajar nueve horas al día durante cuatro días a la semana, el 70% de los que cumplían los requisitos, es decir, unos 40.000 trabajadores, lo hicieron fijo. En EssilorLuxottica, que a partir de abril permitirá al personal de producción de Italia trabajar cuatro días a la semana, hasta hacer 20 días menos al año, los trabajadores respaldaron abrumadoramente el proyecto piloto.

A los jefes también deberían gustarles estos acuerdos. Un proyecto piloto de seis meses, aplicado en 2022 en Reino Unido demostró que las 61 empresas que participaron, en su mayoría pequeñas, tuvieron un aumento medio de los ingresos del 35% con respecto a junio-diciembre de 2021, aunque la recuperación pos-Covid también influyó. En las mismas empresas, el 71% de los empleados declararon una disminución del agotamiento, según un informe del grupo de investigación independiente Autonomy, que contó con el apoyo parcial de la Universidad de Cambridge. Y la tasa de renuncias cayó un 57% respecto al mismo periodo del año anterior. En 2022, Unilever amplió la prueba de la semana de cuatro días a sus instalaciones australianas, después de que un proyecto piloto en Nueva Zelanda diera como resultado unos niveles más bajos de estrés y una mayor sensación de vigor en el trabajo. El proyecto piloto australiano se prolongó recientemente hasta el segundo trimestre de este año.

No todo es de color de rosa. Idear un sistema de turnos eficaz manteniendo la misma oferta de productos y servicios puede resultar difícil, sobre todo en las pequeñas empresas. Un proyecto piloto aplicado en Suecia en 2015, que implicaba jornadas de seis horas durante cuatro días, tuvo resultados desiguales y suscitó críticas de partidos de derechas por no ser económicamente sostenible. En Reino Unido, el grupo de ingeniería Allcap abandonó un ensayo dos meses antes de su finalización porque consideraba que sus trabajadores tenían menos jornadas, pero mucho más estresantes.

Sin embargo, el proyecto piloto de las pymes británicas, aunque basado en una pequeña muestra, sugiere que los empleados están más dispuestos a permanecer en la empresa si se les permite trabajar semanas más cortas. Alrededor del 70% de los trabajadores que participaron afirmaron que necesitarían entre un 10% y un 50% más de salario para que les convencieran de volver a la semana laboral completa o de trasladarse a una empresa que exigiera una semana de cinco días. Esto podría suponer una ventaja para las compañías que no pueden ofrecer grandes sueldos para atraer talentos.

Al final, el mayor beneficio puede ser para la economía. En Países Bajos, donde la semana laboral media ya se ha reducido a solo 32 horas, el PIB por hora, una medida de la productividad, es de 80 dólares, bastante más que los 59 dólares de un empleado británico, que trabaja unas 36 horas semanales de media, según la Organización Internacional del Trabajo. Alemania y Dinamarca, donde las horas semanales se han reducido a 34, registran un PIB por hora de 68 y 78 dólares respectivamente. Los datos de un estudio de 2021 sobre Japón sugieren que las largas jornadas laborales y las horas extraordinarias perjudican la productividad de los equipos, y que esta aumenta cuando se reducen las horas.

Eso puede conllevar otro beneficio para las empresas y los bancos centrales: un crecimiento salarial contenido. Normalmente, los trabajadores exigen sueldos más altos cuando la economía va bien y pueden conseguir mejores empleos en otros lugares. Pero si unas condiciones laborales favorables les animan a quedarse, los salarios y la inflación pueden no repuntar. Además, si los trabajadores pueden ganar lo mismo o algo menos trabajando menos días, podrían tener más tiempo para consumir. Un informe de eMarketer muestra que el 63% del total de las ventas minoristas online de todo el mundo se producen los sábados y los domingos, cuando la mayoría de la gente no trabaja. Sin duda, los empleados de Panasonic que se acogieron a modalidades más flexibles afirmaban pasar su tiempo libre con familiares o cuidando de ellos. Pero algunos dijeron que estaban contentos de hacer actividades que les gustaban, o incluso de probar un segundo empleo.

La IA puede acelerar estas tendencias. Si robots y ordenadores pueden hacer más tareas que ahora llevan a cabo los humanos, es posible que los empleados tengan que pasar menos tiempo en el trabajo. La semana de cinco días es un desarrollo relativamente reciente: en el siglo XIX, la gente solía trabajar seis días a la semana y hasta 14 horas al día. A medida que avanza la tecnología, puede estar justificada una mayor reducción de la jornada laboral.

Como dijo el CEO de una consultora en el ensayo británico: “Cuando te das cuenta de que ese día te ha permitido estar relajado y descansado y preparado para ir absolutamente a por todas los otros cuatro días, empiezas a darte cuenta de que volver a trabajar el viernes te parecería realmente mal, estúpido en realidad”.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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