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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La aspiración legítima a una vida independiente

Mejorar las expectativas laborales de los jóvenes resulta imprescindible no solo para su futuro, sino para el de todo el país

El paro juvenil (Elisa Sánchez, psicóloga y de Psicología y Salud Laboral del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid)

La falta de expectativas de futuro de la juventud española, en un país con una tasa de desempleo juvenil que ronda el 27% y lidera los registros de la OCDE, se ha convertido en un problema de muy compleja solución. La conjunción de la alta cota de paro, los salarios y condiciones de trabajo precarias, el elevado porcentaje de jóvenes que no estudian y no trabajan y las barreras de acceso a la vivienda explican la tardía edad de emancipación española, otro récord preocupante que diferencia a nuestro país de las economías de su entorno.

Con una edad media de salida del hogar familiar de casi 30 años, lo que supone tres años más que la media europea, la juventud española se ve a menudo atrapada en un círculo vicioso condicionado por la falta de medios de vida propios que impide acometer proyectos vitales y aspiraciones tan legítimas como independizarse, disponer de una vivienda, formar una familia o ahorrar para el futuro. Según un estudio de la organización sin ánimo de lucro Provivienda, un joven que deba afrontar el pago de una vivienda de alquiler únicamente con el salario neto mediano anual que corresponde a su grupo de edad en España dispone solo de 60 euros tras abonar la renta. Si en el cálculo se incluyen los suministros de la vivienda, el saldo arroja una deuda de 77 euros.

El debate sobre cuál es el factor que tiene mayor peso a la hora de explicar la falta de independencia y la mala situación económica de los jóvenes españoles, incluso cuando disponen finalmente de un empleo, es muy heterogéneo. Algunos estudios apuntan a que no es solo la precariedad de los salarios lo que impide a muchos de ellos emanciparse, sino también las dificultades de acceso a la vivienda en España y la restricción de la oferta de pisos en alquiler. Un problema que la nueva Ley de Vivienda quiere atajar con la fijación de límites a los precios de los arrendamientos, pero que otras voces relacionan con la falta de seguridad jurídica en el mercado de alquiler, que disuade a muchos propietarios a la hora de arrendar su inmueble. A todo lo anterior se une también una cuestión que se ha convertido casi en estructural, la fuerte tasa de abandono escolar, que en los jóvenes de entre los 18 y los 24 años es casi del 13%, la más alta de la UE, así como un modelo universitario y de FP que no ha conseguido salvar la distancia entre el aula y la empresa.

La suma de una alta tasa de paro, empleos de baja calidad y falta de independencia constituyen un abono para la frustración personal y el descontento social. Precisamente por ello, mejorar las expectativas laborales de los jóvenes resulta imprescindible no solo para su futuro, sino para el de todo el país.

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