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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

China y Occidente: ¿quién depende más de quién?

Un desacoplamiento económico amplio entre las economías occidentales y el país asiático es más difícil para Pekín que viceversa

Joe Biden y Xi Jinping
El presidente chino, Xi Jinping, pasea con su homólogo estadounidense, Joseph Biden.KEVIN LAMARQUE (REUTERS)

La adhesión de China a la OMC en 2001 aceleró su transformación en un gran productor y exportador de múltiples bienes, como textiles, ropa, juguetes, electrodomésticos y electrónica. En el periodo 2000-2008, su PIB creció a un ritmo medio anual del 13%. En 2000, EEUU exportó bienes por valor de 16.185 millones de dólares a China, e importó por valor de 100.018 millones. En 2005, las exportaciones de EEUU a China ascendieron a 41.192 millones, y las importaciones a 243.470 millones. Muchas empresas estadounidenses deslocalizaron parte o toda su producción a China. El stock de inversión extranjera directa (IED) de EEUU en China aumentó de 11.140 millones en el año 2000 hasta 126.100 millones en 2022.

La adopción en 2015 de la estrategia Made in China 2025 alarmó a Washington. El modelo de fabricar y exportar bienes de consumo de baja tecnología mediante mano de obra barata se estaba agotando. El Gobierno fija para el horizonte de 2025 dominar los sectores de las TIC, robótica, vehículos y maquinaria eléctrica, energías verdes, aeronáutica, ingeniería marítima y biomedicina. En 2020, fondos gubernamentales habían canalizado 627.000 millones para forjar campeones nacionales mediante la I+D+i y adquisiciones de empresas nacionales o extranjeras en dichos sectores. Se establecieron también objetivos de 70% o superiores de componentes autóctonos.

En 2016, el superávit comercial de China alcanzó 346.825 millones de euros, cantidad equivalente al PIB de Chile. Donald Trump atribuía dicho déficit a la violación de la propiedad intelectual, la depreciación artificial del yuan y la exigencia a las multinacionales occidentales de transferir tecnología a sus socios chinos. En julio de 2018 impuso un arancel del 25% sobre 250.000 millones de exportaciones chinas. En diciembre de 2019 entró en vigor un arancel del 15% sobre unos adicionales 112.000 millones de ventas.

En enero de 2020 se selló un acuerdo entre Washington y Pekín. China se comprometió a comprar bienes agrícolas, manufacturados e hidrocarburos de EEUU por valor 200.000 millones en el bienio 2020-2021. También aceptó abrir su sector financiero a la competencia y hacer respetar la propiedad intelectual. A cambio, se recortó del 15% al 7,5% el arancel sobre 120.000 millones de exportaciones. China importó únicamente un 58% de lo prometido, en parte porque el Covid-19 sumió a ambas economías en una recesión.

Joe Biden ha mantenido la mayoría de los aranceles de la era Trump. Asimismo, ha aprobado prohibiciones a la exportación de bienes e inversión de tecnología avanzada en China, tales como los semiconductores y la inteligencia artificial. Se han vetado las transacciones con casi 100 empresas chinas. Estas acciones también obedecen a la proliferación de ciberataques lanzados por China. Debido a la guerra comercial, el 66,4% de las exportaciones chinas a EEUU están sujetas a un arancel, cuyo promedio es 19,3%, seis veces más que en 2017. Los aranceles afectan al 58,3% de las exportaciones de EEUU y su promedio es 21%.

La ralentización económica en China desde 2020 ha sido profunda. El Covid-19, el endeudamiento de su sector inmobiliario y su desempleo juvenil del 25% son algunas de las causas. Sin embargo, su superávit comercial con EEUU se acrecentó nuevamente en 2021 (352.854 millones) y 2022 (382.295 millones). El comercio bilateral EEUU-China disminuyó un 14,5% en el primer semestre de 2023 respecto al año anterior. La guerra de Ucrania ha profundizado la tendencia de ambas potencias de reorientar sus flujos comerciales y de inversión. En 2022, EEUU incrementó sustancialmente sus intercambios comerciales con Canadá (19%), México (17%) y la UE (19%). China ha retrocedido a ser el cuarto socio comercial de EEUU, por detrás de Canadá, México y la UE. En el periodo 2018-2022, el suministro de ordenadores y productos de electrónica chinos a EEUU descendió un 13%, mientras que las importaciones mundiales de EEUU subieron un 22%. Entre 2018 y febrero de 2023, el comercio bilateral EEUU-China ha disminuido un 2,3%, mientras que el de China con los miembros de ASEAN ha avanzado un 2,7%. En el mismo periodo, las ventas de China a EEUU han bajado un 5,1%, y han sido sustituidas por las destinadas a ASEAN (+3,5%) y la UE (+1,6%).

Un mayor desacoplamiento comercial entre China y EEUU parece inevitable dada la pugna geopolítica entre ambas potencias y el monopolio chino de metales (galio, germanio) clave para la electrónica. Se agudizaría con un retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. Pero la diversificación de las cadenas de suministro tardará años. Es sufragada en parte por los consumidores o importadores estadounidenses mediante precios de venta más altos o menores márgenes.

En 2022, los países de la coalición occidental fueron el destino del 43% de las exportaciones chinas: EEUU con un 16%, la UE con 15,6%, Japón 4,8%, Corea 4,5% y Taiwán 2,3%. Los socios de Pekín en los BRICS solo recibieron un 7,8%: India (3,3%), Rusia (2,1%), Brasil (1,7%) y Sudáfrica (0,7). China posee el mayor superávit comercial en mercancías del mundo (877.600 millones). Financia sus inversiones en la Iniciativa de la Franja y la Ruta y sus socios en los BRICS. Pero su magnitud no le permite prescindir de los mercados de capitales occidentales a la hora de reinvertir parte de su superávit por cuenta corriente. Entre sus aliados, únicamente Rusia puede proporcionarle hidrocarburos. En 2022, el stock de IED en EEUU fue de 10,4 billones, más de tres veces mayor que el de China (3,8 billones). En 2022, el stock de IED de EEUU en el mundo fue de 6,5 billones, de los cuales solamente 126.100 millones recayeron en China. Un desacoplamiento económico amplio Occidente-China es más difícil para Pekín que viceversa.

Alexandre Muns Rubiol es profesor de EAE Business School

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