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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La retirada gradual de Huawei y ZTE de la UE es compleja pero vital

La retirada de los fabricantes chinos del mercado europeo es asumible en costes y esencial para la seguridad nacional

Cámara de vigilancia junto a un letrero de Huawei en Pekín.
Cámara de vigilancia junto a un letrero de Huawei en Pekín.REUTERS

Thierry Breton quiere que la Unión Europea cuelgue a los gigantes chinos de equipos de telecomunicaciones. El comisario de Política Industrial de la UE insta a los Estados miembros a evitar la infraestructura fabricada por Huawei y ZTE, como parte de los esfuerzos para mantener sus equipos fuera de las redes 5G de Europa. El cambio requerirá dinero y savoir faire político, pero puede que no haga saltar la banca.

El día 15, Breton instó a todos los miembros del bloque a intensificar el uso de una caja de herramientas de la UE creada en 2020 para ayudar a los países a expulsar a los fabricantes chinos del mercado de sistemas críticos. Es un paso adelante en un sector en el que la necesidad de evitar una escalada de tensiones con Pekín, uno de los principales socios comerciales, ha convertido los cambios discretos en norma. Desde entonces, 24 de los 27 han tomado medidas para evaluar a los proveedores de alto riesgo y, en algunos casos, imponer restricciones. Pero según el Consejo de Relaciones Exteriores, en 2021 solo ocho países de todo el mundo habían impuesto prohibiciones tajantes.

La UE necesita una postura más clara. En ocho de los 31 países europeos, más del 50% de los equipos de red de acceso radioeléctrico (RAN) de tipo 5G proceden de proveedores chinos, según un informe reciente de Strand Consult. Mientras que operadores nórdicos como Telenor y TDC han sustituido infraestructuras antiguas, los usuarios existentes de países como Alemania, Italia, Austria y Polonia representan la mitad de todos los clientes europeos de telefonía móvil.

Alejarse de los gigantes de las telecomunicaciones de Pekín tiene sentido desde el punto de vista de la seguridad nacional. Huawei y ZTE han criticado el enfoque de la UE por proteccionista e infundado, y ningún país ha presentado aún pruebas concluyentes de que el Gobierno chino esté recopilando y transfiriendo datos a gran escala. Pero que no haya ocurrido en el pasado no significa que no vaya a ocurrir en el futuro. Casi cualquier equipo de red moderno puede convertirse en una amenaza para la seguridad, y la UE no tiene por qué correr el riesgo.

La revisión de las infraestructuras es una tarea titánica, pero la experiencia de la UE en el abandono de la energía rusa demuestra que los países pueden actuar con rapidez cuando lo necesitan. Strand calcula que el 59% de la RAN 5G de Alemania procedía de proveedores chinos en 2022. Además, la sede europea de Huawei está en Düsseldorf. Un claro giro alemán indicaría que Europa por fin se toma en serio el pensamiento geopolítico conjunto.

En marzo, Berlín anunció una investigación sobre la tecnología china actualmente en uso. Sin embargo, desde entonces las señales han sido claramente contradictorias. La dependencia de Alemania de las exportaciones a China hace que sea un acto de equilibrio complicado: en 2019, cuando la UE comenzó a expresar su preocupación, el embajador de Pekín en Berlín advirtió de que los fabricantes de automóviles podrían enfrentarse a represalias si se reducía el acceso de Huawei.

Aun así, en términos puramente de costes, la factura parece asumible. Quitar y sustituir, en lugar de actualizar, los equipos RAN chinos adquiridos desde 2016 costaría unos 3.500 millones de dólares, calculó Strand en 2019, lo que equivale a 14 meses de lo que el sector de las telecos europeos suele gastar en redes de acceso radioeléctrico. Se trata de un coste único de 7 dólares por abonado móvil, y podría recaer sobre proveedores alemanes como Deutsche Telekom, que han estado instalando equipos de Huawei. Pero es un precio relativamente bajo por un futuro más seguro.

La autora es columnista de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Lucía Manchón Cabrera, es responsabilidad de CincoDías

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