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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Invertir en la España vaciada: reavivar la economía rural y obtener rentabilidad

Los activos del sector ‘agrotech’ o ‘foodtech’ atraen a los inversores por su relación entre riesgo y retorno y sus posibilidades de futuro

La España vaciada
Nacho Izquierdo

La España vaciada es un término que surgió hace algunos años en referencia a la precaria y difícil situación que viven pequeñas áreas y centros urbanos de todo el país debido a la despoblación. Con el paso del tiempo, el éxodo continuo del campo a la ciudad se ha ido traduciendo en una menor empleabilidad; en la ausencia de servicios básicos como el transporte, la sanidad o la educación; en un mayor envejecimiento de la población y falta de oportunidades para los jóvenes; y, por consiguiente, en una economía deficitaria que, salvo que se planteen soluciones, acabará dando lugar a un elevado número de pueblos fantasmas (ya existen algunos) y a ciudades masificadas.

Este problema territorial es acuciante para nuestro país y, sin embargo, sigue careciendo de una atención sistemática y rigurosa por parte de los actores políticos y de los poderes públicos, más allá de meras declaraciones de buenas intenciones. Aunque se supone que es uno de los cuatro objetivos principales del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España, que se centra en actuar sobre la digitalización, la sostenibilidad, la brecha territorial y la brecha entre sexos, la realidad es que los fondos todavía no han impactado en la economía real de estas zonas y, por tanto, no se ha visto una diferencia.

Lo cierto es que en los últimos años hemos presenciado ciertos hitos que han afectado de un modo u otro a la evolución de esta despoblación rural. La pandemia, concretamente, provocó un cambio de tendencia. Los pueblos volvieron a tener vida, especialmente entre 2020 y 2022. La gente recordó las ventajas y las grandes oportunidades que ofrecen las zonas rurales. Y muchos se dieron cuenta de que, gracias a las tecnologías, se puede trabajar desde allí con una calidad de vida sensiblemente superior en muchos casos.

Los datos que presenta el estudio Movimientos de población hacia el medio rural indican que entre 2018 y 2021 se empadronaron más de 200.000 personas en pequeños municipios españoles, y que los pueblos de menos de 1.000 habitantes tuvieron un saldo positivo. Es decir, llegaron más personas de las que se fueron. Otro dato relevante es que de las más de 57.000 personas que llegaron a municipios de menos de 5.000 habitantes en 2021, el 46% tiene menos de 35 años. Son datos para la esperanza, aunque la población envejecida y la baja natalidad hacen que el saldo global siga siendo negativo.

A pesar de ello, estos datos invitan a pensar que vamos hacia una descentralización. Actualmente, una empresa ya no tiene por qué estar ubicada en Madrid o Barcelona, donde los costes son elevados. Cada vez se crean más hubs en otras zonas, como es el caso de Málaga, y en un futuro probablemente sucederá lo mismo en las zonas rurales.

En este contexto, también el ecosistema inversor debe recordar las oportunidades que ofrece la España vaciada para atraer empresas, innovación, inversión y talento. En un momento en el que el mercado vive una situación compleja debido a la inflación, la subida de tipos, la guerra de Rusia-Ucrania, los problemas de la cadena logística y la inestabilidad económica generalizada, invertir en empresas que generen un impacto positivo en la sociedad y apostar por la industria de transformación básica puede ser una buena opción para optimizar la cadena de valor, generar empleo y riqueza.

De hecho, según un informe de Esade y SpainNAB, en los últimos años las inversiones a través de los fondos denominados de impacto han aumentado considerablemente. Un 12% en el último año en España, hasta alcanzar los 2.400 millones de euros. Esto puede deberse a que la inversión en la España vaciada ofrece una alternativa a los mercados financieros, al ofrecer buenas rentabilidades con riesgos moderados. No es habitual encontrar un sector que combine sólidas rentabilidades históricas de hasta un 15%, buena visibilidad y recurrencia de los flujos de efectivo a largo plazo, escasa correlación con la mayoría de los demás activos, con una fuerte resistencia a los ciclos económicos y cobertura respecto a la inflación.

Al mismo tiempo, España ha crecido mucho en los últimos años y ha consolidado un ecosistema emprendedor sobre el que no se había apostado, invertido y regulado tanto como ahora nunca en la historia de nuestro país. La inversión en startups, tanto extranjera como nacional, se ha multiplicado por cinco durante los últimos seis años y, paralelamente, hemos sido el país de la zona euro que más rápido ha recuperado la TEA (tasa de actividad emprendedora, que mide todas las iniciativas de menos de tres años y medio que existen en un mercado) después de la pandemia.

La clase de activos del sector agrotech o foodtech se han convertido en inversiones atractivas para los inversores, por su relación entre riesgo y rentabilidad y sus posibilidades de futuro. Ejemplo de ello es que, en los últimos años, en España se han producido grandes compraventas de suelo y operaciones M&A de compañías agrícolas, lideradas por fondos de capital privado. Sin embargo, no solo el sector primario tiene un gran potencial. Otros ámbitos como la logística, la movilidad sostenible, la gestión de residuos y las energías renovables están experimentando un gran crecimiento.

España no quiere quedarse atrás en esta carrera, y por ello se ha aprobado recientemente la Ley de Startups. Sin embargo, para trasladar este impulso al ámbito rural serán necesarios más incentivos, como nuevas medidas tributarias y regulatorias que hagan la inversión en la España vaciada más atractiva, tanto para startups como para inversores.

A título individual, la España vaciada ofrece a sus nuevos habitantes un contexto en el que se puede obtener un mejor balance entre retribución económica y calidad de vida. El movimiento hacia estas zonas parece ya imparable y las startups que se desarrollen en estos entornos sin duda tendrán aplicaciones prácticas que les permitirán crecer incluso a mayor velocidad que aquellas nacidas en las grandes ciudades. En definitiva, rentabilidad y España vaciada son dos conceptos que pueden y deben ir de la mano. Y ya empiezan a hacerlo.

Miguel Ángel Rodríguez Caveda es CEO y cofundador de BeHappy Investments

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