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Claves de la primera reunión de la Fed bajo Warsh: opacidad, subidas de tipos y un revolcón en la autoridad

El presidente nombrado por Trump se estrena en el primer banco central del mundo con la promesa de cambios profundos, pero muchas preguntas sin respuesta

Kevin Warsh, durante su primera conferencia de prensa posterior a una reunión de la Fed, el 17 de junio.Eric Lee (REUTERS)

La primera reunión de Kevin Warsh en la Fed ha sido un pequeño torbellino en un mundo, el de la política monetaria, acostumbrado a considerar un gran evento el cambio de una palabra en un comunicado. El presidente de la Fed dejó en el mercado la idea de que subirá tipos, aunque él se ocupara de no decirlo con palabras, y planteó cambios de calado en el banco central más importante del mundo. Toda una declaración de intenciones para un cambio de régimen que el propio Warsh apuntó antes de ser nombrado, pero que aún está por dibujarse.

Lucha contra la inflación

Si Jerome Powell, la némesis de Donald Trump, era el “señor demasiado tarde” por no bajar los tipos de interés, el elegido de la Casa Blanca, Kevin Warsh, puede tardar poco en subirlos. Según los mercados de futuros, tan pronto como en septiembre (con un 63% de probabilidad). El miércoles, el alza de tipos se esperaba para diciembre. Por varios motivos: de entrada, el escueto comunicado inicial no apuntó, como sí hacía el de abril, un sesgo a la baja de los tipos de interés. En segundo lugar, la fuerte subida de la previsión de inflación (nueve décimas para 2026) y de las propias perspectivas de tipos: más de la mitad del comité considera apropiado subir tipos este año. Y, finalmente, el lenguaje de Warsh, muy combativo con la inflación y que, ante las preguntas de por qué no ha subido tipos, apuntó en varias ocasiones que el comité se reunirá dentro de seis semanas.

Nueva comunicación

Kevin Warsh no participó en el panel de previsiones en el que los miembros del comité muestran (de forma anónima) sus expectativas de actividad, precios y tipos. El dot plot (diagrama de puntos) tenía 18 respuestas. Por si quedaban dudas, lo explicó: “Me he abstenido de ofrecer ninguna previsión propia, en consonancia con mis opiniones”. En la conferencia de prensa abundó sobre el tema. “Hemos terminado con el forward guidance", la llamada orientación prospectiva que da pistas al mercado sobre las expectativas de los banqueros centrales. Y desarrolló su idea: considera erróneo dar pistas al mercado sobre el punto de vista de la Fed porque, argumenta, entonces el mercado no analiza los datos, sino cómo estos cambian la respuesta de la Reserva Federal y condiciona, al final, sus decisiones. Una filosofía que devuelve la Fed a los años 90, con Alan Greenspan, un presidente que era intencionalmente críptico y parecía disfrutar con ello: “Desde que me convertí en banquero central, he aprendido a murmurar con gran incoherencia. Si les parezco indebidamente claro, es que deben haber malinterpretado lo que dije”, dijo en 1987.

Cinco grupos de trabajo

Más allá de las posiciones personales o la actuación de Warsh en las ruedas de prensa, el nuevo presidente tiene previsto modificar la política de comunicación de la Reserva Federal, dentro de una revisión más a fondo del papel de sus mecánicas de trabajo. Ha ordenado la creación de cinco grupos de trabajo, con personal interno y externo, para calibrar cambios en cinco áreas distintas: las comunicaciones de la Reserva Federal; el balance de la Reserva Federal; el uso y dependencia de las fuentes de datos existentes; la productividad y el empleo en una era de transformación y, por último, los marcos de inflación.

Qué opinan los analistas

“La reunión deparó tres sorpresas claras: una Fed que se mostró más agresiva de lo esperado, una estrategia de comunicación notablemente simplificada y el inicio de una amplia revisión del funcionamiento del banco central”, explica Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali. “Ofreció poco análisis económico en la ronda de preguntas y respuestas. En su lugar, comenzó a exponer su visión de la Fed: un banco central con un mandato más limitado, una perspectiva más amplia y un mayor énfasis en las señales de los mercados financieros”, añade. “El único indicio sobre la orientación futura de la política monetaria fue el gráfico de puntos”, indica Jon Butcher, economista sénior para EE UU de Aberdeen. Es decir, aunque él no quisiera dar pistas sobre la política monetaria futura, el mercado las infiere igualmente, y eso puede aumentar, y no reducir, la inestabilidad. “Está claro que el presidente Warsh planea dirigir la Reserva Federal de forma diferente a como Wall Street se ha acostumbrado en los últimos ocho años. Los inversores se adaptarán, pero es posible que surjan algunas dificultades iniciales”, añade Bret Kenwell, analista de Mercados de eToro.

Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo, lo resume así: “Warsh está marcando la agenda con rapidez y determinación. Consideramos muy probable que sus conclusiones den lugar a cambios relevantes, entre ellos menos ruedas de prensa, una comunicación menos prescriptiva, una mayor disposición a sorprender a los mercados de renta fija y, en última instancia, una mayor volatilidad de los tipos de interés”.

Conclusiones

La comparecencia de Warsh dejó titulares, pero dejó sin respuesta las preguntas con más sustancia. La primera de ellas, la posición de Warsh sobre la inflación: insistió en que es necesario llegar al objetivo del 2%, y abundó en la idea de que el principal factor inflacionista es la política monetaria. Bajo su mandato, insistió, la Fed contendrá los precios. Pero no dijo cómo, ni indicó en qué medida está dispuesto a tolerar una inflación más alta. Tampoco desarrolló una cuestión clave: antes de ejercer, planteaba que la eclosión de la IA es una fuerza desinflacionista secular, por lo que los tipos pueden estar más bajos que en un mundo sin IA. Ayer no desarrolló la cuestión. Tampoco se refirió apenas a otra cuestión clave, y muy espinosa, su deseo por reducir el balance de la Fed. La tarea queda en manos de un grupo de trabajo, y el comunicado indica que el sistema financiero debe trabajar con “amplias reservas”. No parece que tenga prisa. El cambio en la política de comunicación, aun esperado por los inversores, no será sencillo de digerir, aunque a la Fed puede facilitarle el trabajo: es más fácil no decir nada que decir algo con cuidado extremo. En este sentido, puede que la opacidad limite, como argumenta, la inestabilidad del mercado. Pero también es posible que el mercado, simplemente, pase a guiarse por otros parámetros, como el color de su corbata o (como ocurría en la época de Greenspan) el grosor de sus carpetas de documentos.

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