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El mercado refuerza la expectativa de alzas de tipos en EE UU y lleva al dólar a máximos de 12 meses

Los futuros dan más del 50% de probabilidad a una subida de las tasas en septiembre y elevan las apuestas sobre ajustes adicionales antes de fin de año

El presidente de la Fed, Kevin Warsh. REUTERSEric Lee (REUTERS)

La última reunión de la Reserva Federal, la primera bajo la presidencia de Kevin Warsh, sigue marcando el pulso de los mercados. Aún es pronto para saber con claridad cuál será su hoja de ruta, pero persiste la sensación de un sesgo hacia una política monetaria más restrictiva. Cinco años consecutivos con una inflación por encima del 2% y la incertidumbre sobre cómo la guerra en Oriente Próximo puede seguir encareciendo la energía y trasladándose al conjunto de la economía estadounidense ofrecen argumentos suficientes para que el banco central mantenga alta la guardia. La cita resultó más agresiva de lo esperado y sus ecos aún resuenan con fuerza, empezando por el mercado de divisas, donde el euro ha caído a mínimos de los últimos 12 meses. En apenas cuatro meses, la moneda única ha pasado de superar los 1,20 dólares a situarse por debajo de los 1,14.

En las últimas jornadas ha ganado tracción la expectativa de tipos de interés más altos durante más tiempo. Los futuros sobre los fondos federales —reflejan las previsiones de tipos de EE UU— recogidos por la herramienta FedWatch otorgan ya una probabilidad superior al 50% a una subida del precio del dinero tras el verano. Hace apenas una semana, esa opción no alcanzaba el 30%. Hoy el escenario se ha invertido: el incremento se impone con claridad frente a la posibilidad de mantener los tipos sin cambios (31%). Aunque septiembre se perfila como la fecha más probable, el movimiento podría adelantarse. Las probabilidades de una actuación en la próxima reunión ya superan el 36%, frente al 8,5% previo a la comparecencia de Warsh. El mensaje de la Fed ha forzado un ajuste significativo de las expectativas.

Pero el endurecimiento no se limitaría a un único movimiento. El mercado empieza a descontar una segunda subida antes de final de año y sitúa en torno al 33% la probabilidad de que los tipos cierren 2026 en el rango del 4-4,25%. Más agresivos se muestran los analistas de Bank of America, que han revisado sus previsiones y anticipan alzas en septiembre, octubre y diciembre. “Un movimiento en julio está sobre la mesa, aunque creemos que la Fed querrá esperar a los datos del mercado laboral del verano antes de actuar”, señalan. Un reajuste que dista de haberse completado, pero que ya se refleja con claridad en los activos.

En este nuevo escenario, las perspectivas de tipos más altos, además de acelerar la corrección de las empresas tecnológicas —motor de las Bolsas en los últimos años— sirven de impulso al dólar. El billete verde, cuyo papel de refugio fue cuestionado el año pasado por las dudas sobre la independencia de la Fed y los desequilibrios fiscales, recupera atractivo apoyado en el diferencial de tipos.

En apenas cinco meses, la combinación de unos precios energéticos al alza, el papel de importador energético de Europa —frente a una economía como la estadounidense, exportadora neta de energía desde 2019—, la mayor resiliencia de EE UU y, más recientemente, las expectativas de tipos más elevados, han provocado que el euro pase de cotizar en torno a 1,20 dólares a situarse por debajo de los 1,14, en mínimos de junio de 2025. A comienzos de año, el mercado incluso contemplaba la posibilidad de que el BCE recortara tasas para frenar la fortaleza de la divisa europea; hoy, el foco ha cambiado por completo y se centra en la fortaleza del dólar.

En su comparecencia ante el Parlamento Europeo esta semana, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, dejó claro que, tras las subidas de tipos iniciadas en 2023, no ve necesario ir más lejos. A su juicio, aunque los hogares anticipan repuntes más intensos de los precios en el corto plazo, las expectativas de una desescalada del conflicto entre EE UU e Irán deberían favorecer la convergencia de la inflación hacia el objetivo a medio plazo. “No vemos evidencia de un desanclaje de las expectativas ni de efectos de segunda ronda que justifiquen una respuesta más contundente”, subrayó.

Los datos respaldan ese enfoque. El PMI de la eurozona publicado en las últimas horas apunta a una moderación de las presiones inflacionistas, lo que abre la puerta a un tono menos restrictivo. El mercado ya lo recoge: descuenta 33 puntos básicos adicionales de subidas para finales de año, frente a los 37 anteriores. Por su parte, el bono alemán a dos años —especialmente sensible a la política monetaria— cae cerca de ocho puntos básicos y se sitúa por debajo del 2,6%.

Mientras Lagarde adopta un tono más acomodaticio, en la Fed persiste la cautela ante unos niveles de inflación que invitan a no relajar la vigilancia. El presidente de la Fed de Chicago, Austan Goolsbee, tradicionalmente partidario de una política monetaria menos restrictiva, ha expresado su preocupación por la persistencia de las tensiones inflacionistas y cuestiona que respondan solo a factores transitorios. A su juicio, será clave determinar si shocks como los aranceles o la energía explican por sí solos el repunte o si subyacen presiones más duraderas.

Este enfoque entronca con el mensaje trasladado por Kevin Warsh en su comparecencia, donde subrayó el compromiso de la Fed con la estabilidad de precios. Aunque el nuevo presidente no es partidario de anticipar sus próximos movimientos, el mercado ha acogido con alivio esa firmeza. Con una inflación en máximos de tres años (4,2% en mayo), el sesgo se inclina a prolongar el endurecimiento. En ese contexto de divergencia monetaria y mayor rendimiento relativo, el dólar vuelve a ganar tracción y se posiciona como uno de los grandes protagonistas del actual ciclo de mercado.

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