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Adiós a las meriendas de domingo en Pastelería Mallorca

Los establecimientos de esta empresa familiar cerrarán a las cuatro de la tarde el último día de la semana para que sus empleados tengan más tiempo de descanso y conciliación

Julio Moreno y Carlos Arévalo, en la tienda de Pastelería Mallorca de la calle Serrano, Madrid.Víctor Sainz

Julio Moreno, miembro de la tercera generación de la familia propietaria de Pastelería Mallorca, lleva en su carpeta un cuadrante, en formato A3, en el que aparecen los nombres de los empleados de cada una de las ocho tiendas que tienen en Madrid. Pero escuchándole hablar, no parece que le haga mucha falta esa especie de chuleta para conocerlos a casi todos. No en vano, lleva cuatro décadas en el negocio familiar, que ha ido adaptándose a cada época desde que abrió en 1931.

El próximo gran cambio ocurrirá este domingo, cuando las puertas de los establecimientos se cierren a las cuatro de la tarde, en lugar de permanecer abiertas hasta la noche. “Veíamos la necesidad de que nuestro equipo pudiera conciliar. Y había que tomar alguna medida que fuera un poco drástica. Que produjera un corte y que toda la plantilla pudiera descansar y conciliar con sus familias. En este momento, la realidad social nos animaba a tomar una decisión como esta. Nunca hemos tenido miedo a los cambios. Ni en los productos ni en la organización del trabajo”, explica Moreno. Junto a él, sentados en el establecimiento de la calle Serrano de Madrid, su sobrino Carlos Arévalo, director comercial de la empresa, apunta que las tiendas abren, desde el pasado lunes, media hora antes entre semana, para tratar de compensar las ventas que van a perder por cerrar parte del fin de semana.

Asegura Moreno que la idea surgió por parte del equipo directivo, que no fue algo que les hubieran comentado algunos de sus 400 empleados, entre los que hubo incluso cierta reticencia al pensar que la propuesta tenía un transfondo que no les estaban contando. Lo que hay detrás de la medida, sostiene, no es otra cosa que intentar paliar uno de los problemas del sector: la atracción y retención de talento. De hecho, en el último anuario elaborado por Hostelería de España, y presentado el pasado diciembre, se recoge la escasez de personal cualificado como uno de los seis retos a los que se enfrentan estos negocios.

“Hemos percibido una dificultad muy real de contratación en el último año”, expone Arévalo, quien opina que ya no basta con subir salarios, que hay que proporcionar mejores condiciones laborales a los empleados para ser más atractivos. Desde que anunciaron a sus trabajadores la medida de cerrar la tarde de los domingos, les han comenzado a llegar más currículos de familiares y conocidos de estos.

Son conscientes también de que un mal servicio, por un empleado descontento o simplemente cansado, puede arruinar la reputación de una empresa. “Nosotros sabemos que es muy difícil que a un cliente le falle nuestro producto, pero como le falle el servicio, no vuelve”, sostiene Julio. A lo que su sobrino añade una cita del empresario británico Richard Branson: “Cuida de tus empleados y ellos cuidarán de tus clientes”.

Confían, además, en que la cierta incomodidad que puedan tener algunos clientes por encontrarse las tiendas cerradas los domingos por la tarde se compense, en palabras de Moreno, “por la satisfacción de estar en un sitio donde se cuida al equipo”. En un momento en el que las empresas cuidan tanto su imagen, que se les asocie a un mayor bienestar de sus empleados consideran que puede ser un factor a valorar por los consumidores. Con respecto a algunas de las quejas entre los trabajadores de la hostelería, como son los turnos partidos o la poca previsión en los turnos, Arévalo detalla que desde hace años en Pastelería Mallorca hay horario continuo y la plantilla conoce con antelación cuándo tendrá que trabajar. “Además, los 30 días de vacaciones los tienen seguidos, lo que conviene a muchos de nuestros empleados que aprovechan para viajar a sus países de origen”.

Aunque el teletrabajo no es posible en su negocio, la empresa sí vivió con temor cuando muchas compañías mandaron a sus equipos a casa durante la pandemia. “Estábamos muy preocupados por si la gente no volvía a las oficinas, no se iban a reunir y, por tanto, no iban a necesitar nuestros productos de cátering. Pero lo que hemos percibido es que ya no van todos los días, pero cuando lo hacen, se intenta que haya un catering, se concentran las reuniones. Y de hecho hemos seguido creciendo en esa parte del negocio”, cuenta el director comercial.

Entre los planes de futuro de Mallorca, el más próximo es abrir este año un establecimiento frente al hotel Four Seasons, a pocos metros de la Puerta del Sol. Es el local que ocupaba otro icónico negocio madrileño, Hontanares. Preguntado por otros planes de expansión, Moreno contesta que son una empresa familiar a la que le gusta ir “muy poco a poco”. “Nunca hemos querido tener inversión externa. Hemos visto compañías de nueva creación, o algunas más longevas, que de repente han tenido aperturas y han empezado a correr porque ha entrado un fondo de inversión en ellas. Y normalmente no han tenido un buen futuro”.

Para poner un ejemplo del tiempo que se conceden para tomar una decisión de calado, Arévalo cita la tienda en la que transcurre la entrevista, en plena milla de oro madrileña. “Para cambiar el modelo de tienda de Serrano estuvimos cuatro años viajando, viendo establecimientos en todo el mundo hasta que dimos con lo que queríamos. En una empresa familiar no hay demasiado hueco para fallos. No puedes gastar uno o dos millones de euros en una tienda como esta y confundirte”.

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