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Fondos de deuda para invertir con la amenaza de alzas de tipos en el horizonte

En un contexto de incertidumbre sobre la política monetaria conviene escoger gestores activos en renta fija

Un dado con símbolos de subida y bajada.Panuwat Dangsungnoen (Getty Images/iStockphoto)

El conflicto en Oriente Próximo lo ha trastocado todo. No solo en geopolítica. También en algo tan cercano como los tipos de interés: esa referencia para las hipotecas o para calcular la rentabilidad de depósitos o fondos. La guerra en Irán ha provocado el cierre del Estrecho de Ormuz, un incremento del precio del petróleo y una subida generalizada de los precios. Los bancos centrales, a ambas orillas del Atlántico, han frenado las bajadas de tipos en las que estaban embarcados. El Banco Central Europeo (BCE) ya ha hecho una pequeña subida y la Reserva Federal de Estados Unidos —su banco central— se lo está pensando.

En este contexto, invertir en fondos conservadores —fondos especializados en deuda soberana y corporativa— implica adentrarse en un escenario voluble, donde es peligroso dejarse llevar sin más. La reciente experiencia de la guerra de Ucrania y el consiguiente repunte de la inflación, en 2022, demostraron cómo las políticas monetarias pueden dañar, y mucho, a las carteras de los inversores conservadores.

¿Pero por qué la inflación acaba afectando a los bonos? El proceso es el siguiente. Cuando los banqueros centrales suben los tipos de interés, para contener las subidas de precios, los nuevos bonos ofrecen mayor rentabilidad y hacen que los bonos más antiguos sean menos atractivos. Para igualar esa rentabilidad, el mercado ajusta el precio de los bonos antiguos a la baja. ¿Quién va a querer un bono del Tesoro que paga el 4% cuando ahora los nuevos bonos pagan el 5%? Como los fondos de renta fija valoran sus carteras a precios de mercado, esa caída se traduce en pérdidas temporales en su valor liquidativo.

“Estamos ante un claro escenario de riesgo asimétrico”, explica Francisco Quintana, estratega de mercados del grupo ING en España. “Si los bancos centrales suben los tipos de interés más de lo esperado, eso puede acabar explotando en la cara de los inversores más conservadores”, reflexiona el experto. “Y, lo peor de todo, es que esa decisión estará totalmente condicionada por el futuro bélico. Si continuara la guerra, acabarán subiendo los precios”.

El mencionado efecto se nota más cuanto más largos son los plazos de vencimiento de la deuda. “Es lo que llamamos la sensibilidad a los tipos”, relata Quintana. “Un bono a 10 años se devalúa mucho más por una subida de tipos que uno a dos años, por eso nosotros tenemos ahora una cierta preferencia por duraciones cortas”.

Ante esta situación, la receta del verano de ING para los inversores conservadores es aumentar el peso en bonos de alta rentabilidad —aquellos emitidos por compañías que no tienen la máxima calificación crediticia— “porque tienen duraciones bajas y porque la situación macroeconómica es razonablemente buena y no prevemos un incremento de la morosidad, al menos por ahora”, subraya Quintana. También están optando por sobreponderar los bonos de economías emergentes.

Una buena fórmula que tienen los inversores aversos al riesgo para navegar por estas aguas inciertas es subirse a fondos conservadores con gestores muy contrastados. Uno de los referentes del sector, para deuda corporativa, es Rafael Valera, consejero delegado de la firma independiente Buy & Hold, que ya administra más de 800 millones de euros. Su fondo B&H Bonds ha logrado una rentabilidad acumulada del 52% (4,1% anual) en la última década.

Deuda corporativa

Valera lleva años analizando la solvencia de compañías y sigue encontrando valor en muchos de sus bonos. “En general, soy muy descreído respecto a hacer pronósticos sobre política monetaria”, explica Valera. “Confío mucho más en una correcta selección de bonos corporativos y, sobre todo, en que los inversores se conozcan a sí mismos, porque es muy frecuente que haya clientes muy volcados en Bolsa, que se espantan cuando hay una caída del 10%, que es algo muy normal”.

Rafael Valera mantiene un posicionamiento prudente pero no pasivo: defiende la renta fija como una herramienta de inversión más predecible y centrada en la solvencia del emisor, especialmente en un entorno en el que los tipos han dejado atrás los niveles negativos y vuelven a ofrecer rentabilidad.

Otra de las gestoras más respetadas en el estricto control de riesgos es Dunas Capital. La firma dirigida por David Angulo demostró su saber hacer en 2022, cuando logró cerrar el año con sus fondos en positivo, pese al descalabro generalizado de los productos conservadores. La gestora ya administra fondos valorados en más de 5.000 millones de euros.

El enfoque de la firma se basa en el retorno absoluto. En lugar de lanzar fondos de bonos, fondos de acciones y fondos mixtos, tiene productos que persiguen un objetivo de rentabilidad —del euríbor más 2%, más 4%, más 6%...— que tratan de alcanzar con un estricto control de la volatilidad. Para ello, incluyen en sus vehículos cualquier activo óptimo para ese fin, desde derivados financieros a deuda corporativa a corto plazo, con excelentes resultados. Su fondo Dunas Valor Flexible, con un nivel de riesgo muy controlado, ha conseguido un retorno medio anual de casi el 6%, desde 2021.

Gestión activa

En el momento actual, los expertos de Dunas Capital han adoptado un enfoque de cartera extremadamente prudente, puesto que ven a la mayoría de los activos financieros muy caros. El director de inversiones de la firma, Alfonso Benito, explica que “en renta fija, apostamos por duraciones reducidas, de menos de cinco años, y con una cartera centrada en empresas de elevada calidad crediticia”.

Su máximo experto en bonos, José María Lecube, considera que tanto la deuda soberana europea como los bonos de empresas de alta calidad (investment grade, en la jerga) “están cotizando en los mercados a precios muy exigentes, por lo que no les vemos recorrido”. Tampoco encuentran valor en los bonos convertibles, una figura a medio camino entre la renta fija y las acciones. La gestora continúa identificando oportunidades en bonos corporativos de corto plazo de empresas “con fundamentales sólidos” y en bonos senior convertibles, que ofrecen una prima de rentabilidad atractiva.

Otro jugador en el ámbito de la renta fija corporativa es la firma Horos Asset Management. La gestora, que administra ya 400 millones de euros, estaba especializada en inversión en Bolsa, con filosofía de value investing —búsqueda de compañías infravaloradas—, pero ahora ha dado el paso de lanzar un fondo especializado en deuda de empresas. El producto Horos Patrimonio es un fondo de renta fija flexible que invierte principalmente en bonos de empresas aplicando una filosofía value, es decir, buscando emisiones infravaloradas tras un análisis profundo para optimizar la relación rentabilidad‑riesgo. El gestor del fondo, Juan Luis Fresneda, resume su enfoque en una idea clara: “en renta fija, lo más importante es no perder”, lo que refleja una estrategia centrada en la preservación del capital mediante una selección rigurosa de bonos.

Tanto Fresneda como Rafael Valera, destacan la importancia de la gestión activa en los fondos conservadores, especialmente en el momento actual. “En renta fija, más del 50% de los gestores batimos a los índices con los que nos comparamos, mientras que en Bolsa no llega ni al 10%”, apunta Valera. La principal razón es la forma en la que se construyen los índices —donde tienen mucho peso los países y empresas más endeudados— y la propia estructura del activo, los bonos. “Con los años vas viendo que un fondo de bonos es el vehículo idóneo para maximizar patrimonio para la inmensa mayoría de los inversores”, concluye el gestor.

Flujos de fondos

En lo que va de año, los fondos conservadores han liderado el volumen de captaciones en España. De acuerdo con los últimos datos facilitados por Inverco, la asociación gremial, entre el 1 de enero y el 30 de mayo, los vehículos especializados en deuda soberana europea a largo plazo han captado más de 3.000 millones de euros, lo que supone el 30% de todas las suscripciones netas.

En cambio, ha estado saliendo dinero de los denominados fondos de rentabilidad objetivo y de fondos garantizados, que también tienen un perfil conservador, e invierten en renta fija. La explicación es sencilla. Cuando en 2022 se produjo la subida de tipos más fuerte y rápida de la historia reciente, los bancos aprovecharon el momento para lanzar una batería de fondos que ofrecían una estimación de rentabilidad interesante, de entre el 3% y el 4% TAE. El inversor solo tenía que esperar a que llegara la fecha de vencimiento. El riesgo de subidas de tipos adicionales, que dañaran esas carteas, era muy bajo, y pudieron comercializar esos fondos como rosquillas.

Ahora, la situación ha cambiado. Ese dinero que estaba atrapado en fondos garantizados y fondos de rentabilidad objetivo ha ido llegando a su vencimiento en los últimos meses, pero ya los bancos no tienen tan claro que los vehículos idóneos sean esas carteras a vencimiento. Cuando las perspectivas de política monetaria son inciertas, como ocurre ahora, mejor confiar en los gestores activos, que vayan detectando las mejores oportunidades.

Otra buena alternativa para aquellos inversores que buscan un fondo de renta fija con un gestor contrastado es el Bestinver Rentas, conducido por Eduardo Roque. El producto ha logrado un rendimiento medio anual del 6,3% en los tres últimos ejercicios.

Se escoja el gestor que se escoja, la clave de la evolución de los fondos conservadores pasa por Golfo Pérsico. Francisco Quintana recuerda que “en el primer trimestre se descontaban dos subidas de tipos y estar en el 3% el año que viene, unas bajadas que habrían sido un chute de energía para el mercado, mientras que ahora ya hablamos de dos subidas, y volver al 4,5%”. La diferencia entre que se produzca uno u otro escenario, que cambia totalmente el panorama inversor, no se decidirá en la Reserva Federal o en Wall Street, sino en las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán. “Esta vez, la geopolítica lo va a condicionar todo”, resume Quintana.

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