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Aviso en los nuevos fondos conservadores: el alza de tipos puede provocar pérdidas

Las gestoras registran una nueva oleada de fondos a vencimiento que advierten del impacto de las subidas del precio del dinero en su rentabilidad

Sala de contratación de una entidad financiera.Alex Onciu

La última oleada de registros en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) confirma el empuje de los fondos de renta fija con horizonte temporal definido, también denominados fondos a vencimiento. Su creciente protagonismo va acompañado de una advertencia: el inversor puede perder dinero si las condiciones de mercado se deterioran, especialmente en un escenario de repunte de los tipos de interés.

En las últimas semanas semanas, más de una decena de fondos han sido registrados por distintas gestoras, con vencimientos que se extienden entre 2027 y 2031. Firmas como CaixaBank, Sabadell, Bankinter, Kutxabank, Ibercaja, Santander o Santalucía han reforzado su catálogo con productos diseñados para captar el ahorro conservador.

La gran mayoría de los nuevos lanzamientos responde a un mismo esquema: fondos de renta fija que fijan una fecha objetivo —habitualmente entre tres y cinco años— y que estiman una rentabilidad si el inversor mantiene la inversión hasta ese momento. Bajo denominaciones como “horizonte”, “target”, “buy and watch” o “rentabilidad objetivo”, estos vehículos se han convertido en la principal herramienta comercial de las redes bancarias.

Su gancho es ofrecer al cliente una expectativa de retorno en un entorno de tipos de interés todavía elevados, tras el giro de política monetaria del BCE. A diferencia de los fondos tradicionales de renta fija, estos productos construyen una cartera cerrada de bonos que se mantiene hasta el vencimiento, lo que reduce la volatilidad percibida a lo largo de la vida del fondo.

Los últimos fondos de renta fija registrados

Mensaje en los folletos

Uno de los elementos más llamativos de esta nueva generación de fondos es la inclusión de una misma advertencia en los mensajes de riesgo. La gestora avisa de que la evolución del valor liquidativo del fondo puede verse afectada negativamente si suben los tipos de interés.

Este riesgo, que puede parecer contraintuitivo para muchos inversores minoristas, responde a la propia mecánica de los mercados de deuda soberana. Cuando los tipos suben, el precio de los bonos en cartera —especialmente los adquiridos previamente con cupones más bajos— tiende a caer, lo que impacta directamente en la valoración del fondo. Otra forma de verlo: las subidas de tipos implican que la deuda se devalúa, los inversores exigen más al emisor (un país o una empresa) por financiarle, porque el futuro es más incierto.

En el caso de los fondos a vencimiento, este efecto puede ser especialmente relevante si el partícipe decide sacar el dinero antes de la fecha objetivo. Aunque el diseño de estos productos está pensado para minimizar el impacto de la volatilidad si se mantienen hasta vencimiento, la liquidez diaria implica que el valor de reembolso refleja en cada momento las condiciones de mercado.

De ahí que los folletos insistan en un doble mensaje. Este tipo de fondos no tiene una garantía de rentabilidad, sino una estimación. Y, además, hay un riesgo real de pérdidas en caso de movimientos adversos en los tipos. En 2022, cuando el BCE y otros bancos centrales subieron los tipos con fuerza para tratar de contener la inflación, ya provocaron una fuerte depreciación en los fondos de renta fija, incluidos los fondos a vencimiento.

El éxito comercial de estos fondos radica en su posicionamiento como alternativa a los depósitos. Con nombres y plazos fácilmente comprensibles, las entidades han logrado simplificar el mensaje para el cliente final. Sin embargo, ese carácter aparentemente conservador puede llevar a subestimar los riesgos reales.

Uno de los últimos fondos registrados es el CaixaBank Deuda Pública 2027, con una cartera de inversiones muy conservadora, con la que se puede esperar una rentabilidad ligeramente superior a la que ofrecen hoy los depósitos. A diferencia de los fondos garantizados —cada vez más escasos en la oferta actual—, estos productos no cuentan con un respaldo externo que asegure el capital o una rentabilidad mínima. En la práctica, su comportamiento depende íntegramente de la evolución de los activos en los que invierten, principalmente deuda pública y bonos corporativos.

Además, el contexto actual introduce una variable adicional de incertidumbre. Tras el ciclo de subidas del BCE, el mercado se encuentra en una fase de transición en la que no se descartan nuevos movimientos en la curva de tipos, lo que podría generar episodios de volatilidad incluso en segmentos tradicionalmente estables.

Pese a estos riesgos, la apuesta de la industria por este tipo de fondos sigue siendo firme. La rapidez con la que se suceden los lanzamientos refleja no solo el interés de las gestoras, sino también la demanda del cliente final, que busca alternativas de bajo riesgo en un entorno todavía incierto.

En la industria española de gestión de activos, la banca tiene un papel preeminente, y siempre se priorizan los productos más conservadores, que no lleguen a provocar pérdidas muy importantes a su clientela. Ahora bien, incluso estos perfiles de fondos, no son ajenos a los vaivenes de los mercados.

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