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La importancia de llamarse verde

Se está endurecido la normativa para denominarse sostenible. Casi mil fondos domiciliados en la UE han modificado su nombre

Painting the wall green again
joshblake (Getty Images)

Sostenible, responsable, impacto o transición son palabras que vemos cada vez con más frecuencia en las denominaciones de los fondos de inversión. Los departamentos de marketing son conscientes del tirón que acompaña en los últimos años a todo lo que tenga que ver con el cuidado del planeta y las buenas prácticas, y lo aprovechan.

De hecho, según el proveedor de datos internacional Morningstar, desde la introducción en el año 2018 del Plan Europeo de Finanzas Sostenibles, casi mil fondos domiciliados en Europa han modificado su nombre, añadiendo un término relacionado con la sostenibilidad.

Sin embargo, ¿ponerse nuevo apellido significa realmente que las políticas de inversión de esos fondos mejoran en ese sentido? No necesariamente. Es más, a tenor del estudio realizado por Morningstar, en general, los productos rebautizados muestran una mejora de su perfil de sostenibilidad en la fase de cambio de nombre, pero en la mayoría de los casos “no consiguen equipararse a otros fondos sostenibles y los esfuerzos por ser más ASG parecen desvanecerse con el tiempo”, lamentan en las conclusiones.

Por ejemplo, los vehículos rebautizados como ASG (usan criterios ambientales, sociales y de gobernanza) muestran una disminución de la exposición al sector de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) en el periodo anterior al cambio de marca y en los seis meses siguientes, pero, en general, el peso de este sector permanece por encima del de los demás fondos sostenibles, que no solo tienen un nivel más bajo, sino que lo mantienen más constante en el tiempo, deduce el estudio.

Supervisión

“Que la denominación de los fondos de inversión tenga más o menos ambición en materia de sostenibilidad debería contar con toda la credibilidad que se presume por haber superado un proceso de autorización previa con intervención de la CNMV”, asegura Ángel Martínez Aldama, presidente de la patronal del sector Inverco, en referencia a que estos productos “están sometidos a requisitos de autorización y supervisión, también en relación con su denominación, para que la información facilitada a inversores sea imparcial, clara y no engañosa”.

En ese sentido, según le consta a Úrsula García Giménez, cofundadora y socia de finReg360, firma española dedicada al asesoramiento regulatorio en el sector financiero, el supervisor del mercado está poniendo el foco en este ámbito “y ya ha instado a varias entidades a modificar el nombre de los fondos o a ajustar los criterios de inversión”.

Efectivamente, las gestoras están ajustando la denominación de sus productos a los criterios marcados por la CNMV que, en línea con lo señalado por el regulador europeo, indica que términos como “sostenible” y “sostenibilidad” solo se deben utilizar en aquellos fondos considerados artículos 8 y 9 por el Reglamento de Divulgación de las Finanzas Sostenibles (SFDR en inglés).

En concreto, los artículo 9, los más puros o verdes oscuro, declaran objetivos explícitos de sostenibilidad, mientras que los calificados como artículo 8 incluyen criterios ASG en el proceso de inversión. Asimismo, “el uso del término “impacto” o “inversiones de impacto” solo debe hacerse por aquellos fondos cuyas inversiones se hagan con la intención de generar impacto social o medioambiental positivo y medible. Otros términos tales como “ASG”, “verde”, “social”, “ético” o similares únicamente se pueden incluir si está justificado y es consistente con las características y la política de inversión de la IIC”, añade García Giménez.

Marta Olavarría, directora académica de programas de Finanzas Sostenibles del IEB, por su parte, reconoce que se ha estado usando estos términos desde hace años “sin ninguna limitación”.

No obstante, con el nuevo Plan de Acción de Finanzas Sostenibles de la UE “no estamos solo ante estándares voluntarios y buenas prácticas, sino ante una regulación europea que quiere impulsar este tipo de inversión. Este cambio en las reglas de juego hace que hayan proliferado los fondos de inversión y de pensiones con el término sostenible/verde en su denominación y que, por ello, sea conveniente introducir algunas reglas más sobre su mejor uso”, unas normas que, cree Olavarría, “deben ayudar al inversor a entender e identificar sin ningún tipo de ambigüedad cuándo está ante una inversión sostenible y cuándo no”.

Cambios en marcha

Marketing. La Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) considera que el nombre de un fondo es un “instrumento para comunicar información sobre el fondo a los inversores” y es también una “herramienta de marketing”, por lo que el pasado 18 de noviembre puso a consulta un borrador de directrices sobre las denominaciones de las IIC “con la que el supervisor europeo pretende orientar de forma más clara sobre el uso de los términos relacionados con la sostenibilidad o con los aspectos sociales y ambientales en los nombres de los fondos, y evitar que la información divulgada sobre sostenibilidad pueda dar lugar al llamado greenwashing”, destacan desde la firma de asesoramiento ­finReg360.

Del artículo 9 al 8. Ser fondo artículo 9, según el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles, es decir, tener objetivos explícitos de sostenibilidad, requiere cumplir una serie de requisitos que no todas las políticas de inversión son capaces de aguantar, de ahí que, en el cuarto trimestre de 2022, algo más de 300 fondos de inversión comercializados en Europa optaran por rebajar su etiqueta sostenible un escalón hasta artículo 8, calificación que solo exige que se incluyan criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en sus procesos de inversión.  

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