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Marco Lerín: cómo evolucionar de la ingeniería a la fusión de arte y negocios

El emprendedor abandonó su profesión hace 10 años para dedicarse a la filmación de documentales que transmitan mensajes poderosos

Marco Lerín, durante una de sus grabaciones.
Marco Lerín, durante una de sus grabaciones.

Marco Lerín es un hombre inquieto que viaja mucho y lo graba todo con su cámara. Es mentor audiovisual y de negocios, además de director cinematográfico e ingeniero. Reparte su tiempo entre las producciones que él mismo graba y la formación que imparte a quienes quieren aprender sus técnicas. Es un artista, pero también un hombre de negocios. Es un emprendedor. Busca dejar su huella positiva en el mundo y se presenta como un visionario en el ámbito audiovisual y de los negocios. Su empresa, MarcoLerinAcademy (www.marcolerin.com), ha sido su plataforma para compartir su experiencia y cambiar la forma en que entendemos y utilizamos el vídeo como herramienta de comunicación.

Desde 2015 Marco ha estado inmerso en su pasión por el cine, filmando en países de medio mundo y colaborando con reconocidas marcas. Su enfoque creativo se basa en la premisa de la libertad absoluta, un principio que considera esencial para la creación audiovisual de calidad. “Esta libertad creativa es la piedra angular de mi filosofía, permitiéndome destacar lo que amo y transmitir mensajes poderosos al mundo”, defiende. La diversidad de su cartera de productos es evidente como, por ejemplo, con la creación de documentales, incluido uno que da voz a un bebé mono instando a los humanos a proteger las selvas de Costa Rica. “Me gusta dejar claro que mi apuesta por filmar animales, especialmente aquellos en peligro de extinción, refleja mi compromiso con la conservación y mi deseo de despertar conciencia a través del arte”.

Para poder hacer ese trabajo hay que lograr beneficios, porque solo con el arte, sin facturar, no se come. Por este motivo, Lerín no se limita a la producción audiovisual; va más allá al ofrecer formación a aquellos que desean seguir sus pasos. Desde el primer momento les deja muy claro que hay que cobrar un precio justo por el trabajo. Ese arte que él pretende transmitir es imposible de difundir sin tener garantizada la estabilidad económica, que es lo que le permite desarrollar su creatividad. Además de la creación de contenidos, su emprendimiento incluye colaboraciones más amplias como la que ha desarrollado con el Gobierno de Sri Lanka, donde ha fijado su residencia, para promover el turismo consciente y respetuoso con la naturaleza. Esta actividad demuestra su compromiso con iniciativas que van más allá de los límites de su empresa, para contribuir al bienestar global.

Marco describe su modelo de negocio como una academia en línea, sin horarios fijos, con una comunidad global de aprendices que desean crear audiovisuales impactantes basados en la belleza, la neurociencia y el marketing emocional. “Mi objetivo es permitir que cualquier persona viva de lo que realmente ama”, recuerda. Marco emprendió hace diez años cuando decidió abandonar la ingeniería. Se marchó fuera de España buscando un entorno para realizarse personal y profesionalmente. Estaba seguro de que en España no lo lograría. Al hablar de las características esenciales de un emprendedor, destaca la importancia de creer en la visión y el sueño, enraizarse en el presente y apreciar el proceso. También, advierte contra la desconexión de valores y nuestra esencia, porque considera que los emprendedores tienen un poder significativo que puede ser positivo o negativo.

En todo este proceso, reconoce que ha cometido el error de escuchar las limitaciones proyectadas por otros y el miedo inculcado por la educación convencional. Sin embargo, “mi mayor acierto ha sido apostar por la vida y elegir emprender mientras disfruto del presente”. Se considera un hombre valiente, sensible y amante de la libertad.

Me cuenta que el mayor valor que aporta su actividad es que en un mundo digitalizado, hay infinidad de personas con proyectos personales y profesionales enraizados en valores que mejoran nuestra sociedad y deben triunfar, pero hay algunos obstáculos.

Hay aprendices, y también profesionales, que “no utilizan el vídeo correctamente como herramienta de venta, no conectan emocionalmente con los demás, se pierden en estrategias complejas, caminan solos y tratan de aprender en cursos y formaciones muy complejos. Se olvidan de la práctica y de su propia alma”.

www.juanmaromero.com

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