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Exportación de residuos: luces y sombras de una industria europea en ascenso

La industria del reciclaje ha permitido que los remanentes de otras actividades económicas sean convertidos en materias primas exportables. Sin embargo, los delincuentes se saltan las regulaciones para beneficiarse

Residuos Gráfico
Belén Trincado Aznar

“La basura de un hombre es el tesoro de otro” ya no es solo un refrán, sino la consigna de un sector que factura más de 20.000 millones de euros anuales en exportaciones, según las cifras más recientes de Eurostat. Se trata del procesamiento y la exportación de residuos, una industria directamente vinculada al reciclaje y que rescata los materiales reutilizables de los desperdicios. La Comisión Europea corrobora el auge: sus últimas estimaciones aseguran que el volumen de envíos al extranjero ha aumentado un 75% desde 2004. No obstante, tanto las empresas como las ONG y los legisladores europeos concuerdan en que la rentabilidad de estas actividades atrae a malos elementos, que se saltan las regulaciones para extraer beneficios de manera clandestina.

Los envíos de residuos europeos a terceros países están principalmente compuestos por materiales recuperados de otras actividades económicas (como por ejemplo la chatarra, los escombros de las demoliciones o los desechos industriales). Los metales férreos son la principal categoría en la exportación europea de residuos, seguida por el papel y cartón, los metales no férreos, los textiles, los minerales, los plásticos y el caucho, en ese orden (ver gráfico). El 37,5% proviene del sector de la construcción, mientras que el 23,4% viene de industrias extractivas y el 10,7% del sector manufacturero. Cabe decir que exportar residuos sin procesar está prohibido por la legislación europea (la actual normativa data de 2006 y está basada en el Convenio de Basilea de 1989).

Desde la Federación Española de Recuperación y Reciclaje (FER), una asociación que agrupa a las principales empresas del sector en España, indican que el principal destino de las exportaciones es Turquía. Según esta patronal, se envían unos 14,7 millones de toneladas al año desde la Unión Europea a este país. Le siguen la India, que absorbe unos 2,4 millones de toneladas, y Egipto, con 1,9 millones de toneladas.

Por otra parte, dentro de las fronteras geográficas europeas, los principales receptores serían Suiza e Inglaterra, que reciben 1,7 y 1,5 millones de toneladas de residuos procesados al año respectivamente, según las ultimas cifras de Eurostat (que corresponden a 2021). Les sigue Noruega, que recepciona 1,4 toneladas, mientras que Portugal, Francia y Alemania también reciben importantes cantidades, particularmente de metales.

Si bien India es el principal destino asiático, Pakistán también recibe alrededor de 1,3 millones de toneladas de residuos europeos anualmente, según Eurostat. Asimismo, desde la FER explican que China también es un importante mercado para metales como el cobre y el aluminio. “No hay que olvidar que existe una balanza comercial y también hay importaciones. Por ejemplo, España recibe acero para la industria siderúrgica”, responde Alicia García-Franco, directora general de la Federación Española de Recuperación y Reciclaje (FER) a CincoDías.

García-Franco atribuye el bum del sector a distintos factores. Algunos de los motivos que cita son la proliferación de la economía circular, la globalización y el aumento del consumo. No obstante, resalta que el aumento de las exportaciones en particular estaría muy vinculado a la desindustrialización que el continente ha sufrido en las últimas décadas. “Cuando no hay un mercado dentro de Europa, hay que exportar. Lamentablemente ahora mismo no hay una industria muy fuerte en la región. A la hora de la exportación se clasifican como residuos, pero realmente lo que son es materias primas. Si no hay demanda, tienen que ir a otros lugares”, señala la directora de la FER.

Asimismo, desde la patronal destacan que el ahorro puede ser enorme al optar por materias primas provenientes de residuos en comparación con las de otros orígenes, sobre todo en el campo energético. “A nivel de costes, extraer aluminio de la bauxita consume un 95% más de energía que si lo coges de la chatarra. En el cobre se ahorra el 85%; para el hierro y el acero se ahorra el 72%; en el zinc, el 60%. En el caso de los textiles llega al 99% y en los neumáticos, al 85%. Esto se ve reflejado en el precio”, detalla García-Franco.

En esta línea, desde la FER resaltan que, como tal, el sector del reciclaje y la recuperación de materiales ya representa el 1% del PIB de España, con un volumen de negocio de 10.000 millones; y que en Europa el sector factura alrededor de 95 billones de euros y representa más de 300.000 empleos.

Dicho esto, desde la patronal añaden que el sector tiene gran potencial de crecimiento, y que este también se puede potenciar en el contexto de la búsqueda de la autonomía estratégica que la región quiere potenciar. No obstante, afirman que sin un crecimiento proporcional de la industria local, la mayoría de la producción seguirá encontrando compradores fuera del viejo continente. “Ahora mismo Europa está desarrollando la ley de materias primas estratégicas, entre ellas las tierras raras. Es necesario salvaguardar estos materiales, pero a la misma velocidad se tiene que impulsar la reindustrialización. Por mucho que logremos extraer estos minerales, si no hay demanda dentro de la UE no lo podremos vender dentro de las fronteras”, recalca García-Franco.

Tráfico de residuos

Los delincuentes también se han fijado en las posibilidades, el potencial y la rentabilidad del sector. De hecho, la Comisión Europea estima que, en la actualidad, más de un tercio de los traslados al exterior pueden ser ilícitos. “El tráfico de residuos es uno de los delitos medioambientales más graves de la actualidad. Daña el medio ambiente pero también las empresas legítimas. Además, existe un vínculo claro entre el tráfico de residuos y el crimen organizado”, sentencia un comunicado de la Comisión Europea. En esta línea, el Ejecutivo comunitario anunció el 17 de noviembre que intensificaría la vigilancia sobre el sector con una nueva legislación. En particular, se prohibirá la exportación de residuos plásticos a países no miembros de la OCDE, salvo que se cumplan las condiciones determinadas.

Un ejemplo de esta actividad criminal ha sido la detención de 25 personas involucradas en una operación de tráfico ilegal de residuos en agosto por parte de la Guardia Civil. Los involucrados exportaban principalmente vehículos al final de su vida útil y habrían obtenido beneficios cercanos al medio millón de euros por llevar estos productos a países africanos, Italia, Portugal y Polonia. Las fuerzas del orden enfatizan la sofisticación de estas organizaciones, ya que los delincuentes habían adquirido numerosos bienes muebles e inmuebles, constituido sociedades, e incluso habrían abierto fondos de inversión.

“En todo sector siempre hay quien no cumple con la legalidad. Hay que tener en cuenta que estos residuos se llevan como productos, con el objetivo de que sean procesados en lugares donde no hay prevención de riesgos laborales, no se pagan impuestos y no hay instalaciones adecuadas. Así reducen los costes para que les salgan las cuentas”, señala García-Franco, que añade que la regulación para las empresas legales es extremadamente rigurosa en cada parte del proceso.

Ciertas partes de la sociedad civil también llaman la atención sobre la huella ambiental que dejan las exportaciones ilegales. “Los residuos se tienen que tratar lo más cercano posible a donde se han producido. Por ejemplo, en el caso de los desechos electrónicos hay un circuito paralelo que está desviando estos artículos a países como Ghana, Nigeria o Pakistán. El transporte deja una huella ambiental brutal. Finalmente, se ocasionan desastres ecológicos, porque los desechos no se pueden procesar de forma adecuada y a veces se terminan incinerando”, responde Julio Barea, encargado de residuos de Greenpeace España a este periódico.

Barea añade que este tráfico de residuos también hace un daño económico a los países, puesto que absorbe productos que se tendrían que procesar y que podrían generar un valor dentro de las fronteras europeas. “Esto pasa también con los envases, que llegan a países como Tailandia y Malasia. Terminan contaminando las aguas y los lugares donde viven las personas. Lo mejor sería no exportar y tratar todo lo más cerca posible. Eso es lo más lógico y sostenible”, señala el portavoz de Greenpeace.

En esta línea, desde la ONG destacan que a pesar de la legislación se ha creado un mercado negro. “Hay muchas leyes, pero la exportación se hace principalmente desde los puertos españoles. No hay capacidad de controlar todos los contenedores que salen al día, y las autoridades están concentradas en la droga y las personas. Es muy difícil de fiscalizar”, lamenta Barea.

En este contexto, Bruselas ha determinado que potenciará la circulación de residuos para su reciclaje y reutilización entre los Estados miembros, enmarcando la reciente legislación en la transición de la UE hacia una economía circular y la seguridad del suministro de materias primas. Dicho esto, aseguran que la UE modernizará los procedimientos actuales para el envío de residuos, haciéndolos “más digitales”. Asimismo, se harán más “fáciles y eficientes” los procedimientos rápidos para determinadas instalaciones elegibles designadas para estos procesos. “Esto facilitará que los residuos vuelvan a entrar en la economía circular en toda la UE, sin reducir el nivel necesario de control para dichos envíos”, señalan desde el Ejecutivo comunitario.

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