El efecto dominó que provocará el fin de la política Covid-0 de Pekín

El hecho de que China crezca en 2023 al 3%, como el año pasado, o al 5%, como pronostican algunos economistas, cambia el panorama de la economía global

A diferencia de cualquier otro país del mundo, tres años después de desatarse la pandemia, China seguía manteniendo una política ultra proteccionista en relación con el Covid. Durante los juegos olímpicos, el ciudadano chino vio mejor que nunca que la realidad que estaban obligados a vivir en el país en nada se parecía con lo que estaba pasando en el resto del mundo. Y comenzaron a salir a la calle a protestar contra unas medidas de control y restricción de libertades abusivas incluso para un país acostumbrado a tanto totalitarismo.

Es difícil saber qué influyó más en el cambio de rumbo de la política de Xi Jinping, si la desaceleración económica cada vez más preocupante o las revueltas sociales cada vez más recurrentes en contra de las medidas para frenar la tasa de contagios. Bien sea por uno u otro motivo, el cambio de enfoque tendrá repercusiones significativas no solo en la evolución económica de China, sino a nivel global. El gigante asiático es la segunda economía más importante del mundo, solo superada en términos de PIB por EEUU y, además, es el mayor importador de materia prima del planeta. Por tanto, que China crezca este 2023 al 3%, como hizo el año pasado, o que se acerque al 5%, como ya pronostican algunos economistas, cambia por completo el panorama general.

A lo largo de los últimos meses hemos visto como el Gobierno chino ha ido implementando medidas monetarias y fiscales expansivas, es decir, ha comenzado a tomarse muy en serio la reactivación económica del país, después de haber registrado la peor tasa de crecimiento de las últimas décadas durante 2022. Gracias a que no tienen que lidiar con una inflación descontrolada, porque en su momento no reaccionaron con programas de ayudas gigantes, como se hizo en EEUU y en Europa, ahora pueden llevar a cabo programas de estímulo para mejorar el consumo y la inversión y para frenar el deterioro del mercado inmobiliario. El banco central de China es de los pocos del mundo que mantiene tipos de interés reales positivos, lo que da una idea de cuánto margen monetario tiene aún disponible el coloso chino, si es que necesita implementar futuros programas pro crecimiento.

Pero como suele ocurrir siempre, junto al aspecto positivo de este cambio de política en torno al Covid, también se vislumbran efectos negativos. Por un lado, en el corto plazo, la situación a nivel sanitario debe ser mucho peor de lo que nos intentan hacer creer los responsables del departamento de salud. Sabiendo lo que ocurrió en el resto del mundo, cual es el nivel de vacunación, la efectividad de las vacunas chinas y la capacidad sanitaria del país, todo parece indicar que las cifras oficiales que se conocen distan mucho de la realidad que se estará viviendo. Las distintas olas de contagio que golpearon a las economías del mundo durante 2020 y principios de 2021 provocaron grandes dificultades a la hora de restablecer una actividad económica normal. Y es muy probable que vuelva a suceder ahora en China, de modo que las tasas de crecimiento en la primera parte de 2023 podrían ser aun más bajas de lo inicialmente previsto. A largo plazo, sin embargo, todo apunta a que el cambio de rumbo de Xi Jinping era un paso que había que dar y que facilitará que China vuelva a niveles de PIB por encima de los registrados estos últimos años.

El otro aspecto potencialmente negativo tiene que ver con la evolución de los precios. Uno de los motivos que más está ayudando a que la inflación remita es que el precio de la energía y otras materias primas hayan vuelto a niveles pre-Covid. Y a su vez eso ha sido posible gracias a que China, que es el mayor importador de commodities del mundo, haya estado en una situación económica endeble desde el año 2020. Pero si los cambios que ha implementado Xi surten el efecto deseado y la economía comienza a mostrar un ritmo de crecimiento mayor, es razonable esperar que el precio de la materia prima vuelva a subir, lo que podría cuestionar la vuelta de la inflación al 2% a nivel global para finales de 2024 o principios de 2025. No podemos olvidar que, a diferencia de lo que está haciendo el Gobierno chino, en el resto del planeta los bancos centrales están subiendo el coste de financiación a un ritmo sin precedentes. Y que, si perciben que el cambio de rumbo de China pudiese acabar generando nuevas presiones inflacionistas, entonces tal vez mantengan sus políticas monetarias restrictivas durante más tiempo, lo que supondrá un riesgo para el crecimiento económico global.

2023 se presenta como un año apasionante desde el punto de vista macro, donde será crucial ver si encajan bien las piezas de un puzle donde conviven dos grandes objetivos: reducir la inflación sin generar una recesión. Y es probable que China juegue, una vez más, un papel crucial en el desenlace del juego. 

Pablo Gil es Analista jefe de XTB