Rafael Rivas: “El juguete es una herramienta educativa”

La empresa que dirige ha obtenido varios premios por sus colecciones de juguetes con las que pretenden enseñar a los niños sobre diversidad y emociones

Rafael Rivas: “El juguete es una herramienta educativa”

Rafael Rivas (Madrid, 1966) lleva tres años al frente de Miniland, una “pequeña empresa”, según sus palabras, con 120 empleados y una facturación de 20 millones de euros, que en los últimos años se ha hecho con algunos de los premios más importantes del sector juguetero. Los más recientes, dos platas en los Play for Change Awards, que entrega la Toy Industries of Europe, la asociación que aglutina a los fabricantes europeos del juguete. Resultaron premiados su Emotions Buddy (peluche de emociones) y la colección de muñecos con implante coclear. Dos productos que muestran la apuesta que la compañía viene desarrollando desde hace décadas por enseñar a los niños la diversidad y potenciar su aprendizaje emocional.

¿Cómo han cambiado los juguetes desde que se fundó Miniland hace más de 50 años?

Desde temas formales regulatorios a los materiales, donde ha habido una enorme evolución. La introducción de la tecnología, tenemos juguetes con realidad virtual. Así como el enfoque de lo que significa el entretenimiento, y ver el juguete como una herramienta educativa para los niños, no solamente para que estén entretenidos, sino que además tengan una parte de formación para afrontar retos del futuro.

¿Qué es lo que puede aportar Miniland a la industria juguetera y a la educación de los niños?

Los valores educativos en términos de inclusión y diversidad de los que se está hablando en los últimos años, Miniland ya los está trabajado desde hace décadas. Tenemos muñecas de diferentes razas desde hace muchos años, así como muñecos sexuados. Sacamos hace tres años una colección con muñecos con síndrome de Down, y este año hemos lanzado otra en la que llevan implantes cocleares. Entendemos que es una manera muy sencilla de empezar con los niños desde lo más básico, para que entiendan lo que es la diversidad y la inclusión en el mundo. Esto nos ha puesto en primera línea en Europa y en Estados Unidos, donde estamos teniendo premios y reconocimientos por estos productos. Para nosotros no es una moda, es un tema en el que siempre hemos estado involucrados. No es que nos hayamos aprovechado de una ola, es que la ola ha venido y nosotros ya estábamos ahí.

¿Hay algún premio que les haya hecho más ilusión?

Lo que nos encanta es que tenemos este reconocimiento a esta labor que estamos haciendo. Nos enorgullece mucho que una pequeña empresa de Onil tenga un reconocimiento a nivel europeo, y que nos pongan al nivel de Lego o de Hasbro, que son multinacionales. Tenemos muy claro las cosas que queremos hacer, y de repente nos hemos encontrado en esta situación, que nos reafirma en que algo debemos estar haciendo bien. Quizá porque la sociedad ya tiene una madurez que está al nivel de entender qué es la propuesta de valor de Miniland.

¿Están los consumidores más concienciados con los materiales que se usan para fabricar los juguetes?

Sin duda. Hay una cosa que es muy clara, que es la sensibilización con el tema de los materiales que se emplean. A un mismo precio, si el juguete tiene un material más ecológico y sostenible, va a ser el elegido. Estamos en un proyecto para hacer juguetes más sostenibles, con bioplásticos. Queremos que nuestros productos sean reutilizables, que duren muchos años, que estén fabricados con materiales que se puedan reciclar,y tratamos de reducir el uso de plásticos. Miniland es una de las 2.000 empresas en España que están certificadas con reducción de huella de carbono.

¿El precio es una barrera para el consumidor a la hora de adquirir productos más sostenibles?

Tenemos una encuesta que señala que al mismo tipo de producto un 10% más caro, el 70% de los consumidores no lo comprarían. La gente está muy concienciada con el tema de los materiales sostenibles, pero todavía no está dispuesta a pagarlos. Ahora mismo, la oferta de materiales ecológicos no es muy amplia, y esto hace que los costes sean más elevados para producir este tipo de juguetes. Los fabricantes tenemos que conseguir que sean competitivos y que los productos sostenibles estén al mismo precio que los habituales. Para nosotros es un camino a seguir y en eso estamos. Es el reto que tenemos que afrontar, y creo que llegaremos a superarlo en los próximos cuatro o cinco años. La industria del juguete, tanto en España como en Europa, va a seguir estos pasos claramente.

¿El principal competidor sigue siendo el producto que viene de Asia?

Sin duda. Y para nosotros, quizá, este nivel de concienciación que existe en Europa es una oportunidad de diferenciarnos de productos que vienen de Asia y no están fabricados con este tipo de materiales.

¿Cómo está afectando la inflación a la campaña navideña de la compañía?

Está afectando porque no estamos trasladando los costes en los que estamos incurriendo de manera directa al consumidor, y se nos están estrechando los márgenes. El año pasado tuvimos tres retos: el suministro de materiales, el transporte y la energía. Este año se han sumado dos más: la inflación y el tipo de cambio. Si todo esto lo repercutiéramos al consumidor, los precios estarían verdaderamente disparados. Están subiendo, pero no en la misma medida que se nos están elevando a nosotros los costes. En estos momentos, la industria del juguete, y nosotros como parte de la misma, estamos sufriendo unos recortes de márgenes bastante importantes.

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