TUI afronta una demanda millonaria por una supuesta intoxicación masiva en Cabo Verde

Le acusan de ofrecer alimentos en mal estado y poco cocinados. La denuncia colectiva afectaría a tres hoteles de Riu y dos de Meliá

Bufé libre en uno de los hoteles de la cadena balear RIu en Cabo Verde.
Bufé libre en uno de los hoteles de la cadena balear RIu en Cabo Verde.

TUI, el mayor turoperador europeo, afronta una demanda colectiva que preparan 540 turistas británicos que viajaron a lo largo del pasado verano a Cabo Verde y se vieron afectados por distintos transtornos gástricos (vómitos o diarreas) o que fueron infectados por bacterias como el helicobater pylori, escherichia coli o salmonella durante sus vacaciones entre mayo y octubre. Todos lo achacaron al mal estado de los alimentos servidos en algunos establecimientos hoteleros del archipiélago.

Esa supuesta intoxicación tuvo lugar en seis hoteles situados en la isla de Sal, de los cuales tres pertenecen a Riu (Riu Palace Santa Maria, Riu Cabo Verde y Riu Funana), dos a Meliá (Sol Dunas y Meliá Dunas) y uno a TUI (TUI Blue Cabo Verde). El anuncio de la demanda, hecha pública la pasada semana en la prensa británica (todavía no se ha presentado), habla de “comida poco cocinada, en mal estado, en contacto con pájaros, gatos o moscas y con un extraño olor a azufre”.

La firma de abogados Irwin Mitchell, con sede en Sheffield (Reino Unido), es la que se ha encargado de llevar el caso de esos 540 demandantes, de los que 200 se alojaron en el Riu Palace Santa Maria. “Muchos vieron arruinadas sus vacaciones en la isla de Sal. Hubo muchos afectados en los hoteles, en la misma región, con el mismo turoperador, por lo que se han quedado muchas preguntas sin respuestas sobre lo que pasó este verano”, aseguró Jatinder Paul, abogado senior de Irwin Mitchell, en declaraciones al diario británico Daily Mail.

Desde la filial de TUI en Reino Unido lamentan la demanda y rechazan realizar cualquier comentario. “Como ahora es una cuestión judicializada sería inapropiado realizar cualquier comentario”, señala un portavoz, quien, no obstante, recalca a todos los clientes “que todos los hoteles se auditan para garantizar los procedimientos de salud y seguridad, incluyendo la higiene”. Fuentes hoteleras recalcan que el análisis de los datos sobre posibles brotes recabados en el tiempo comprendido en la demanda descartan la posibilidad de una epidemia o de un contagio masivo, reduciendo las enfermedades a casos puntuales, y apuntan a la posibilidad del regreso tras la pandemia de las estrategias oportunistas de los bufetes de abogados británicos en busca de demandas colectivas. “Todo apunta a que fueron los propios turistas los que trajeron los virus o las bacterias y que los transmitieron por la relajación de las medidas de distanciamiento fijadas durante la pandemia”.

La futura presentación de la demanda contra el turoperador alemán es tan solo el penúltimo episodio de una estrategia premeditada por parte de los bufetes de abogados británicos. La última sentencia ligada a este tipo de reclamaciones se conoció el pasado mes de mayo y obligaba a TUI a indemnizar a 83 turistas con el pago de 232.000 libras (269.000 euros) a raíz de una denuncia colectiva interpuesta por una intoxicación alimentaria en 2019 en el hotel Holiday Village Lanzarote. Una cifra que puede crecer hasta las 400.000 libras (464.000 euros) con las otras demandas del mismo caso que se tienen que dilucidar a lo largo del año que viene.

El lucrativo negocio de los ‘claim farmers’

“¿Quieres que te salgan gratis las vacaciones?”. Con esa pregunta decenas de personas contratadas por bufetes de abogados se apostaban en las salidas de los hoteles y de las discotecas en Palma de Mallorca para captar turistas británicos que se sumaran a demandas colectivas para reclamar indemnizaciones a los hoteles.

El cénit se alcanzó en 2016, cuando la patronal hotelera mallorquina contabilizó demandas que sumaban un importe superior a los 50 millones de euros. Los empresarios se quejaron en aquella época de un sistema legal británico muy garantista con el cliente, que solo necesitaba presentar una receta de una farmacia para que fuera el hotel el que tuviera que demostrar que no estaba implicado en la intoxicación.

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