¿Qué debo esperar de un fondo de renta fija?

En fondos con filosofía sencilla la rentabilidad se puede estimar, pero en los de gestión flexible suele entrañar una mayor dificultad

Desde el 2015, la rentabilidad en euros que han ofrecido los bonos corporativos más solventes ha estado por debajo del 2%, llegando a ser cercana al 0% en noviembre del año pasado. La situación ha cambiado de forma radical en solo un año. Actualmente, los inversores exigen más de un 4% a compañías sólidas. Si los bonos son de cupón fijo, que suele ser lo habitual, su precio se corrige en el mercado hasta alcanzar la rentabilidad que demanda el comprador.

Un ejemplo que puede ilustrar lo que ha pasado es un bono de FCC Aqualia que vence en agosto de 2027. Se emitió en agosto de 2017 a un precio de 100 con cupones anuales del 2,6%. Hace justo un año el mercado le pedía solo un 0,6% de rentabilidad media anual y su precio estaba claramente por encima de 100, concretamente a 110. Cuando escribo esta tribuna cotiza por debajo de 92, que significará a vencimiento más de un 4,6% de rentabilidad. Ya se habrán dado cuenta que solo es fijo el cupón o renta, el precio no.

El precio al que se puede vender un bono varía en función de las condiciones de mercado, pero, si se mantiene hasta vencimiento, el inversor puede saber lo que va a ganar, salvo impago. Si lo compras en la emisión, tu rentabilidad media anual será el cupón. Si lo compras por encima de 100 la rentabilidad media al final será menor, aunque vayas recibiendo un cupón mayor. Y si, como es el caso actual, lo compras por debajo de 100, la rentabilidad media será mayor que el cupón, porque compras a menos de 92 y, al final, te devolverán 100.

Tras el fuerte incremento en la rentabilidad exigida a los bonos corporativos, muy atractiva si la comparamos con la ofrecida en el último decenio, muchas gestoras han lanzado fondos cuya filosofía de inversión es comprar bonos a vencimiento. El comportamiento podemos esperar de este tipo de fondos es muy similar a lo que hemos visto con el ejemplo del bono, con la ventaja de la diversificación que disminuye el riesgo de impago. Además, si invierte como persona física, en el fondo puede diferir la tributación.

Estos fondos suelen tener algún pequeño inconveniente frente a comprarse un bono. Normalmente, si se quiere salir del fondo antes del vencimiento, se suele penalizar con una comisión de reembolso. En mi opinión, las ventajas compensan sobradamente los inconvenientes. Nos pueden ofrecer invertir en el bono de una compañía que conozcamos y parecernos impensable que pueda dejar de pagar su deuda. La probabilidad de que las compañías más solventes dejen de pagar es muy baja, pero, si te toca la compañía que deja de pagar te hace una faena monumental y, habiendo cientos de bonos de este tipo, para qué arriesgar. Por otro lado, aunque se tenga la opción de salir, la penalización hace que el inversor se comprometa hasta el final y entre tanto, la fluctuación del valor liquidativo le debería dar igual.

Si el funcionamiento de estos fondos es tan simple ¿Por qué cuesta tanto entender el comportamiento de otros fondos de renta fija?

La mayoría de los fondos de renta fija disponibles no se gestionan de este modo. En general, un fondo abierto no suele mantener los bonos hasta su vencimiento. La mayoría tiene vocación de perpetuidad en el tiempo y la renovación de bonos dificulta la comprensión de su comportamiento, pero si la filosofía de inversión es simple, es relativamente fácil estimar lo que puede pasar. Su asesor le debería poder ayudar.

Las políticas de inversión en fondos de renta fija pueden ser de lo más variadas: los hay que invierten solo en bonos corporativos, otros solo en bonos de gobiernos y otros en ambos. También hay variedad en los plazos: los hay que siempre invierten en bonos a corto plazo y otros solo en bonos a largo y otros que van variando el plazo. Y, además, en algunos fondos se pueden vender bonos. Cuanto más restringida es su política de inversión, más fácil es predecir su comportamiento en diferentes escenarios de mercado. Y, al contrario, cuanto más flexible es su gestión, más difícil es estimar cómo se podría comportar. En el primer caso se asume más riesgo mercado y en el segundo más riesgo gestor.

La baja rentabilidad ofrecida hasta ahora por los bonos era una anomalía y, la mayor anomalía era la rentabilidad de los bonos del Gobierno alemán: había que pagar por prestarle. Esta inusual situación hacía que muchos asesores recomendaran fondos de gestión muy flexible. Esperaban que la habilidad de los gestores supliera la falta de rentabilidad de los bonos. Pero eso era cualquier cosa menos fácil. Muchos empezaron haciendo lo evidente: comprar bonos corporativos y vender el bono alemán, pero la situación se alargó tanto en el tiempo que fue difícil aguantar. Era una estrategia con la que se perdía frente a la de solo comprar. Muchos de estos fondos decepcionan este año. Como ya pasó con los hedge funds en el 2008 y sus sucesores líquidos en el 2018.

La buena noticia es que el mercado de renta fija está volviendo a la normalidad y ya no será necesario hacer cosas raras para volver a ganar.

Marta Díaz-Bajo es directora de soluciones de inversión de Atl Capital