Unas elecciones que puede y debe ganar la CEOE en su totalidad

La carrera por la presidencia de la CEOE, que culmina en las elecciones del próximo 23 de noviembre, ha propiciado que afloren con fuerza y nitidez los intereses contrapuestos, la pluralidad de diagnósticos y las diferencias de liderazgo que coexisten bajo las siglas de la patronal. Pese a que a priori el guion apuntaba a una campaña previsible, homogénea y focalizada en una única y potente candidatura, la del actual presidente, Antonio Garamendi, la inesperada entrada en escena el pasado 4 de noviembre de la candidatura de Virginia Guinda, vicepresidenta de Fomento del Trabajo y empresaria del sector papelero, ha agitado de forma notoria la campaña de una CEOE que, como toda organización, cuenta con movimientos de tierra y presiones ad intra.

Aunque desde la presentación de su candidatura, Guinda ha reiterado con firmeza que puede desbancar a Garamendi, a día de hoy las cuentas sobre la contienda electoral no parecen sugerir un escenario de sorpresa. Al margen de que este pueda producirse, la candidatura de la vicepresidenta de Fomento del Trabajo ha logrado canalizar de forma expresa y oficial el malestar que existe en una parte de CEOE, que se queja de falta de diálogo interno suficiente y de escasa sensibilidad hacia los distintos intereses que conviven en la organización. En este sentido resulta significativo que en la entrevista que ha concedido a este periódico, Guinda defina como su primer objetivo, en caso de alcanzar la presidencia, “el dar voz a los distintos intereses de los sectores económicos y a los distintos territorios”. Pese a ello, no es la única diferencia respecto a la actual directiva, con la que mantiene enfoques diversos –aunque no opuestos ni radicalmente divergentes– en materias como el salario mínimo interprofesional, la reforma laboral o la revisión del sistema fiscal.

El hecho de que unas elecciones presidenciales saquen a la luz diferencias y agitaciones en el seno de una patronal integrada por sectores, industrias y territorios tan amplios no es sorprendente. Pero esa heterogeneidad, que constituye al tiempo un signo de vitalidad, debe canalizarse de forma que pueda propiciar un diálogo más profundo, una mejor representación de las diferentes voces y una mayor transparencia en la gestión, en lugar de favorecer la proliferación de reinos de taifas y disputas internas bajo una falsa uniformidad. Si la carrera mantenida entre Garamendi y Guinda desemboca en una nueva etapa de mayor cooperación, flexibilidad y representación en la dirección de CEOE, la patronal en su conjunto habrá ganado estas elecciones, y lo haré independientemente de su resultado.