Pompas positivas para el inversor

Más allá del ruido y la volatilidad a corto plazo, es un momento propicio para encontrar buenos activos a precios razonables en renta fija y renta variable

Encaramos la recta final de un año en el que los inversores hemos asistido a un vuelco radical en la rentabilidad que podemos esperar de nuestras inversiones mirando hacia delante.

Las lecturas de inflación han propiciado un clima de mayor incertidumbre en nuestras economías de la mano de unos bancos centrales más restrictivos de lo esperado. Su objetivo es frenar el consumo y la inversión de familias y empresas, lo que terminará impactando al crecimiento, pero también acabará por moderar la indeseada inflación.

No saber cuál va a ser el límite al cual llegarán los bancos centrales en su proceso de endurecimiento monetario es el principal interrogante con el que llevan especulando los inversores todo el año. Ni siquiera ellos mismos saben cuál será el tipo de interés en el que harán una pausa y, por ahora, tanto el Banco Central Europeo como la Reserva Federal han expresado que el proceso de subida de tipos de interés sigue su curso. La pausa dependerá de los datos económicos y de inflación que conozcamos los próximos meses.

Más allá del ruido y la volatilidad que podamos tener en el corto plazo alrededor de estos temas, tenemos que centrarnos en lo fundamental, y es que ahora encontramos buenos activos a precios razonables, tanto en renta fija como en renta variable. Los mercados ya han incorporado en precio la nueva situación de tipos de interés, e incluso reflejan las subidas de tipos que están por venir en los próximos meses. Después de pasar por un año doloroso para nuestras carteras, la situación de partida actual nos hace ser optimistas de cara al futuro.

Paremos en primer lugar en el mercado de bonos. Como base tenemos que la liquidez ya nos remunera por encima del 1%, algo impensable hace unos meses. En un segundo escalón, tenemos la deuda de Gobierno más segura, la alemana. Empezábamos el año con tipos negativos y ahora invertir en bono alemán, ya sea a corto o a largo plazo, ofrece rentabilidades por encima del 2%. En el mundo del crédito, prestar a compañías de buena calidad en Europa ofrece rentabilidades superiores al 4%, mientras que la deuda de peor calidad crediticia, high yield, ofrece rentabilidades superiores al 8%. Esto quiere decir que ahora contamos con alternativas de inversión interesantes en el universo de renta fija sin tener que asumir riesgos desmesurados.

En renta variable también se han depurado buena parte de los excesos en valoración que veníamos observando en los últimos años. Es cierto que el precio de muchas compañías se podía justificar ante la falta de alternativas de inversión en un entorno de tipos de interés al 0%. Pero ya no.

Las valoraciones más disparatadas las vimos en los sectores relacionados directa o indirectamente con la tecnología, donde se sobreestimaron las expectativas de crecimiento al extrapolar a futuro el fuerte incremento de los ingresos que tuvo lugar durante la pandemia. Meta, compañía matriz de Facebook, ha sido protagonista esta semana por una noticia en este sentido. Mark Zuckerberg, fundador y presidente de la compañía, ha anunciado el despido de 11.000 personas, un 13% de la plantilla, debido al sobredimensionamiento de las inversiones en los últimos años, favorecido por el exceso de optimismo sobre el crecimiento esperado de la compañía.

Inmersos en la temporada de publicación de resultados, hace unos días les tocó el turno a las grandes tecnológicas. Aquí pudimos observar una rebaja drástica en sus previsiones de crecimiento de cara a los próximos trimestres, lo que ha vuelto a poner de manifiesto ese exceso de optimismo del que hablábamos, y el mercado ha ido corrigiendo esos excesos.

Tomemos como ejemplo las famosas Faanmg (Facebook, Apple, Amazon, Netflix, Microsoft y Google). Las caídas en el año se mueven entre el 20% de Apple y el 70% de Meta, con el resto registrando caídas de entre el 35% y el 60%. No dejan de sorprender estos movimientos en compañías de gran tamaño con un modelo de negocio robusto y bien asentado, pero el precio era demasiado alto. En conjunto, este grupo de compañías llegó a capitalizar casi 11 billones de dólares, mientras que en la actualidad capitalizan poco más de seis.

En el ejemplo concreto de Meta, que es la que más ha sufrido, la compañía llegó a tener una capitalización de mercado superior al billón de dólares, mientras que ahora su valor está por debajo de los 300.000 millones. También el peso de estas compañías en el S&P 500 ha caído significativamente. De llegar a pesar más del 23% en 2020, su peso actual en el índice se acerca ahora al 17%.

Y esta es la punta del iceberg, ya que otras compañías de crecimiento, pero de menor tamaño y con modelos de negocio menos asentados, cuyos precios multiplicaron varias veces durante el Covid, como por ejemplo Teladoc Health o Zoom Video Communications, han perdido cerca del 90% de su valor desde máximos.

Probablemente aún haya margen para ver caídas adicionales, pero es lógico pensar que buena parte del ajuste lo hemos dejado atrás, especialmente en los sectores más castigados.

En nuestro caso, aún somos prudentes a la hora de aumentar el riesgo en renta variable en nuestras carteras mixtas, pero claramente las valoraciones son más atractivas y la rentabilidad esperada a futuro ha mejorado sustancialmente. Decía John Templeton, reconocido gestor de fondos, que las buenas rentabilidades se construyen en momentos de pesimismo. Tal y como están las cosas, no debemos de estar tan lejos de ese punto.

Manuel Rodríguez es Selector de fondos de renta fija en Abante