¿Están realmente en riesgo las finanzas descentralizadas?

Aunque cada burbuja es diferente, hay cierta analogía entre la debacle de las criptodivisas y el estallido de las ‘puntocom’

En Growing pains (2018) Alessia Cara nos recordaba que a veces “pains keep us up at night”. Esta cita es perfecta para explicar lo que está pasando con las monedas digitales, cuyo valor en el primer semestre de 2022 cayó un 70%, unos dos billones de dólares. Tras el colapso de Dogecoin y del token Luna de Terrraform, incluso los precios de las principales cripto (bitcoin, ethereum, cardano, ripple, o binance) se recortaron más de un 50%. Algunos crypto lenders como Babel, Celsius Network o Vauld suspendieron los reembolsos a sus inversores. Otros, como Solend (basado en Solana), tuvieron que limitar su nivel de endeudamiento. Muchos, como Three Arrows Capital, enfrentaron margin calls o, lo que es lo mismo, una petición de nuevas garantías. Protocolos como Voyager Digital y BlockFi fueron rescatados con préstamos del fundador de la exchange FTX. Y se están produciendo despidos masivos en plataformas como Coinbase, Gemini y otras. Ante este baño de sangre, ante este contexto de incertidumbre prolongada, algunos afirman que estamos en el invierno de la industria cripto. Otros recuerdan que es la tercera vez que pasa (hubo episodios similares en noviembre de 2018 y en marzo de 2020) y la industria salió reforzada.

Aunque cada burbuja es diferente y cada momento tiene sus propias circunstancias, hay cierta analogía entre la debacle de las cryptocurrencies y el estallido de las puntocom en el año 2000. Ambas tecnomanías se basaron en la aplicación de una nueva tecnología, la existencia de una ideología subyacente y comportamientos de avaricia. Tras esta tercera crisis en la industria cripto, previsiblemente asistimos a una reformulación de los modelos de negocio. En cuanto a la ideología, el universo cripto se ha vendido, como ocurrió con internet en sus inicios, como la forma de escapar al control del establishment. Los evangelistas de la web3 o del Internet of Value (IOV) creen factible que los usuarios puedan capitalizar el efecto de red de estos desarrollos, como no había ocurrido antes. Y ello gracias a blockchain, una tecnología de tipo DLT, basada en la combinación de redes entre pares, algoritmos criptográficos, sistemas de almacenamiento distribuidos de datos y mecanismos de consenso descentralizados.

Los desarrollos en la web 1.0 y web 2.0 condujeron a una notable concentración de poder económico en las big-tech Gafam. En el universo web3, en el que también se está desarrollando el metaverso, está por ver si las finanzas descentralizadas (DeFi), un fenómeno que va más allá de las cripto, y cuya denominación resalta las diferencias en organización y operativa respecto de las finanzas centralizadas (CeFi) o tradicionales (TradFi), cumplirá su promesa. Una promesa de alcanzar un universo financiero sin intermediarios, más seguro, inclusivo, abierto y transparente, más eficiente, flexible y que facilita la innovación. Sin embargo, algunos destacan el riesgo de que, en la práctica, algunas compañías puedan convertirse en gatekeepers que controlen el acceso al universo DeFi. Después de todo, más allá del marketing, muchos protocolos DeFi son plataformas privadas controladas, de hecho, por una autoridad y que requieren permisos de acceso.

¿Es este crash un dolor de crecimiento y, como espera Cara, la cosa gotta be wrong before it’s right, o está el desarrollo DeFi a largo plazo en riesgo? ¿Podrá blockchain como máquina de confianza resistir este choque? Es importante reflexionar sobre el reto que las masivas iniciativas en finanzas descentralizadas, basadas en contratos inteligentes, representa para agentes, reguladores y supervisores de la industria financiera.

La exuberancia que representa el nacimiento de más de 10.000 criptomonedas está poniendo de manifiesto problemas de fragilidad y fragmentación y cuestiona la supuesta superioridad de la tecnología blockchain, con la que parece resultar difícil lograr al mismo tiempo seguridad, tamaño y descentralización. A diferencia de lo que ocurre con los activos tradicionales que, al exhibir economías de escala, cuanto más mejor (más usurarios implica menores costes transaccionales), en las cripto cuanto más peor (los incentivos monetarios para mantener el sistema descentralizado se elevan con la congestión).

Además, la solución propuesta de tender puentes entre los diferentes blockchains aumenta la vulnerabilidad del sistema. Para algunos, este es un problema fundamental de la cadena de bloques. Para otros, es solo un problema típico de inmadurez de una tecnología emergente. Por otra parte, ante las propuestas restrictivas de los reguladores (por ejemplo, del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea) estamos viendo dos tipos de estrategias. Algunos jugadores del sector de las finanzas descentralizadas, como Circle, se muestran complacientes con los requerimientos propuestos por los reguladores e intentan aproximarse al mundo de las finanzas centralizadas. Otros, por el contrario, como Tether muestran una actitud más desafiante y claramente antiestablishment.

Este shock puede haber sido una saludable eliminación de excesos. El futuro nos dirá. Después de todo, ha llevado tres décadas a las Gafam dominar el mercado bursátil mundial. Pero, no debemos olvidar la rule of tumb en internet: si hay más de 100 millones de personas trabajando en algo, merece la pena prestarle atención. Y este es el caso del fenómeno DeFi, que podría cambiar el sector de las finanzas y, de su mano, traer oportunidades muy interesantes. Sin embargo, y por encima de cualquier otra consideración, resulta un desafío estimulante para el sector que, de un modo u otro, confecciona el mundo que habitamos y ordena nuestro día a día.

Carlos Contreras es Miembro del Consejo Asesor Conjunto de IEAF/FEF