La FP dual en España: hacia una formación para el futuro

Con una tasa de inserción laboral del 70%, esta modalidad puede ser clave en un mercado donde las empresas no encuentran personal, pese a un 30% de paro juvenil

Diez años en España. Desde que se reguló por primera vez en 2012 hasta la reciente aprobación de la Ley de Formación Profesional 3/2022, la FP dual ha ido implementándose progresivamente en nuestro país. Así lo corroboran los datos del Observatorio de Formación Profesional de CaixaBank Dualiza: de los 20.357 estudiantes matriculados en dual durante el año 2016-2017 hemos pasado a 37.841 en el curso 2020-2021, casi el doble en tan solo cuatro años. Son cifras positivas, sobre todo porque la tasa de inserción laboral de los estudiantes de FP dual alcanza el 70%, en comparación con la FP tradicional, cuyo porcentaje es del 60%. La FP dual ofrece, además, una serie de ventajas que debemos poner en valor y que aún son desconocidas en nuestro país.

Podemos destacar principalmente tres: la primera es que existe una corresponsabilidad entre centro educativo y empresa, dado que crean conjuntamente el contenido, con lo que la formación está siempre actualizada y acorde con las necesidades laborales reales. La segunda es que el estudiante recibe formación tanto en el centro educativo como en la empresa. Aprende, por lo tanto, en un entorno real y dinámico. Y finalmente, la tercera ventaja es que ayuda a fortalecer la confianza y la autoestima del estudiante, porque forma parte de un equipo de trabajo y está inmerso en un entorno laboral real.

Si bien es cierto que la demanda de la FP dual ha ido en aumento en los últimos años, el porcentaje de alumnos que eligen esta modalidad de formación apenas representa hoy un 4% del total de alumnos de FP. Es un porcentaje muy bajo si lo comparamos con el de Alemania, donde los estudiantes de la modalidad dual representan el 60% y cuyos efectos en la inserción laboral son más que evidentes: el desempleo juvenil apenas llega al 6%.

Los datos sobre educación y empleo en España siguen siendo preocupantes. El desempleo juvenil (menores de 24 años) en nuestro país era del 30,1% a principios de 2022 y el último informe de la OCDE sobre educación en España no invita al optimismo: el 28% de jóvenes (de 25 a 34 años) no llega a titularse de Bachillerato o de Grado Medio de FP, cuando la media europea es del 12%. Preocupa también el creciente número de ninis, jóvenes que ni estudian ni trabajan, que asciende ya a más del 20% de los menores de 24 años en nuestro país.

Mientras observamos con preocupación estos datos, cada vez más empresas afirman no encontrar los perfiles técnicos que necesitan. Las informaciones más recientes del Instituto Nacional de Estadística así lo corroboran: hay cada vez más puestos de trabajo sin cubrir, unos 140.000 en el segundo trimestre del 2022 y muchos de ellos pertenecen a perfiles técnicos de FP.

Los datos son claros: se necesitan profesionales con competencias digitales, con conocimiento de nuevas técnicas de construcción sostenibles, expertos en tecnologías y gestión de datos, entre muchos otros. La inserción laboral en algunos perfiles como por ejemplo en instalación de paneles solares, la logística, la gestión del agua o la eficiencia energética son de prácticamente el 100%. Resulta paradójico, y ciertamente anómalo, que las empresas no encuentren trabajadores cuando el 30% de los jóvenes no tiene trabajo. Existe un desequilibrio preocupante entre todas estas cifras que ningún país avanzado debería aceptar. Representa una auténtica anomalía estructural y uno de los principales problemas de nuestra sociedad. ¿Cómo puede haber gente sin trabajo y trabajo sin gente? Estos datos nos deberían hacer reflexionar de manera urgente.

No podemos normalizar estas cifras de desempleo juvenil. Son inconcebibles en cualquier sociedad avanzada. Deben servir como toque de atención para hacernos ver que la educación debe pasar a ser una prioridad de país y una auténtica política de Estado. Necesitamos consenso político e institucional, una visión y una estratégica compartida para ofrecer a nuestros jóvenes, y a nuestra sociedad en general, oportunidades laborales de calidad. En esta tarea, la FP dual es el gran aliado.

Francisco Belil es Vicepresidente de la Fundación Bertelsmann y presidente de la Fundación Princesa de Girona