¿Transformar o reestructurar el sector del automóvil en España?

La transición al coche eléctrico afronta tres grandes retos: la escasez de tiempo, la falta de puntos de recarga y la pérdida de puestos de trabajo

El sector del automóvil se enfrenta a una transformación sin precedentes, que en caso de no realizarse bien nos llevará a una profundísima restructuración de la primera de nuestras industrias. Un sector tractor de empleo de calidad, vital para nuestras exportaciones y, también, un generador de bases imponibles muy interesantes a lo largo de toda su vida útil.

Las urgencias de la compleja coyuntura actual (inflación, escasez de componentes, dudas sobre la evolución del consumo, …) nos pueden distraer de lo complicado que puede ser para nuestro país seguir siendo el segundo productor de vehículos de Europa y noveno del mundo en el medio plazo.

La Unión Europea ha decidido liderar la electrificación de su parque automovilístico, adelantando cada vez más la fecha en la que se prohibirá vender coches con motor térmico. Ahora se fija en 2035 esa fecha límite. A partir de entonces, no podrán venderse ni siquiera vehículos híbridos. Es cierto que nuestras fábricas exportan el 90% de su producción, por lo que no solo hay que ver el ritmo de electrificación de nuestro país, muy lento, sino el de toda la Unión Europea. Pero, como el coche eléctrico requiere menos piezas y menos mano de obra que los coches con motor térmico, las primeras asignaciones de vehículos eléctricos y de sus componentes clave se están realizando fundamentalmente en Alemania y Francia, sede de los principales fabricantes, con el permiso de Stellantis para quien Italia también es relevante.

Pese a los muchos males que nos trajo el Covid, al menos ha servido para que los gobiernos traten de paliar el impacto económico de las limitaciones impuestas para contener la pandemia, inyectando dinero en la economía para su transformación. Los fondos Next Generation, a través de los Perte, son una auténtica bendición que puede ayudar a acometer la transformación.

A la realidad económica, importantísima, le hemos de sumar la realidad social. En España circulan cerca de 30 millones de vehículos, con una antigüedad media de 13,5 años. Nuestro PIB per cápita está muy alejado de nuestros socios del centro y norte de Europa, por lo que el esfuerzo de compra de un vehículo nuevo es mayor. Y no podemos olvidar que España es el país más extenso de la Unión Europea, que la gran mayoría de españoles vive en pisos y no en casas, que la gran mayoría de coches duermen en la calle y que muchos de nosotros usamos de manera intensa el coche durante los fines de semana y fiestas de guardar, como evidencian los atascos que padecemos. Spain is different, muy different, al resto de Europa en su relación con el coche. Tanto, que nuestra transición hacia el coche eléctrico será más larga que en otros países.

Necesitamos al menos tres cosas para evitar que la transformación mute en una reestructuración sin control:

1. Una clara visión país de nuestra relación con el automóvil. Hay muchos políticos, que representan a muchos ciudadanos, que ven en el automóvil un enemigo. Hablan de pacificar calles y sueñan con un mundo sin coches. Pero la realidad es tozuda, 30 millones de vehículos no pueden, ni deben, desaparecer de un día para otro. Además, las mismas administraciones que ponen tantas trabas al uso particular de los vehículos, son incapaces de electrificar su parque móvil y el de los servicios públicos por las dificultades prácticas, y económicas, que conlleva. Camiones de basura, autobuses, taxis, coches de policía, camiones de bomberos, vehículos de servicio, ambulancias… ¿Cuántos de estos vehículos son hoy 100% eléctricos? Necesitamos un plan director consensuado con todas las partes implicadas que priorice los usos y las infraestructuras y, también, un plan de comunicación que conecte con los ciudadanos. El coche es un sinónimo de libertad a la que nadie quiere, ni debe, renunciar.

2. Tiempo y dinero. Un parque de casi 30 millones de vehículos, comprando un millón al año, no se renueva en dos días. 2035 está demasiado cerca, hemos de repensar los plazos para llegar bien a la fecha de obligatoriedad. Puede aplicar la restricción eléctrica en algunas zonas como en el microcentro de las ciudades o en islas pequeñas como Formentera, pero es absolutamente inviable plantear ese horizonte en toda España. Y para correr hace falta dinero, mucho dinero. Tal vez en lugar de gravar a las eléctricas por sus beneficios se les pueda obligar a poner estaciones de carga por todo el país. Necesitamos más de 330.000 puntos de carga en 2030, con un parque objetivo de 3 millones, y hoy hay unos 14.000. Usar un coche solo eléctrico en la actualidad para todo, viviendo en una ciudad, sin disponer de plaza de parking y disfrutando de la movilidad de un ciudadano medio en fin de semana, es muy complicado, demasiado si además cuesta mucho más que un vehículo térmico.

3. Prepararse para lo peor, esperar lo mejor y gestionar lo que venga. Por mucho que nos empeñemos si el futuro del automóvil solo es eléctrico, se van a perder muchísimos puestos de trabajo en España. No podemos mirar hacia otro lado ante la más que probable restructuración del sector. O eso, o buscamos una nueva excepción ibérica, algo nada descabellado porque en 2035 se seguirán vendiendo coches de combustión interna en todo el planeta salvo en algunos países de la Unión Europea. España no tiene que correr necesariamente tanto como Holanda o Alemania y podemos buscar un calendario alternativo. Tal vez el desarrollo de la movilidad basada en hidrógeno pueda ayudarnos. Pero tenemos que prepararnos para más cierres de plantas, lo más probable es que las haya y no puede pillarnos sin los deberes hechos. El cierre de Nissan en Barcelona tiene que habernos enseñado algo.

José Antonio Bueno es Global Partner & Country leader de Metyis