La banca anticipa un otoño caliente ante el aumento de la mora y la caída del ahorro

El sector teme una volatilización del ahorro generado en la pandemia

Morosidad pulsa en la foto

La banca vela armas ante un esperado repunte de la morosidad este otoño. Tras una primera mitad de 2022 en la que el sector ha contenido y rebajado la tasa de impagos, las entidades ya admiten un impacto en los próximos meses. Los bancos venían esquivando un primer golpe por la pandemia del Covid-19 que se ha pospuesto por las moratorias aplicadas a los créditos avalados por el ICO, pero asumían que tarde o temprano la mora tenía que aflorar. En ese sentido, el deterioro de la economía, debido a la desbocada inflación y la acelerada subida de tipos para intentar contenerla, ha provocado que el sector se prepare para un otoño caliente.

“En el contexto de una ralentización del crecimiento económico y el efecto combinado de inflación y tipos de intereses más elevados, es probable que exista un cierto incremento de la morosidad que ya se esperaba. Pero estamos convencidos de que los bancos españoles están preparados para afrontar ese potencial deterioro”, explica Francisco Uría, socio responsable global de Banca de KPMG.

Otras fuentes financieras consultadas van un paso más allá. Explican que además del repunte de la mora (que se considera será manejable) lo que tiene en vilo al sector es el ritmo al que se consumirá el ahorro generado durante la pandemia del Covid-19. Y es que, durante los meses de confinamiento y restricción a la movilidad, los depósitos de empresas y hogares se han disparado por encima de los 1,3 billones (200.000 millones más que antes de la crisis sanitaria) según los últimos datos del Banco de España.

En el escenario actual de altos precios que obliga a gastar más dinero, el sector está preocupado por la velocidad a la que ese capital se volatilizará y comenzarán los impagos. “Aún no se nota una reducción de los depósitos, pero se trabaja con el escenario de que a corto plazo se notará”, explican las mismas fuentes.

Actualmente, la ratio de morosidad se encuentra en mínimos de la última década. En 2022 ha ido cayendo mes a mes, desde el 4,32% con el que arrancó el año hasta el 3,85% registrado en julio. Aunque las entidades no se atreven a cuantificar una cifra, los analistas de la consultora Alvarez&Marsal estiman que en un contexto de recesión la mora podría escalar hasta el 6% en un horizonte temporal a tres años vista.

De todas formas, los expertos consideran que los bancos españoles están pertrechados para afrontar el alza de la morosidad. Los niveles de solvencia son los más altos de los últimos años y, además, cuentan con reservas por las milmillonarias provisiones dotadas durante la pandemia del Covid que todavía no se han liberado por precaución.

Las pymes, en vigilancia

La cartera crediticia de los bancos se compone de cuatro pilares: créditos hipotecarios, préstamos a empresas, crédito al consumo y préstamos a las administraciones públicas. De todos ellos, los que tienen en alerta al sector son los préstamos a las empresas, especialmente, a las pymes.

Una parte del tejido empresarial ya arrastraba problemas financieros. Algunas empresas sobrevivieron, primero, gracias a las líneas de créditos avalados por el ICO y después vieron aliviadas sus obligaciones de pago por las moratorias. Vencidas estas medidas de apoyo y en medio de un escenario de altos costes, se espera que incurran en impagos. “Dependiendo del deterioro económico se puede esperar un repunte relativamente importante”, señalan las fuentes consultadas.

Por el lado contrario, los expertos consideran que la cartera hipotecaria no corre riesgo de mora o que será baja. Y es que, la mayoría de las hipotecas formalizadas en los últimos cinco años (que son las de mayor riesgo porque el peso de los intereses es más elevado) son a tipo fijo, por lo que los clientes no afrontarán un aumento en el pago de la cuota mensual.

De las hipotecas variables, aproximadamente dos tercios cuentan con una base de amortización elevada, por lo que cabe esperar que los clientes cumplan con sus obligaciones. Además, volverán a situarse a un nivel de pago similar a cuando se formalizó el préstamo y, en el sector se entiende, los clientes tienen asumido el riesgo. De esta forma, las fuentes consultadas calculan que entre un 10% y un 15% de las hipotecas a tipo variable sí podría verse en dificultades de afrontar el pago de la cuota derivado del aumento de tipos.

En esa línea, el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, apuntó ayer durante su participación en un encuentro financiero que una parte de la población, pequeña, pero no desdeñable, no podrá hacer frente a estas subidas dado su bajo nivel de rentas.

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