Wall Street manda a los reguladores el emoji de la caca sonriente

El mal uso de WhatsApp es inquietante: los empleados de los grandes bancos incumplen normas de forma rutinaria

David Solomon, presidente y CEO de Goldman Sachs.
David Solomon, presidente y CEO de Goldman Sachs. reuters

Cuál es la mejor respuesta a una norma incómoda y poco práctica? Para los brókeres de Wall Street, una opción es simplemente incumplirla. Once de los principales nombres de las finanzas acaban de pagar 1.800 millones de dólares a la SEC, Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos, y a la Comisión de Trading de Futuros de Materias Primas por el uso no autorizado de plataformas como WhatsApp por parte de sus empleados. Consigue ser tan trivial como inquietante.

Brókeres de Bolsa como Goldman Sachs y Morgan Stanley tienen la obligación de preservar las comunicaciones que tocan asuntos de negocios, para que los registros estén disponibles para los reguladores en caso de futuras investigaciones. Esto se hace más difícil cuando los empleados tienen la costumbre de utilizar servicios de mensajería encriptados o difíciles de archivar en sus teléfonos inteligentes, lo cual hacen en parte porque están en una industria que premia la velocidad. Si añadimos la complejidad de trabajar desde casa durante una pandemia en la que las comunicaciones electrónicas eran primordiales, quizá no sea de extrañar que la norma se volviera demasiado difícil de seguir con rigidez.

Pero una norma sigue siendo una norma. Las 11 empresas, entre las que también se encuentran Barclays, Credit Suisse y UBS, tenían una política que prohibía el uso de canales no aprobados para la comunicación empresarial. En muchas de las compañías, incluso los directivos cuyo trabajo era hacer cumplir esas normas las incumplían abundantemente. Y no es que el problema pasara desapercibido. La Autoridad Reguladora de la Industria Financiera de EE UU ya advirtió en 2019 de que las empresas tenían problemas para controlar las comunicaciones digitales de su personal.

Todas las firmas han admitido su culpabilidad, lo que supone una victoria para los organismos de control. Aun así, la vergüenza está muy repartida. La multa de 225 millones de dólares de Bank of America representa menos del 4% de sus ganancias del último trimestre. JP Morgan ya recibió la bofetada de la mensajería no permitida en diciembre, y ahora está desplegando un software de mejora de la seguridad en los teléfonos de trabajo. La SEC ha dado a los bancos una cierta flexibilidad normativa por “participar” en su investigación, aunque podría endurecer sus castigos si no se ciñen a las condiciones que ha impuesto.

Al menos, los reguladores no han dicho que hayan descubierto nada ilegal, aunque las aplicaciones en las que desa­parecen los mensajes y el cifrado facilitan la ocultación de pruebas. Pero sigue siendo preocupante encontrar ejemplos frecuentes y generalizados de empleados bancarios, muchos de ellos con funciones en la “dirección global de la empresa”, que hacen de forma rutinaria algo que sus empresas prohíben. No se trata de la infracción en sí misma, sino del mensaje de encogimiento de hombros que transmite.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías